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PARAÍSO LEJANO

Rangiroa: Polinesia Submarina de Altura y segundo atolón más grande

Rangiroa se encuentra en el archipiélago Tuamotu en la Polinesia Francesa. Son 78 islas y atolones que ocupan una extensión similar a la de Europa occidental, con unas playas fuera de este mundo.

Hechosdehoy / José Antonio Ruiz
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Muchas gracias a todos por los mensajes que suscitó el post de la semana pasada. Como podéis ver, cada día que pasamos en este planeta es un regalo. ¡Aprovechadlo! Para bajar la tensión, hoy nos vamos a la Polinesia Francesa a relajarnos un poquitín. ¿Os parece?

Pues venga, abandonamos Panamá y mis coqueteos involuntarios con la muerte y nos vamos al Pacífico. Ése que tanto me encanta y que evoca sueños paradisíacos.

¡Adelante! Nos vamos a ir a Rangiroa. El segundo atolón más grande del mundo. Os he hablado de unos cuantos ya pero si queréis saber lo que es, no os perdáis este post que escribí sobre Fakarava en el que describo el origen de los mismos. Como el anterior, Rangiroa se encuentra en el archipiélago Tuamotu en la Polinesia Francesa. Son 78 islas y atolones que ocupan una extensión similar a la de Europa occidental.

Sin duda, un archipiélago de una belleza sublime. Tanto terrestre como submarina. Se te saltan las lágrimas cuando observas los atolones desde el aire y se te vuelven a salir cuando te sumerges en sus aguas. Ya sé, queridas amigas lectoras (perdonadme vosotros pero es que son ellas quienes más lo piden), que queréis que algún día escriba sobre Bora-Bora y lo haré (para despertar los sentimientos más románticos). Prometido está.

Rangiroa es más salvaje, más remoto y principalmente es un atolón visitado por buceadores. ¿Por qué? Por un lado porque no tiene muchas playas idílicas tan cerca de los hospedajes. Por otro, porque el fondo marino te espera con emociones muy fuertes (tanto como las corrientes…). Para ser sincero, no recomendaría este lugar a buceadores con poca experiencia porque puede intimidar mucho y requiere pericia. Lo digo en serio.

Hablamos de aguas profundas, fuertes corrientes y emociones no aptas para cardíacos. Os cuento un poco sobre el buceo allí para que veáis de lo que hablo. Básicamente, la mayoría de las inmersiones tienen lugar en el Paso Avatoru y, sobre todo, en el Paso Tiputa (vaya nombrecito). Y es en este último en el que llega el desmadre y la brutal vorágine de sensaciones.

Todas las inmersiones están muy influenciadas por las corrientes ¡¡Ojo!! Que como sea saliente y os despistéis, lo mismo termináis en otro atolón lejano y me toca a mí iros a buscar (bueno, yo encantado de darme una vueltica por esos lares).

Aquí os dejo un par de esas inmersiones para que os hagáis una idea: 1. Lugar: Paso Tiputa. Corriente: Entrante del océano a la laguna. Imaginaos… Vas con la zodiac saliendo del atolón a mar abierto. Tras un ratejo, allí, entre un oleaje intenso y viendo a lo lejos Rangiroa, seis buceadores nos tiramos al agua y empezamos a bajar, a bajar y a seguir bajando. De repente, ante nosotros, aparece lo que allí llaman la “pared de tiburones”. Hay tantos (y gordotes) que no puedes ver el azul oceánico detrás. Sólo ves aletas, bocas dentadas y movimientos bruscos. Impresionante. Después, ayudados por la fortísima corriente, entramos en el atolón sin mover las aletas, sin hacer nada, seguidos de majestuosas rayas águila… volando a toda velocidad hasta que entramos en la laguna y nos encontramos en un jardín de coral lleno de luz y peces de colorines (nemo incluido). Poco más se puede pedir bajo el agua.

2. En el mismo lugar, en una ocasión estaba yo todo tranquilo a dos aguas a unos 40 metros de profundidad cuando, de repente, mi compañero de buceo empieza a gesticular como si le estuviera dando un pasmo. No dejaba de moverse y de señalarme. Yo pensaba: “¿A este hombre que le pasa? A ver si le va a dar un jamacuco. Voy a ayudarle a ver que…”. En ese momento me di cuenta de que no me señalaba a mí sino detrás de mí. En ese momento algo me tocó la espalda. Me di la vuelta esperando lo peor, no sé, una macro-boca de afilados y sangrientos dientes ¡Qué iba a saber yo! Pero no… al contrario, me vi envuelto en uno de los encuentros más fascinantes que he tenido en el mar. ¡¡¡ERA UN DELFÍN!!! De mi tamaño (aunque no sé quién estaba más rechoncho), estático, a mi lado, mirándome curioso, juguetón al tiempo, salvaje… Los habíamos oído hacía rato pero no los habíamos visto y mucho menos uno pegado a mi chepa. Un recuerdo imborrable.

Pero no todo fue buceo. También me recorrí el islote principal del atolón (donde había carretera con mar por ambos lados) en un buggy. Que delicia. De un lado para otro, visitando los mini-pueblitos, playas, eligiendo cada día un lugar para ver la puesta de sol… En el atolón también hay lugares fuera del agua que suponen unas excursiones fantásticas.

Destacaría la Laguna Azul (Lagon Bleu) al oeste con unas playas fuera de este mundo. Un lugar que te deja sin palabras. Bonito es poco… También Arenas Rosas (Sables Roses) y la Isla de los Arrecifes (îles aux Recifes)… A todos ellos se llega en embarcación pero merecen la pena porque pocas veces en la vida se pueden observar entornos tan paradisíacos.

Allí disfruté de cada minuto de mi existencia, quitándome “pielajos” de mi cara quemada, conociendo gente, comiendo el mejor pescado fresco en pequeños establecimientos familiares, hablando de la vida, del mar… y al final, poniendo mi mente en el siguiente destino y oportunidad en el que sólo quitarme el pareo para ponerme el neopreno.

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