El final de Clayton Lockett, de 38 años, condenado a pena de muerte por haber matado a una mujer de 19 años, se convirtió en un caso dramático y morboso en Oklahoma. No murió por una inyección letal. Turo una larga agonía de 43 minutos hasta su muerte por un infarto.
La ejecución se realizó con un nuevo protocolo de inyección letal, que nunca se había probado. Este nuevo procedimiento incluye tres productos, un sedante, un anestésico y una dosis letal de cloruro de potasio. "Después de rechazar durante varias semanas dar detalles básicos sobre los medicamentos usados en los procedimientos de inyección letal, Clayton Lockett fue torturado hasta la muerte", denunció la abogada Madeline Cohen.
Por su parte, la gobernadora de Oklahoma, Mary Fallin, ordenó una investigación de los hechos y suspendió las ejecuciones durante las próximas dos semanas, además de exigir la investigación sobre todo la dosis de las drogas inyectadas.
La pena de muerte
En los últimos meses (asunto abordado por Hechos de Hoy), se han dado varios episodios de complicaciones en la aplicación de la pena de muerte en Estados Unidos. La mayoría de los 32 estados donde está en vigor la pena capital en la nación están teniendo problemas para conseguir los componentes con los que se fabricaban las inyecciones letales convencionales.
Algunos estados están probando inyecciones letales con fórmulas alternativas y otros incluso han planteado el uso obligatorio de la silla eléctrica si no hay medicamentos disponibles. Oklahoma cambió la ley que regula la aplicación de la pena de muerte a finales de marzo y permitió el uso de cinco diferentes combinaciones de medicamentos en la inyección letal, tras los problemas que se produjeron en sus primeras ejecuciones del año.
A principios de abril el estado informó a los abogados de los presos de que emplearía una inyección letal con el anestésico midazolam, el paralizante bromuro de pancuronio y cloruro de potasio, que detiene el ritmo cardíaco.




