El Torneo de Roland Garros tiene en su edición de 2014 la final inesperada pero la mejor posible. Rafael Nadal, pese a su irregular campaña en tierra batida, encontró en París su tenis titánico para imponerse con autoridad a Andy Murray. El domingo viene la lucha del número uno contra el número dos. En juego esta vez todo: orgullo, récords y liderazgo.
Rafael Nadal llega a una de las citas trascendentes de su carrera deportiva. Busca igualar los 14 títulos de Pete Sampras. Si lo triunfa, empata con él como el segundo tenista con más trofeos grandes -y se acerca a la marca de Roger Federer con 17-. En París, en sólo dos semanas, Nadal volvió a resurgir con esa fortaleza mental que cuando no tiene ni una fisura le convierte en indestructible.
Quien dijo que con su poder físico sus tobillos no le permitirían un largo reinado se equivocó. No conocía la pasta especial del campeón español. Sus derrotas antes de París tuvieron su factura menos amarga. Le permitieron arrollar a Andy Murray que es tenista fino y de golpes temibles. Pero no pudo frenar el vendaval perfecto de Nadal sabiendo que le esperaba la gloria. Sin duda jugó su mejor tenis del año en Roland Garros.
El campeón español no pudo contener su alegría porque consigue lucha por novena vez en la final. En las apuesta Djokovic avanzó. se ha convertido en el favorito del público y exigirá a Nadal lo mejor, la excelencia que atesora en su raqueta y su capacidad de lucha. Sus heridas de batalla -sobre todo la espalda- son su debilidad ante la batalla inminente pero ante los retos se crece. Cita con el mejor tenis que se puede ver en una final llamada a ser épica. Novak Djokovic se metió con menos problemas de los previstos en la gran cita tras ganar a Ernest Gulbis en cuatro sets por 6-3, 6-3, 3-6, 6-3 después de más de dos horas y media de partido. Si se impone será una justa coronación por su lucha en esta temporada que, como destacó Hechos de Hoy, ha sido de continuas sorpresas con un tenis formidable en tierra batida.
.







