Medidas a contrarreloj en Buenos Aires al agravarse la crisis de Argentina. En la última semana de agosto, Argentina subió los tipos de interés al 60% tras desplomarse el peso.
No se trataba de llevar corbata o quitársela. Ni tampoco de un estilo informal de gestión en la Casa Rosada y en la Quinta de Olivos. Sino de haber efectuado reformas drásticas desde la primera hora del mandato de Mauricio Macri. El presidente estuvo más pendiente de mirar por el retrovisor, de hablar del pasado y el fardo de herencia recibida, y no de acometer un plan enérgico.
La crisis estalló con un ambiente de pesimismo político en todas las encuestas. Ya no se trata de la brecha entre Mauricio Macri y Cristina Kirchner, la teoría de la conspiración, y la controversia con Francisco. El gobierno no gobierna y la oposición está fracturada.
En ese marco, en el que hay un clima de angustia, el presidente se reunió con su círculo íntimo de Marcos Peña, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. Una de las soluciones a este clima de estrés político apuntó al regreso del exministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, como nuevo ministro de Exteriores, nuevo canciller por su agenda de contactos internacionales. Hay cambios generales en el gobierno y recortes drásticos.
El clima de desconcierto es tan fuerte que el actual ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Jorge Faurie, tuvo que cancelar sus vacaciones y regresar urgentemente a Buenos Aires. Se convertirá en asesor hasta la cumbre del G20 (el Grupo de los Veinte) en Argentina que se celebrará el 30 de noviembre y 1 de diciembre. Es el asunto que preocupa al presidente.
Prat-Gay fue presidente del Banco Central entre 2002 y 2004, y posteriormente diputado por la Ciudad de Buenos Aires por el Acuerdo Cívico y Social. En diciembre de 2015, Mauricio Macri lo nombró ministro de Hacienda y Finanzas Públicas. Pero por sus diferencias con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, fue desplazado por Nicolás Dujovne.
Es indudable que el derrumbe de la economía está sacudiendo con fuerza a la escena política a un año de las elecciones generales. Tanto el Fondo Monetario Internacional como los inversores privados exigen a Mauricio Macri un plan económico que elimine el déficit fiscal. Para lograrlo son necesario a la vez duros recortes en el gasto público y un acuerdo con la oposición peronista.
Atención a este deriva. El peso argentino se ha devaluado más de un 50% frente al dólar. El Banco Central subió los tipos de interés e intervino en el mercado cambiario para sostener la moneda. Pero las alarmas permanecen encendidas. Se trata de un círculo vicioso y peligroso. Hay un problema de falta de confianza más que de solidez económica.
En este escenario, Mauricio Macri necesita a los jefes peronistas tanto para apoyar el ajuste como para mantener un clima de paz social. Son los gobernadores de las provincias quienes tienen la llave del Senado. Se abre un tiempo político donde existirá a la vez el futuro y el presente, las ambiciones para ocupar la Casa Rosada y el evitar el desastre. Atención a que se juega con fuego y sobre un fino alambre donde cualquier error puede provocar un terremoto político y el estallido de la ira.




