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LA CAMPAÑA DEL TORRENTE

Mariano Rajoy en el alambre de la crisis geopolítica de Rodrigo Rato

Salamanca marcó el ritmo de la campaña que comenzó a pecho descubierto. La semana arranca con el desayuno en el Hotel Villamagna y el escenario del G-4.

Hechosdehoy / María Céspedes
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Lunes que arranca con los focos sobre Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal y los interrogantes en torno al Partido Popular en el comienzo de la última semana de abril (ver en Hechos de Hoy, 12 claves en el caso de Rodrigo Rato con exigencia de ejemplaridad y transparencia).

En el ambiente de este final de campaña tiene interés el evento del desayuno informativo de este lunes en el Hotel Villamagna, organizado por la Agencia Europa Press, para ver quién asiste y el nivel de las ausencias, y comprobar el momento emocional del presidente del Gobierno y líder del PP.

Si tuviéramos que definir el momento político de España, a nivel interno, sin duda la palabra que mejor refleja la situación es la perplejidad. Nadie en el Partido Popular sabe por qué se detuvo a Rodrigo Rato, se le interrogó, y se investigaron sus dos despachos. Pasando este asunto rápidamente a un limbo jurídico lo que es aún más sorprendente. 

En el exterior, el retrato es el del salto de España a la variable de un G-4, que no es otra que la suma de Partido Popular (derecha), Partido Socialista (socialdemocracia), Podemos (extrema izquierda) y Ciudadanos (centro izquierda). A partir de ahí comienzan las incógnitas por el enredo de si la pista para avanzar es el de las reformas del Gobierno y el PP, el enigma de PSOE como alternativa o fuerza residual tocado por el efecto Pasok, y el poder real de Ciudadanos y Podemos de fuerzas emergentes.

De todas las vicisitudes vividas por Mariano Rajoy desde su llegada a La Moncloa, la más grave sin duda es todo lo que ha rodeado a la detención de Rodrigo Rato. A la que habría que añadir la actividad extraparlamentaria de Federico Trillo y Vicente Martínez Pujalte.

Si hay una derrota del PP el 24 de mayo se la achacarán al presidente y le pedirán explicaciones. Y lo harán también con María Dolores de Cospedal si fracasa en las elecciones en Castilla-La Mancha. En el caso de este vuelco político, la presión del cambio en el partido sería arrolladora sobre las figuras de los dos.

Los análisis no son sencillos pero apuntan en la misma dirección. Para una tarea tan descomunal como la abordada por este Gobierno, así como el partido, el liderazgo político no ha figurado nunca en primer plano. Es dudoso que el presidente pueda imprimir un giro ante la opinión pública en apenas cuatro semanas.

La forma en que se produjo todo el caso Rato ha sido demodelor. No sólo voló la precampaña sino seguramente la misma campaña. El director de la Agencia Tributaria, Santiago Menéndez, con su lenguaje soez y falta de mensaje político en el Congreso de los Diputados, empeoró las explicaciones.

Aunque sea a contrarreloj, antes del 24 de mayo, Mariano Rajoy debería abordar una profunda reflexión:

1. La estructura del Partido Popular no es la óptima. Más claro, no funciona.

2. En el Gobierno han primado los técnicos y no los políticos en años que se demandaban mensajes ideológicos y éticos.

3. La mayoría absoluta se debió de utilizar para escuchar y dialogar. 

4. La cultura del consenso ha sido fundamental en la Transición. Este Gobierno debió de asumir desde primera hora la tarea de los pactos, que no es sencilla y mucho menos en España por los egoísmos y falta de generosidad, carencias que derivan de una cultura sólida a todos los niveles.

5. Mariano Rajoy no comprendió la importancia que tenía desde su llegada al Palacio de La Moncloa la gestión de los recursos humanos. José Manuel García-Margallo (con 71 años) y Soraya Sáenz de Santamaría (43), en el extremo de la pirámide de edades. Han ido separándose en lugar de una convergencia.

6. El presidente, que no es un economista, se equivocó al no crear la figura de un vicepresidente económico. Lo debió de ser desde el principio Luis de Guindos.

7. El mensaje de lo logrado en el plano económico no es ahora convincente porque no hay nadie con todo el poder y la autoridad, debajo de Mariano Rajoy, para explicarlo.

8. Ha sido un error por parte de Soraya Sáenz de Santamaría abordar todo y explicar todo.

9. No convertir La Moncloa en casa de diálogo y encuentro, de manera habiual, se convirtió en importante déficit político.

10. Fue una equivocación no explicar de forma inmediata, y con  rigor,  el varapalo sufrido en Andalucía. Debería sacar Mariano Rajoy todas las lecciones para el momento del balance de los comicios del 24 de mayo. 

Lo insólito de todo lo que rodea a Rodrigo Rato es que nadie sabe en La Moncloa ni tampoco en el Partido Popular que es lo que sucedió realmente y quién tiene la culpa de este episodio. Sólo se puede afirmar que se trató de una crisis política que colocó a Mariano Rajoy en el alambre.

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