Pasadas las dos de la madrugada (hora española), Neil Patrick Harris aparecía en un escenario en color rojo y oro, acompañado de grandes figuras del Oscar. Por delante de una pantalla sobreimpresionada con imágenes homenaje al cine fantástico y de acción, el actor demostró su gran talento como showman colando en algunos momentos del espectáculo algunos pases de Star Wars o Regreso al futuro e incluso Fargo.
Al presentador le acompañaban en el escenario la actriz y cantante Anna Kendrick (en un vestido de cenicienta sin zapato izquierdo) y Jack White, que estaba sentado entre el público y se lanzaba al escenario a cantar y hacerse un selfie emulando a Ellen DeGeneres el año pasado.
Entre los pocos momentos divertidos de la gala, el guiño de Benedict Cumberbach bebiendo de una petaca desde el patio de butacas o el desnudo de Harris, a lo Keaton, emulando un momento estelar de la película Birdman en el que al actor se le queda atrapada la bata en la puerta de emergencia y tiene que deambular por Broadway desnudo y firmando autógrafos.
Pero, no hay que olvidar, que la noche era para el cine. En este sentido, la gran triunfadora de la 87 edición de los Premios Oscar fue Birdman. La película del mexicano Alejandro G. Iñárritu sobre una actor de Hollywood venido a menos se alzó con cuatro estatuillas en una gala más reivindicativa y emotiva que divertida y entretenida.
“Al ego le encanta la competencia, para que uno gane otros deben perder. Pero el arte auténtico no se puede comparar, etiquetar ni derrotar”, recalcó el director al recoger el premio a Mejor dirección, sustituyendo a Alfonso Cuarón, ganador el año pasado por Gravity. Además de película y dirección, Iñárritu obtuvo un tercer Oscar a mejor guion original. Y completaron el póker con un merecido Oscar de fotografía a Emmanuel Lubezki.
En este sentido, Birdman se impuso en el duelo a Boyhood, otra de las grandes favoritas que únicamente obtuvo un Oscar de seis nominaciones. La edición de 2015 está marcada por el triunfo del cine independiente. De esta manera, Whiplash, de Damien Chazelle, fue la revelación de la gala con tres galardones.
La felicidad también llegó para Wes Anderson y su equipo. El Gran Hotel Budapest, la fantasiosa recreación de la Europa de entreguerras fue recompensada con cuatro estatuillas entre las que se encontraban: mejor banda sonora original, mejor vestuario, mejor maquillaje y peluquería, y mejor diseño de producción.
Asimismo, respecto a los premios de interpretación se cumplieron todos los pronósticos. Julianne Moore pudo decir eso de “a la quinta va la vencida”, haciéndose con el Oscar como mejor actriz por interpretar a una enferma de Alzheimer en Siempre Alice. Y el Oscar a mejor actor, para el joven Eddie Redmayne por dar vida a Stephen Hawking en La teoría del todo.
Patricia Arquette, Oscar a mejor actriz de reparto, por su papel de madre luchadora en Boyhood. La actriz sacó las gafas para leer un discurso a favor de la igualdad entre hombres y mujeres que fue aplaudido por todos los presentes, especialmente por su rival en la categoría: Meryl Streep.
El Oscar al mejor actor de reparto fue para el veterano J.K. Simmons por su papel de profesor de música sargento en Whiplash. El actor, de 60 años agradeció el galardón a su mujer y a sus padres. “Si tenéis padres, llamadles, no les mandéis un mensaje”, recalcó. Esta misma cinta también se llevó el galardón a mejor montaje y mejor montaje de sonido.
La polaca Ida cumplió los pronósticos para ganar el Oscar a mejor película de habla no inglesa, dejando fuera los Relatos Salvajes coproducidos por los hermanos Almodóvar. De esta manera, Pawel Pawlikowski se convirtió así en el primer director en ganar un Oscar para Polonia, una de las cinematografías europeas importantes que aún no tenía estatuilla tras 10 nominaciones.
Big Hero 6 se impuso como mejor largometraje de animación.Y CitizenFour, el largometraje de producido por Steven Soderbergh sobre Edward Snowden, obtuvo el Oscar a mejor documental.







