Dos nuevos autores, los israelíes Sharon Maymon y Tal Granit, fueron capaces de dulcificar con humor e ironía, varios temas polémicos como la eutanasia, el Alzheimer y la homosexualidad entre ancianos. Así lo presentaron en Mita tova (La fiesta de despedida), proyectada en la 59 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).
Los padres de esta obra, ya conocían la polémica que podía causar al abordar un tema similar al que presentó Michael Haneke en Amour. Pese a que comenzaran hace ya cinco años con el guión, los jóvenes directores israelíes decidieron combinar drama y humor en esta cinta y por ello, comenzaron a buscar la mayor parte del tono de la cinta en la propia escritura del guión.
"Generalmente nos fijamos en un tema de carácter social e introducimos el sentido del humor", explicaron al mismo tiempo que precisaron que en el caso de Mita Tova “la comicidad era elemento imprescindible dado que el actor principal es un afamado cómico a quien rodearon de otros intérpretes muy divertidos a quienes colocaron en una clave dramática”.
Mita Tova, es en su opinión "una historia muy dura en la que se mantiene el sentido del humor y funciona muy bien. No sólo la muerte es dura, la vida también y algunas veces la mejor forma de abordarla es a través del humor" y que tuvo su origen en la vivencia de Maymon con la abuela de su expareja, enferma de cáncer y a la que los médicos reanimaron en pleno proceso de agonía”.
"Pensamos que era una historia de amor, de superación, de amistad", defendieron en relación a la trama que protagoniza Yehezkel, un hombre de 75 años que vive con su esposa en una residencia de ancianos de Jerusalén y que, acompañado de un amigo veterinario y su pareja, un expolicía casado que oculta su homosexualidad, deciden ayudar a su amigo Max, en fase terminal y en un estado de sufrimiento.
Es Yana, su mujer, quién les pide ayuda y tras muchas vueltas sobre cómo llevar a cabo la eutanasia para no ser descubiertos y tener que responder a ello ante la ley, Yehezkel decide inventar una máquina que, a través de un botón, permita al enfermo autosuministrarse un anestésico, en primer lugar, y un veneno a continuación.
Son ya dos las eutanasias que el grupo practica pero, tras la de Max, ya al margen de Yehezkel, quien tiene que dedicarse en cuerpo y alma a atender a su esposa, que padece una demencia y cuya visión sobre la eutanasia dará un vuelco con el agravamiento de su enfermedad: primero era él quien consideraba imprescindible brindar una muerte digna a quien así lo quería y ella lo rechazaba y finalmente es ella quien lo desea para sí misma, voluntad que Yehezkel se niega a aceptar.







