El creador de Drácula podría haber tenido la explicación de por qué la sangre joven rejuvenece. Y es que esta es la conclusión a la que llegaron tres nuevos artículos que aparecen en dos de las revistas más exitosas: Science y Nature Medicine. Y es que en la sangre de los ratones jóvenes es capaz de rejuvenecer el músculo y el cerebro de ratones de 22 meses.
Sobre todo a aquellos que están en la última etapa de su vida si se tiene en cuenta que no suelen vivir más allá de dos años de media. Y viceversa, la sangre procedente de ratones viejos perjudica a los más jóvenes. Hay que tener en cuenta que esta realidad no es nueva y ya se conocía en algunos experimentos realizados anteriormente.
Este procedimiento quirúrgico se denomina parabiosis y fue descrito hace hace más de siglo y medio para evaluar la influencia de los factores circulantes en la sangre sobre diversas patologías. Sin embargo, no ha sido hasta ahora cuenta los expertos dieron un paso más allá para explicar las implicaciones terapéuticas importantes.
El artículo que aparece en Nature Medicine asegura que existe algún tipo de proteína en la sangre que es capaz de poner en marcha un sinfín de procesos celulares que podrían guardar entre sí el secreto de la juventud. Y es que encontraron “algo en la sangre de los ratones jóvenes capaz de restaurar las capacidades mentales en los ratones viejos”.
Si ese “algo” funcionase también en humanos, destacan, supondría una forma nueva de tratar patologías como el Alzheimer. En los ratones ese “factor” aportado por la sangre joven produce cambios anatómicos y funcionales en el cerebro de los roedores más ancianos, así como mejorar su capacidad de orientación y aprendizaje a niveles comparables a los jóvenes.
Dichos cambios funcionales en estos ratones se apoyan en cambios estructurales, en especial el hipocampo, implicado en la memoria y el aprendizaje, que tras el aporte de sangre joven se asemeja más al de los roedores de menos años. Asimismo, existe un mayor de espinas dendríticas, es decir, las estructuras que facilitan el contacto entre neuronas y el aprendizaje.
Por su parte, los dos artículos de Science aseguran que conocen algo más de ese factor misterioso de rejuvenecimiento aunque no revelan nada de momento. En concreto el trabajo de Science, llevado a cabo en Harvard, le ponen nombre: factor 11 de diferenciación del crecimiento celular (GDF-11).
“Por sí solo aumenta el nacimiento de nuevas neuronas en el hipocampo -mejorando el aprendizaje- y también en el bulbo olfatorio, lo que permite a los ratones añosos recuperar el olfato parcialmente perdido”, comenta uno de los expertos mientras añade que también “mejora el sistema vascular del cerebro”.
Y esta es “la primera demostación de la existencia de un factor rejuvenecedor producido de forma natural, que disminuye con la edad y que revierte el envejecimiento en múltiples tejidos”, asegura y explica que “falta probar que el GDF-11 tenga el mismo efecto en humanos, ya que no siempre los experimentos con roedores son trasladables”.
“Habría que pasar a ensayos clínicos para ver si este mismo factor administrado a personas mayores tiene los mismos efectos. En teoría con un factor de crecimiento como este no debería ser muy complicado, porque se puede hacer clínicamente administrable como proteínas recombinantes”, explica.




