No es ciencia ficción ni show aunque las redes, con sorna, fustigaron a Enrique Peña Nieto.
De nuevo Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, peligroso y listo narcotraficante, se fugó del búnker de la prisión El Altplano. Dejó de ser, obiamente, la cárcel más segura de México.
Mostró que el cáncer avanza en México, y en el Caribe, sobre Haití y República Dominicana. El narcotráfico tiene poder para corromper. Utiliza sin escrúpulos todos los resortes. Si se quieren hacer reformas creíbles, policías y funcionarios deberán tener conductas ejemplares.
El Altiplano, antes llamado La Palma y Almoloya de Juárez, tiene la denominación actual de Centro Federal de Readaptación Social. Desde febrero de 2014 permanecía en esta prisión el narcotraficante más buscado del mundo y uno de los hombres más poderosos, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo. De nuevo lo logró, una segunda fuga que pasará a la pantalla. Para esta historia de infamias queda la hora de las 9 de la noche, la escogida por El Chapo para fugarse.
Para Los Pinos es la peor noticia, una bofetada. El Chapo fue capturado como instante que marcaba un hito en México en la lucha contrs los narcos. Su fuga, en la que contó con la colaboración de funcionarios, según informaciones recogidas por Hechos de Hoy, deja sencillamente en ridículo a la Administración de Enrique Peña Nieto.
El Chapo, la fuga que no cesa




