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El Rey y la Reina junto a Gonzalo Celorio y su esposa en el Palacio Real. (Foto: Casa Real)

EL HOMENAJE DEL REY

Gonzalo Celorio no inhibe la diferencia, sino al revés, nos incluye y nos engrandece a todos

El Rey destacó en el Palacio Real, antes del acto en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, la figura de Gonzalo Celorio y su influencia y proyección en México como narrador, como docente, como académico, como ensayista, y como editor. 

Hechosdehoy / Lola Paredes Crustó
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En los hechos de hoy, jueves 23, una gran importancia de los actos en el Palacio Real y en la Universidad de Alcalá con Gonzalo Celorio como gran protagonista. “Gonzalo  Celorio no inhibe la diferencia, sino al revés: nos incluye y nos engrandece a todos”, el énfasis del Rey en el Palacio Real.

El Rey destacó, antes del acto en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, la figura de Gonzalo Celorio y su influencia y proyección en México como narrador, como docente, como académico, como ensayista, y como editor.

El Rey la Reina presidieron en el Palacio Real de Madrid el almuerzo ofrecido en honor del escritor mexicano Gonzalo Celorio, galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2025, en un encuentro previo -como destacó Hechos de Hoy- a la ceremonia de entrega del galardón en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá.

La figura de Gonzalo Celorio. Es el séptimo escritor de México que recibe el galardón después de Octavio Paz (1981), Carlos Fuentes (1987), Sergio Pitol (2005), José Emilio Pacheco (2009), Elena Poniatowska (2013) y Fernando del Paso (2015).

En el acto del Palacio Real, autoridades, académicos, editores y representantes del mundo cultural. Desde promotores culturales como una pequeña librería de Salamanca, hasta escritores jóvenes como la Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández 2025, Elisa Fernández Guzmán, o proyectos como la de la joven editorial segoviana “La Uña Rota”. También asistieron los ganadores de dos ediciones anteriores del Premio Cervantes: Luis Mateo Díez (2023) y el nicaragüense Sergio Ramírez (2017).

El discurso íntegro del Rey

“Sean todos bienvenidos al Palacio Real de Madrid. A la Reina y a mí nos alegra acogerles en esta celebración anual de nuestras letras, de nuestra lengua y cultura compartidas con ocasión de la entrega (este jueves) del Premio Cervantes al mexicano Gonzalo Celorio.

“Somos nuestra memoria” –decía Jorge Luis Borges en su poema Cambridge– “somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Con el título de su libro de memorias, “Ese montón de espejos rotos”, Gonzalo Celorio rinde un homenaje al maestro Borges, de cuyo fallecimiento en Ginebra se cumplen 40 años, y que navegó con pericia inigualable en los meandros entre identidad y memoria.

Un buen libro de memorias es, a la vez, la narración de una vida y la de una época. En las suyas, nuestro premio Cervantes nos habla de algunos aspectos fundamentales de su vida; aspectos que explican el tiempo vital que compartimos, y que –por eso mismo– nos explican cierto modo a todos.

Gonzalo Celorio celebra la lengua española, a la que ha dedicado su vida en casi todas las facetas posibles: como narrador, como docente, como académico, como ensayista, como editor. Una lengua que fluye en un espacio inmenso, desde América del Norte a la Patagonia, desde el Mediterráneo al Pacífico, y que cuenta ya con 650 millones de hablantes. Ese gran espejo de nuestra lengua –un espejo con alma de caleidoscopio, como en los cuentos borgianos– nos abre a oportunidades infinitas, de conocimiento y de creación. Produce un imaginario que no excluye, que no separa, que no inhibe la diferencia, sino al revés: que nos incluye y nos engrandece a todos.

En él nos miramos y nos reconocemos, como hispanohablantes y como iberoamericanos. Lo digo en la víspera de entregarle en Alcalá de Henares el Premio más importante de nuestras letras, y a pocos meses de que Madrid acoja la XXXª Cumbre Iberoamericana, de la que el español es –junto con el portuguésla gran lengua común.

Celorio reconoce y celebra, a la luz de su experiencia personal, la aportación a la cultura mexicana de los intelectuales españoles en el exilio. Con gratitud de discípulo nos habla de esos maestros que, pese a la distancia y el desarraigo, siguieron sintiendo España como propia.

Con más de medio siglo de docencia a sus espaldas, Celorio ha reflexionado mucho acerca del valor de la educación, su utilidad a la hora de formar espíritus críticos, desmantelar prejuicios y lugares comunes y avanzar hacia un conocimiento más riguroso, más matizado, de las cosas y de los hechos. Un conocimiento que –sin ser perfecto, pues nunca lo es– se acerque lo más posible a esa búsqueda compartida de la que hablaba Machado: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla”.

Con gran agilidad, Gonzalo Celorio transita entre sus recuerdos y los grandes hechos históricos de su tiempo. Es esa una constante afortunada de su obra: saber trazar un puente entre vivencia personal y memoria colectiva. Eso requiere no sólo leer lo que hay escrito; sino ser capaz también de leer entre líneas.

Ese es el cometido de la novela: el poderoso artefacto narrativo cuya cima es el Quijote y del que Celorio nos ha regalado algunos ejemplos sobresalientes. Permitidme que lo explique citando palabras de nuestro premiado: “La novela no se limita a decir lo que los hombres hacen, dicen y piensan, sino da cuenta también de lo que esperan, lo que sueñan, lo que inventan; de todo aquello que también forma parte de la realidad (…) aunque no sea medible ni verificable (…): las creencias, los mitos, los recuerdos”.

Los escritores congregados en tono a esta mesa sabéis bien a qué me refiero. Porque, con vuestra creación, nos ayudáis a leer bien la realidad. Y esa facultad –la de leer, la de leernos– nos es imprescindible desde el punto de vista colectivo –como sociedad democrática– y desde el punto de vista individual: para la realización ética y moral de la persona, para el ejercicio pleno de los derechos y libertades inherentes a la ciudadanía.

La literatura es, en definitiva, una gran escuela de libertad; y “la libertad” –ya lo decía don Quijote– “es uno de los dones más preciosos que a los hombres dieron los cielos”.

Así que levanto mi copa por nuestro premio Cervantes, Gonzalo Celorio. Y por esa libertad que se nos ofrece, inagotable, a través de la palabra”.

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