Un Congreso dividido y bastantes menos telespectadores que en ocasiones anteriores siguieron la pasada madrugada (hora española) a Barack Obama durante su comparecencia más importante del año. Proclamó "un año de acción", pero sin grandes ideas novedosas.
En su discurso sobre el estado de la Nación, el presidente de Estados Unidos hizo referencia a la brecha cada vez más profunda entre pobres y ricos en el país y prometió cambios. Dijo además que hará uso de sus poderes ejecutivos para impulsar "un año de acción", con el objetivo de restaurar la confianza de la sociedad, tras los constantes bloqueos a sus políticas en el Congreso. Y en el caso de que sea necesario, gobernará por decreto. Además prometió la subida de los salarios mínimos.
"Lo que ofrezco es un conjunto de propuestas prácticas y concretas para acelerar el crecimiento, fortalecer a la clase media y proporcionar las vías necesarias para salir de las situaciones de pobreza", destacó Obama, quien reconoció que algunas de estas medidas "requieren de la acción del Congreso".
Sin embargo, aunque se ha mostrado "deseoso" de trabajar con todos los legisladores, les ha advertido de que "Estados Unidos no se detiene" y que él tampoco lo hará. "Cuando pueda avanzar sin necesidad de una legislación para ampliar las oportunidades de las familias más estadounidenses, eso es lo que voy a hacer", manifestó en el rendimiento de cuentas al que la Constitución le obliga una vez al año.
Obama esbozó más de una docena de formas en las que se propone utilizar los poderes ejecutivos para tratar de impulsar la economía. En concreto, se comprometió a elevar el salario mínimo para los trabajadores federales de 7,25 dólares por hora a 10,10 dólares por hora en 2015. Dijo que quiere crear empleo. Jobs, Jobs, Jobs… en 23 ocasiones empleó la palabra job.
Desde el podio de oradores, ante políticos, jueces, Michelle Obama y algunos invitados seleccionados minuciosamente como el soldado que acompaña a la primera dama y se llevó el mayor aplauso de la noche -estuvo a punto de morir en Afganistán y pasó muchos meses en coma- , Obama dijo que América no está paralizada "y yo tampoco".
El presidente apostó por crear un nuevo plan de ahorro para la jubilación privada respaldada por el gobierno e insistir en la consecución de la ampliación del seguro de desempleo a largo plazo. De esta forma, Obama espera convencer a una nación que confía cada vez menos en su liderazgo, sobre todo después del cierre de Gobierno que tuvo lugar el pasado mes de octubre.
Reducir la brecha entre ricos y pobres
Uno de los ejes fundamentales del discurso del presidente Obama fue la defensa de la clase media y la necesidad de aumentar los salarios de los estadounidenses, una petición que remitió a los propios empresarios. "Muchos estadounidenses trabajan duro y ni siquiera pueden pagar sus cuentas", aseveró. En este punto, hizo hincapié en la importancia de reducir la brecha entre ricos y pobres, anunciando una serie de medidas que considera fundamentales para propiciar la seguridad económica de todos los estadounidenses: "ayudar a los pequeños ahorradores, estimular la fabricación y ampliar el acceso a Internet de la escuela".
"La desigualdad se ha profundizado", dijo Obama. "La movilidad ascendente se ha estancado. La fría realidad es que aún en medio de la recuperación, demasiados estadounidenses están trabajando más que nunca, sólo para sobrevivir", denunció el jefe de Estado, que reconoció que muchos ciudadanos "están hartos de la falta de acción política".
En otro orden de cosas, Obama afirmó que Estados Unidos está más cerca de la independencia energética de lo que lo ha estado "en décadas" y explicó que eso se debe, en gran medida, a la extracción de gas natural, como alternativa a los combustibles fósiles.
Obamacare y reforma migratoria
Otros temas que se esperaban en este discurso en el Congreso, por ser los que más han dado que hablar durante los últimos meses -debido a los desencuentros entre republicanos y demócratas, asunto que destacó Hechos de Hoy– eran la reforma migratoria y la reforma sanitaria, conocida popularmente como Obamacare.
En este sentido, Obama insistió en la importancia de que la Cámara de Representantes apruebe una reforma migratoria que legalice a los 11 millones de indocumentados que viven en el país. "Es hora de responder al llamamiento de nuestros líderes empresariales, líderes laborales, líderes espirituales y de cumplimiento del orden público, y arreglar nuestro sistema de inmigración que no funciona", indicó.
El presidente valoró el hecho de que republicanos y demócratas en el Senado se hayan movilizado y se mostró "confiado" en que ambos partidos puedan acercar posturas en la Cámara de Representantes para que la reforma migratoria se apruebe este mismo año. "Cuando las personas vienen aquí a hacer realidad sus sueños hacen que nuestro país sea un lugar más atractivo para las empresas para encontrar y crear trabajos para todos. Consigamos este año aprobar una reforma migratoria", dijo.
Por otra parte, mantuvo la defensa a su reforma del sistema de Salud, aunque añadió que no espera convencer a sus amigos republicanos sobre el fondo de esta ley. En cualquier caso, concluyó que "el pueblo estadounidense no está interesado en librar viejas batallas".
Reforma del polémico tema del espionaje
El presidente no pudo obviar la polémica en torno al espionaje, tras haber anunciado hace apenas dos semanas una reforma radical del funcionamiento del programa de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) comenzando por la suspensión del programa de recogida de metadatos telefónicos a raíz del escándalo de espionaje desvelado por Edward Snowden.
Ante el Congreso, Obama destacó el papel "vital" de los servicios de Inteligencia, pero anunció más reformas en los programas de vigilancia, aduciendo que "el trabajo de la Inteligencia depende de la confianza pública, aquí y en el extranjero, en que la privacidad de la población no está siendo violada".
En cuanto a Irán, el presidente advirtió que vetará cualquier proyecto de ley que incluya nuevas sanciones durante el plazo de negociaciones entre el 5+1 y Teherán, e instó a la Cámara a "darle una oportunidad de éxito a la diplomacia".
Y volvió a prometer que cerrará Guantánamo. Este año.
Por último, Obama aseguró que seguirá trabajando para reducir la violencia en los Estados Unidos, a pesar de la falta de apoyo en el Congreso a las medidas de control de armas. "He visto el coraje de los padres, estudiantes, sacerdotes y oficiales de policía de todo el país", dijo en alusión indirecta a algunas tragedias a las que se han tenido que enfrentar. Por ello, advirtió de que su objetivo pasa por seguir intentando aprobar estas medidas, "con o sin el Congreso, para ayudar a detener tragedias en la que se ven involucradas personas inocentes en las salas de cine, centros comerciales o escuelas".
"Dios les bendiga y Dios bendiga a los Estados Unidos de América", con esta fórmula finalizó el discurso que en 2009 siguieron 52,4 millones de estadounidenses, 33,5 millones en 2013 y menos todavía este año. Obama sigue siendo un gran orador, su retórica impecable, y la retransmisión televisiva fue perfecta. Arrasó en las redes sociales. Pero el balance de lo logrado por Obama en sus años en la Casa Blanca es poco convincente y los ciudadanos americanos ya no esperan grandes heroicidades de su presidente.




