Entre su encuentro con Cristina Kirchner y la audiencia que concederá a Barak Obama, el papa Francisco avanzó en asuntos que considera de primer orden como fijar una política de protección a los menores -tras el cáncer de dos décadas de la pedoflia en la Iglesia- y de condena religiosa, moral y política de la mafia.
En el primer caso, Francisco ha tenido muy en cuenta las opiniones del G-8 vaticano. Formó una comisión de expertos para ayudar a la Iglesia ante unos escándalos que conmocionaron a Benedicto XVI. Federico Lombardi, portavoz del Papa, dijo que "mirando hacia el futuro sin olvidar el pasado, la comisión adoptará un enfoque polifacético para promover la protección de los jóvenes". Para esta comisión, el papa designó a Marie Collins, que fue víctima de abusos sexuales en Irlanda en la década de 1960 y que hizo una campaña activa por la protección de los niños y justicia para las víctimas de pedofilia en la Iglesia. Otros miembros de la comisión son el arzobispo de Boston, el cardenal Sean Patrick O´Malley, y el jesuita argentino Humberto Miguel Yañez Molina.
En el segundo, impresionante vigilia de Francisco de denuncia de la mafia y lo que es el crimen organizado. Fue el primer encuentro de la historia de un Papa con los familiares de las víctimas, un acto de oración organizada por Libera, la fundación del sacerdote Luigi Ciotti.
Entre estos dos actos, Francisco recibió al presidente saliente de Malta, George Abela. Al final de la audiencia, los nietos de Abela se convirtieron en protagonistas. Luca, de cuatro años, le regaló un dinosaurio de plástico. Francisco jugó con él y con los otros dos nietos de Abela, una niña de dos años y un bebé de apenas dos meses. Este acto, en un marco familiar, mostró la naturalidad del papado de Francisco y cómo ha descorrido cerrojos y abierto puertas.
Dos audiencias de peso
Los asuntos importantes de su agenda han estado en el muy largo encuentro con Cristina Kirchner y la muy esperada audiencia que concede este jueves a Barack Obama con el telón de fondo del choque Este y Oeste y la represión de Nicolás Maduro en Venezuela.
La audiencia de Francisco a Cristina duró tres horas con un encuentro personal, a solas, entre ambos, de dos horas y media. El Papa esperó en la puerta de la entrada de la residencia Santa Marta a Cristina y la despidió personalmente, esperando además hasta el momento en que el coche desapareció de la vista en un gesto que dijo mucho. El ambiente entre ambos cambió de forma radical. -"¿Cómo le va Jorge?", fue el saludo de la presidenta que se pudo escuchar.
Francisco quiso que estuviera para saludarla, su número dos, el secretario de Estado, Pietro Parolin. Cristina dio algunas claves de lo que se habló contando que el Papa le pidió que la región latinoamericana se "mantenga unida". "Lo noté muy preocupado por el tema de los jóvenes, de la educación y, por sobre todas las cosas, de la paz en el mundo y la concordia. La economía de exclusión mata. Tuvimos una charla muy buena, muy cálida", reveló Cristina. Se supo también que, en gesto de deferencia, Francisco quiso que toda la delegación argentina fuera atendida con comida y bebida, pagando el Papa de su propio bolsillo todas las atenciones.
Francisco mostró lo que quiere a su país, y la importancia que concede al final en paz de una época intensa como es el kirchnerismo, encarnado primero por Néstor y hoy por Cristina. Francisco no desea una crisis política en Argentina y le mostró a Cristina que será su amigo y aliado para impedirlo sin decir que por ello se haya convertido en cristinista. También le mostró la importancia que concede a los consensos y que no olvida la cuestión de las Malvinas -en breve se reunirá con la reina Isabel II- .
A Francisco le preocupa el narcotráfico en su país y las enormes bolsas de pobreza. Y considera crucial el diálogo entre religiones que fomentó entre católicos, judíos y musulmanes en Buenos Aires, sin perder sus propias identidades. Muy posiblemente Francisco haya trasladado todo esto a la Argentina que lleva en su corazón y a la América Latina que sabe que le reconoce como líder importante, algo que también le abruma.
En su largo encuentro, Francisco pudo hablar también -en un clima de confesiones propias entre amigos- de la próxima visita de Barack Obama y de la crisis profunda, de violencia y brutalidad, que sacude a Venezuela. Este asunto -se señaló a Hechos de Hoy– sí estará en la mesa de la audiencia del Papa a Obama junto con todos los grandes asuntos de la política internacional. ¿Puede haber misiones latinas para el Papa?
En Washington, en el entorno del presidente, asesores latinos apuntaría a ello, se comenta en fuentes vaticanistas. El asunto es de enorme complejidad porque Venezuela y Cuba son la misma crisis. Entre dos amigos, que son muy íntimos, Francisco habría planteado más preguntas que dar respuestas a Cristina.
Con la sagacidad de su orden religiosa, Francisco, el primer jesuita en Ciudad del Vaticano, pudo aplicar la estrategia dialéctica de preguntar y acumular escenarios. Escuchar es también una de sus cualidades, la que más seduce a Cristina, que ya sabe que Francisco es aliado y no rival para construir una Argentina más grande y una América Latina más solidaria.




