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Francisco, un faro ético y aspiración constante a un mundo más justo

Los Reyes presidieron el almuerzo ofrecido a una representación del mundo de las Letras en honor del Premio Cervantes 2024, Álvaro Pombo García de los Ríos. (Foto: @CasaReal)

HOMENAJE DEL REY

Francisco, un faro ético y aspiración constante a un mundo más justo

En el almuerzo ofrecido a una representación del mundo de las Letras, en honor del Premio Cervantes 2024, Álvaro Pombo García de los Ríos, el Rey quiso destacar la figura de Mario Vargas Llosa y el profundo legado dejado en la Iglesia Catolica por Francisco.

Hechosdehoy / María Céspedes Pinzas

En los hechos de hoy, martes 22, en el almuerzo en el Palacio Real en honor del Premio Cervantes 2024, Álvaro Pombo García de los Ríos, el Rey quiso destacar también la figura de Mario Vargas Llosa y el profundo legado dejado en la Iglesia Catolica por Francisco.

“Una figura cuya dimensión trasciende el ámbito de la Iglesia Católica para convertirse en un enorme faro ético de nuestro mundo, de nuestro tiempo. Nos quedan su coherencia vital e intelectual, su compromiso con los más pobres, su denuncia de las desigualdades, su aspiración constante a un mundo más justo y mejor”, el homenaje el Rey. Como informó Hechos de Hoy, el Rey y la Reina al frente de la misión de España en el funeral del papa Francisco.

La figura de Álvaro Pombo

El Rey Felipe VI y la Reina Letizia presidieron en el Palacio Real de Madrid el almuerzo en honor del escritor santanderino Álvaro Pombo García de los Ríos, galardonado con el Premio Cervantes 2024, previo a la ceremonia de entrega del máximo galardón de las letras en español. El acto, que reunió a autoridades, académicos, editores y destacadas figuras del mundo cultural, sirvió como preludio a la ceremonia oficial que tiene lugar este miércoles en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá.

De la figura de Álvaro Pombo, el Rey destacó en su intervención la profunda huella literaria de su obra. “La obra de Álvaro Pombo, que toca géneros distintos y lo hace siempre con la mirada inconfundible, e inexplicable, del poeta. Es el fruto de toda una vida consagrada a la palabra”.

Este reconocimiento a una trayectoria única, el Premio Miguel de Cervantes, concedido por el Ministerio de Cultura y dotado con 125.000 euros, distingue este año a Álvaro Pombo por “su extraordinaria personalidad creadora, su lírica singular y su original narración”, según el fallo del jurado. La institución subrayó además su capacidad para indagar “en la condición humana desde las perspectivas afectivas de unos sentimientos profundos y contradictorios”.

El autor, poeta, ensayista y novelista, ha sido alabado por construir un universo literario propio, donde “las deformaciones de la realidad aparecen bajo el disfraz de la ironía y el humor”. Su prosa, marcada por una oralidad cercana al “escribo como hablo” de inspiración valdesiana, lo consolida como uno de los grandes estilistas de la lengua española.

En este legado que trasciende, el jurado destacó que Álvaro Pombo ha creado “un mundo literario imperecedero e imprescindible”, capaz de conmover y resonar en el lector. Con más de veinte novelas y una vasta obra poética, su nombre se suma ahora a la lista de gigantes de las letras hispanas que han recibido este premio, desde Borges hasta el recientemente desaparecido Vargas Llosa.

La ceremonia de entrega en Alcalá de Henares -ciudad natal de Cervantes– pone el broche a una jornada dedicada a celebrar la literatura en español, en un acto que reúne a lo más destacado del panorama cultural. El almuerzo en el Palacio Real sirvió como íntimo homenaje a un escritor cuya obra, como señaló el Rey, “nos sigue interpelando, cuestionando y, sobre todo, emocionando”, celebrando así la brillante trayectoria de un autor fundamental de la literatura contemporánea en lengua castellana.

El jurado

El jurado ha estado presidido por Luis Mateo Díez, autor galardonado con el Premio Cervantes 2023 y ha actuado como vicepresidenta María José Gálvez, directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura del Ministerio de Cultura.

Además, el jurado ha estado formado por los siguientes vocales: Carme Riera, por la Real Academia Española; Rosa Betty Muñoz, en representación de la Real Academia Chilena de la Lengua; Jaime Garau, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Cuauhtémoc Pérez, por la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUALC); Luisa Castro, por el Instituto Cervantes; Ángeles García, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); Benjamín Torres, por la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP); Minni Swahney, por la Asociación Internacional de Hispanistas; Marta Sanz Pastor, por el Ministerio de Cultura; y Rafael Cadenas, escritor galardonado en la edición de 2022.

Una extensa trayectoria

Álvaro Pombo García de los Ríos nació en Santander en 1939. Es Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid y Bachelor of Arts en Philosophy por el Birkbeck College de Londres. Es miembro de la Real Academia Española desde 2004.

El autor cuenta con extensa trayectoria, con casi medio siglo de publicaciones, entre novelas, relatos, artículos en prensa, ensayos y libros poéticos.

Ha recibido diferentes premios y distinciones como el XIII Premio Fundación Francisco Umbral al mejor libro de 2023, el XXXV Premio Internacional Menéndez Pelayo en 2023 otorgado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, el Premio Honorífico de las Letras de Santander en 2018, el Premio Nadal, por ‘El temblor del héroe’ en 2018, el Premio Planeta, por ‘La fortuna de Matilda Turpin’ en 2006, el Premio Salambó, por ‘Contra natura’ en 2006, obra por la que también recibió el Premio Ciudad de Barcelona en 2005, el Premio de Periodismo ‘El Correo’, por su artículo ‘Viaje irreal a Bilbao’ en 2006, el Premio Periodístico sobre Lectura que otorga la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, por su artículo ‘Libros nuevos y renuevos de abril’ en 2004, el Premio Fastenrath, por ‘La cuadratura del círculo’ en 2001, mismo año en el que se le otorgó el Premio Fundación José Manuel Lara, por ‘El cielo raso’, el Premio Ciudad de Barcelona y el Premio Nacional de Narrativa, por ‘Donde las mujeres’ en 1997, el Premio de la Crítica, por ‘El metro de platino iridiado’ en 1991, el Premio Herralde, por ‘El héroe de las mansardas de Mansard’ en 1983 y el Premio de Poesía El Bardo, por ‘Variaciones’ en 1977.

El Premio Miguel de Cervantes

Mediante la concesión de este premio, dotado con 125.000 euros, se rinde anualmente público testimonio de admiración a la figura de un escritor o escritora que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico.

Puede ser galardonado con el Premio Cervantes cualquier autor o autora cuya obra literaria esté escrita totalmente, o en parte esencial, en castellano. Los candidatos al Premio los pueden presentar las Academias de la Lengua Española, los autores premiados en anteriores convocatorias, las instituciones que, por su naturaleza, fines o contenidos, estén vinculadas a la literatura en lengua castellana y los miembros del Jurado.

El discurso íntegro del Rey

“Bienvenidos a este almuerzo de homenaje a nuestras Letras y a nuestro premio Cervantes 2024 que hoy celebramos con respetuosa contención por encontrarnos, como sabéis, en periodo de luto oficial. No hemos querido, a pesar de la tristeza, dejar de reunirnos con vosotros, esta amplia representación de nuestro mundo literario, editorial y académico, y hacerlo, como cada año, en torno a nuestra lengua, la patria común de tantos millones de personas en el mundo.

Decía Jorge Luis Borges, en su poema Everness: “Solo una cosa no hay. Es el olvido”. En justicia a esas palabras, quiero comenzar recordando a dos grandes que hemos perdido en el plazo escaso de una semana; dos referentes de nuestro tiempo que compartían una lengua materna, el español, un origen, Hispanoamérica y -bueno es recordarlo en esta reunión de escritores- también una inmoderada admiración por Borges.

A comienzos de la semana pasada fallecía en su casa de Lima Mario Vargas Llosa. Nos ha dejado el hombre, el hispano-peruano universal, el ciudadano del mundo, el pensador valiente y comprometido; y nos quedan su voz, su obra inmensa, su amor por su lengua y por su oficio, su inagotable pasión por escribir, por descubrir y por contar historias.

Y en la mañana de ayer recibimos, consternados, la noticia del fallecimiento de Su Santidad el Papa Francisco (Jorge Mario Bergoglio), una figura cuya dimensión trasciende el ámbito de la Iglesia Católica para convertirse en un enorme faro ético de nuestro mundo, de nuestro tiempo. Nos quedan su coherencia vital e intelectual, su compromiso con los más pobres, su denuncia de las desigualdades, su aspiración constante a un mundo más justo y mejor… En fin, su bonhomía y sentido del humor.
Descansen, ambos, en paz.

Queridos amigos y amigas, un año más nos reunimos para celebrar, sobre todo, la lengua y la literatura en torno la figura de Miguel de Cervantes. Mañana (miércoles), en su ciudad natal de Alcalá de Henares, uno de nuestros más célebres autores recibirá el galardón que lleva su nombre: el más alto reconocimiento de las letras españolas.

Con la palabra “reconocer” el diccionario de la RAE es muy generoso en acepciones: tiene hasta doce. Permitidme que me quede con estas dos: “agradecer un beneficio o un favor recibidos” y “admitir o aceptar que alguien tiene determinada cualidad o condición”. Ambas, me parece, confluyen en este Premio Cervantes a Álvaro Pombo.

Hoy no podemos disfrutar de su presencia y compañía, en la esperanza de poderlo hacer mañana en Alcalá. Pero aun echándole de menos le sentimos muy cerca; y desde aquí le quiero decir: querido Álvaro, con este premio no solo te damos las gracias por lo mucho que aprendemos y disfrutamos con tu literatura; sino que reconocemos –y nos reconocemos- en una voz y en una mirada singular.

Nos acercamos a tu manera de ver el mundo y de explicarlo; a tu interés por indagar en la bondad, en la verdad, en todo aquello que nos eleva y nos dignifica. Porque encontramos ahí, depurada por tu larga aventura intelectual y vital, tu fe en la persona, en el ser humano, en su capacidad para el bien.

Queridos amigos,

En un mundo que vivimos marcado por la incertidumbre y por la inmediatez, hay quien alerta de que todo parece diluirse, de manera trepidante y desmemoriada, en una suerte de indiferencia fatalista: nuestra capacidad de discernir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo verdadero de lo falso; incluso los principios y valores que nos vertebran como sociedad.

La lengua, nuestra lengua, en la medida en que es vehículo de la comunicación, puede desempeñar un papel fundamental en que eso no sea así. El español tiene ya 600 millones de hablantes, es la 2ª lengua de comunicación del mundo. Es un instrumento poderosísimo para lograr eso que el mundo necesita ahora más que nunca, cuando tanto se habla de barreras y desconexiones: reflexionar, dialogar.

El lenguaje ha de servirnos, también, para decir alto y claro: no es verdad. No es verdad que todo valga, no es verdad que todo sea relativo. No es verdad que mérito y dedicación equivalgan a suerte y oportunismo, ni que el rigor y el conocimiento estén pasados de moda. No es verdad; y no porque sea obvio, hemos de dejar de proclamarlo.

Y cuando las dudas nos asalten, o cuando el día a día se obstine en darnos ejemplos de lo contrario, conviene que leamos –o que volvamos a leer─ a aquellos autores cuya obra es como un faro que nos devuelve a la tierra firme. No estoy hablando, aquí, de calidad literaria; o no solo de calidad literaria.

Hablo de esa dimensión moral que intuimos leyendo a autores como Antonio Machado, como Miguel de Unamuno, como Gabriel Miró. Hablo de ese afán de claridad que trasluce la intensa labor creadora; como si las palabras, pulidas con precisión, con suma paciencia, nos acercaran, a los lectores, a una verdad que nos es útil y que podemos compartir, también, como ciudadanos: una ventana al mundo y un espejo de nosotros mismos.

Algo parecido sentimos cada vez que recorremos las páginas más brillantes de la obra de Álvaro Pombo, que toca géneros distintos y lo hace siempre con la mirada inconfundible, e inexplicable, del poeta. Es el fruto de toda una vida consagrada a la palabra; quizá, incluso, de un compromiso generacional, pues él mismo afirmaba en su discurso de ingreso en la Real Academia que “como muchos otros colegas y escritores de mi generación, he amado la literatura y la lengua españolas y he trabajado duro con ellas”.

Hago hincapié en el verbo y en la preposición: “trabajar con”, que nos hablan del lenguaje como un material, como una arcilla, y de la escritura como una labor casi artesanal. Un trabajo atento al significado, pero también al ritmo de las palabras: a la claridad y a la musicalidad. Y una labor, también, solitaria, introspectiva, en ese taller de cada escritor que es su emoción y su memoria. Estoy seguro de que muchos, en torno a esta mesa, sabéis a qué me refiero.

En ese mismo discurso, el de su ingreso en la Real Academia, dijo nuestro premiado que los reconocimientos a su trabajo -que han sido múltiples y muy prestigiosos- le han honrado y alegrado mucho, hasta el punto de hacerle sentir, en alguna ocasión, “inverosímil”. Es, me parece, la sensación de intrusismo que acompaña a quien se ha mantenido al margen de modas y corrientes, fiel a sí mismo, cuando la sociedad reconoce su obra como algo bueno, como algo útil, como algo para todos.

Así que este almuerzo es un modo de decir, de decirle a nuestro querido Álvaro, con afecto y admiración, que esa “inverosimilitud” no es cierta, que nunca lo ha sido. Porque el Premio Cervantes que recibirá mañana, este reconocimiento a su vida y a su obra, lo sitúa, en la historia de nuestras letras, ni más ni menos en el lugar que le corresponde.

Y ahora, lo acostumbrado y apropiado era invitar a un brindis a todos los presentes, pero no así durante el luto oficial, así que permitidme que sin hacerlo -y en nombre de todos- rinda homenaje a la figura inmortal de D. Miguel de Cervantes Saavedra, y a nuestro Premio Cervantes 2024, Álvaro Pombo”.

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