El rápido desenlace de la sucesión de Alfredo Pérez Rubalcaba en el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y recuperar el diálogo directo con Artur Mas han serenado a Mariano Rajoy. Al acabar el curso político, que ha sido muy intenso hasta este viernes 1 de agosto, el presidente del Gobierno compareció en una conferencia de prensa de una hora en La Moncloa para una rendición de cuentas amplia del momento económico.
Con contención en los avances, y tras el último Consejo de Ministros antes de las vacaciones, destacó lo primero los datos de crecimiento del PIB, 0,6% en el segundo trimestre -el mayor avance desde 2007-, y empleo -193.000 puestos de trabajo más que en 2013-. "Pisamos sólido", afirmó el presidente asegurando con decisión que "la recuperación es firme y cada vez más intensa, no es un alarde de optimismo injustificado, ha llegado para quedarse".
Luis de Guindos -hombre clave en este balance de recuperar primero la credibilidad, el sosiego y la confianza exterior- anticipó que el Gobierno revisará al alza sus previsiones económicas en septiembre. El ministro de Economía adelantó que el crecimiento pasará del 1,2% al 2% a finales de 2015. El presidente precisó que es un debate aún no cerrado y a la vez reconoció que estos avances de la macroeconomía no están aún presentes en el día a día de muchos ciudadanos.
"Los efectos no han llegado a todos los españoles, los daños de esta crisis son ingentes. Pero los españoles tienen ahora un fundado derecho a la esperanza", dijo al comienzo de su declaración contestando después a las preguntas de la conferencia de prensa. Fueron también sus palabras finales. "Soy consciente de que para muchos españoles la crisis no ha pasado, no soy insensible a esta situación", dijo Mariano Rajoy sabiendo que generar empleo de calidad, y de forma rápida, y luchar contra un paro que afecta al 24,5% de la población activa, es la prioridad total de su Gobierno.
El marco de esta conferencia de prensa fue bien distinto al de hace un año. La firmeza contra la corrupción es lo que de verdad se ha instalado tras el golpe seco de las únicas elecciones celebradas desde las últimas generales. El presidente no quiso ahondar en la herida de Jordi Pujol -que es profunda en Cataluña como ha destacado Hechos de Hoy-. Valoró el momento histórico vivido con la abdicación de Juan Carlos I. Los mensajes de Felipe VI -su discurso ante las Cortes y el llamamiento de Girona, en castellano y catalán- han calado en La Moncloa. El último activo de este curso político recién acabado es la recuperación del diálogo directo con la Generalitat.
El Rey medió con tacto y autoridad moral en muy poco tiempo. Y lo hizo con eficacia y sin aspavientos. Quedó abierto un espacio nuevo que exigirá diálogo rápido. Mariano Rajoy lo sintetizó. "Solo sé que Mas ha dicho que no hará nada ilegal y así lo espero". Aceptó estudiar el documento de propuestas del presidente de la Generalitat. Lo subrayó. "Ley, sí; pero diálogo, también". Es el logro importante de Mariano Rajoy, el balance realmente robusto de esta pausa. Recuperar la serenidad política es esencial para las cuestiones económicas que siguen siendo desafíos arduos y urgentes.







