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UNA OPORTUNIDAD ÚNICA

Éxito de Felipe VI en el regreso de España al Consejo de Seguridad

España consiguió la confianza de la mayor parte de los miembros de la Asamblea General de Naciones Unidas por lo que accede desde el 1 de enero al Consejo de Seguridad.

Hechosdehoy / Juan-Fernando Dorrego Tíktin
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Esta vez España consiguió un gran objetivo. Logró el apoyo de la mayor parte de los miembros de la Asamblea General de Naciones Unidas -132 votos- para acceder a partir del 1 de enero de 2015 al Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

En el bienio 2015-2016, España formará parte -como uno de los 10 miembros no permanentes- del Consejo de Seguridad cuyas decisiones son vinculantes y de obligado cumplimiento. Es la quinta vez que España tiene asiento y voto en el Consejo de Seguridad. La última fue en los años 2003-2004.

La candidatura de España logró imponerse a una de las favoritas, Turquía, aunque fue superada en una votación anterior por Nueva Zelanda. Venezuela, Malasia y Angola, ocuparán las restantes plazas rotatorias que se renovaban. No necesitaron competir al no presentarse otras candidaturas de sus continentes.

España supo hacer valer su peso como sexto mayor contribuyente de la ONU, la capacidad negociadora de diplomática, el papel del Ejército en las misiones de paz, y la especial relación con América Latina. De forma certera, el Rey Felipe VI convirtió su viaje a Nueva York y su intervención en la Asamblea General de la ONU –que Hechos de Hoy recogió con atención– en misión especial con el objetivo de este logro. Hay que señalar que hasta en cinco ocasiones habló el Rey con el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, para seguir en directo el suspense de las votaciones.

Un puesto en el Consejo de Seguridad es cuestión de prestigio pero también palanca de proyección, rol de impulso a acuerdos bilaterales y torre de observación de los grandes asuntos geoestratégicos. Esta vez sí hubo reconocimiento a la contribución de España en misiones internacionales de mantenimiento de la paz y humanitarias (130.000 militares destacados desde 1989) y ayuda a la cooperación (30.000 millones de dólares en 14 años).

Con estas votaciones, el Consejo de Seguridad queda compuesto por China, Francia, Reino Unido, Rusia y Estados Unidos como miembros permanentes (con capacidad de veto). En el resto de los asientos, como miembros no permanentes, Venezuela (sale Argentina), Nueva Zelanda (sale Australia), Chad, Chile, Jordania, Lituania, España (sale Luxemburgo), Nigeria, Angola (sale Ruanda) y Malasia (sale República de Corea).

En las buenas noticias conviene no olvidar que España necesitó de una tercera votación, que es un asiento rotatorio, y que no es la primera vez sino la quinta que lo consigue. Tampoco este salto debe borrar el actual estado de indefinición y pasividad de la política exterior de España, una fotografía que se pudo visualizar en la cumbre de la OTAN en Cardiff. Y que el trabajo es arduo en América Latina -como no deja de recordar con firmeza el Rey Felipe VI– en tareas de política, economía y cultura.

Paradójicamente es el actual ministro de Exteriores español, José Manuel García Margallo, el responsable de estas lagunas mientras su protagonismo no cede -un día sí y el otro también- en cuestiones domésticas que protagonizan buena parte de sus energías robando espacio (y no para bien) hasta al propio ministro de Interior en asuntos como los relacionados con Cataluña.

Zapatero a tus zapatos es un refrán siempre bueno para aplicarse. Obviamente este puesto en el Consejo de Seguridad es temporal pero abre dos años de oro para recuperar una política exterior poderosas de España, definir y defender las líneas de acción, y sentar los criterios de España en un mundo que es multipolar y muy complejo.
 
Enfrentado además a problemas de seguridad de envergadura en escenarios bien distintos. El Rey fue hábil, inteligente y oportuno al allanar el regreso de España (Spain is back). Es ahora tarea y responsabilidad del Gobierno y la oposición de no perder una oportunidad de oro en la que España no puede defraudar.

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