Manet, Cézanne, Chagall, Modigliani, Delanuy y Kokoscha, pasando por Jason Pollock y Francis Bacon aunque sobre todo, Picasso bebieron de la sabiduría artística de El Greco y la gran mayoría de ellos se inspiraron en su obra para iluminar los movimientos de vanguardia que revolucionaron el arte del siglo XX.
Y es que en pleno centenario de la muerte del pintor, el Museo del Prado realiza la primera aproximación total sobre su influencia en la pintura moderna, desde Manet a los pintores posteriores a la II Guerra Mundial. Y es que El Greco y la pintura moderna reúne, desde este martes 24 de junio al 5 de octubre, 106 obras que se encargan de rastrear dicha huella en la pintura de finales del XIX y el siglo XX, con 26 grecos y otras 80 obras de la modernidad.
Todos ellos son procedentes de instituciones como el Metropolitan de Nueva York, la National Gallery de Washington o el Museo de Orsay, además de otras de colecciones privadas, que se suman a la colección de obras del cretense del Prado, la mejor y más amplia del mundo.
Entre las obras que aparecen, los espectadores podrán admirar La visión de San Juan, del Metropolitan, obra considerada precedente del cubismo, y el Laocoonte de la National Gallery de Washington, influencia básica en el expresionismo alemán. Pero ¿hasta dónde ha llegado la influencia de El Greco en estos exponentes?
"Primero, una pintura de gran calidad, y, segundo, una personalidad artística muy marcada, muy elocuente en sus distintas etapas pero, sobre todo, en sus etapas finales que fascina curiosamente a diferentes artistas", comentó el comisario de la exposición y jefe de conservación de pintura del siglo XIX en el Museo del Prado, Javier Barón.
Asimismo, “el hecho de que El Greco pasase un periodo de penumbra tras su muerte contribuyó a que ejerciese esa gran fascinación entre los artistas modernos”, comentó el experto que no dudó en añadir que “los redescubridores del Greco fueron los críticos e historidares, pero fundamentalmente los pintores, que con su ojo de pintor vieron la gran calidad que tenía”.
Dicha obra por el “más moderno maestro de la pintura”, tal y como define el comisario, “influyó de distinta forma en cada uno de estos artistas, lo que en la muestra puede comprobarse a través de un diálogo entre cuadros que arranca con el interés de los pintores españoles decimonónicos como Mariano Fortuny y Ricardo de Madrazo”.
Por ejemplo, a Manet le interesó el uso del color, sobre todos, los grises, negros y blancos, cuya obra puede contemplarse en España en 1865, y que se hizo notar en sus retratos. Por su parte, para Cézanne fue fundamental el sentido de la construcción del cuerpo y los desnudos en Bañistas que se llegan a comparar con los de Laocoonte y La visión de San Juan.
Pero sin duda, si alguien se vio influido por El Greco fue Pablo Picasso que absorbió del pintor en diferentes etapas de su trayectoria profesional, sobre todo en su juventud y en su periodo azul, algo primordial en los orígenes del cubismo, al mismo tiempo que regresó en su etapa final.
"En Picasso influye el factor constructivo, no solo de la figura, sino del espacio. La compresión espacial que El Greco hace en esos últimos cuadros sobre las figuras influye en Las señoritas de Aviñón, también la monumentalidad de las propias figuras y el sentido de subdisvisión del espacio en alveolos, pequeños espacios independientes que en el cubismo construyen el espacio", comentó.
El expolio, primera obra del griego que llegó a un museo alemán, y el Laooconte son básicos en el nacimiento del expresionismo alemán. "La luz y el sentido de irrealidad de El Greco lo hace muy apto para ser el cauce de esa necesidad de expresión de una visión interior que tenían esos artistas", explicó el experto sobre la obra de Macke, Beckmann, Hofer, Steinhardt o Korteweg.




