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PLAYAS PARA CUIDAR

Desde el Caribe a Hawai, Fiji y Australia, paraísos que debemos preservar

Las maravillosas playas de Tahiti, Morea o Bora Bora, de Seychelles, las costas de Namibia, Kenia o Nueva Zelanda ocupan un lugar en nuestra memoria colectiva.

Hechosdehoy / Paloma Sánchez y Carmen Vázquez
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Hace unos meses comenzamos nuestra andadura con la entrada en vigor de la Ley de Costas. A lo largo de este tiempo hemos abordado en Biodiversidad, naturalmente temas como residuos, Buenas Prácticas, naturaleza, mercados del medio ambiente, huertos ecológicos, etc, con la intención de transmitir a los lectores cuando menos respeto por la naturaleza y el medio ambiente.

En ocasiones hemos sido demasiado extensas, en otras demasiado técnicas y somos conscientes de que hemos podido cometer muchos errores, pero si hemos conseguido además de transmitir ese respeto por la naturaleza, algún conocimiento nos damos por satisfechas. Por circunstancias no podemos continuar, pero no queremos que sea un adiós, esperamos que sea un hasta luego y queremos terminar como empezamos, hablando de costas.

Conservemos nuestras maravillosas playas

Son muchos los lugares paradisiacos que se pueden visitar en el mundo. Entre ellos, las playas ocupan un lugar muy especial en nuestra memoria colectiva. Desde las maravillosas playas de la Polinesia Francesa, Hawai, Islas Fiji, Seychelles y Mar Caribe hasta las costas de Namibia, Kenia, Australia o Nueva Zelanda, existen todavía un gran número de paraísos que debemos preservar.

La Polinesia Francesa es una agrupación de 5 archipiélagos, situado al sur del Océano Pacífico, donde la naturaleza parece no poner límite a la belleza. Sus numerosas islas –Tahiti, Moorea, Huahine o Bora Bora– son de origen volcánico y cuentan con importantes formaciones coralinas. El clima es tropical húmedo, con exuberante vegetación, aunque muchas especies han sido introducidas por el hombre. Las playas son extraordinarias y los arrecifes de coral constituyen hábitats únicos. Parece increíble que las autoridades francesas decidieran en 1974 utilizar la zona para desarrollar ensayos nucleares. Afortunadamente, este tipo de actividades cesaron en 1996.


Paradisiaca playa en Tahití, en la Polinesia francesa. (Foto: ACKman16)

El archipiélago de Hawai es también de origen volcánico y agrupa 19 islas y atolones en mitad del Océano Pacífico. Ofrece 12 zonas climáticas distintas, desde bosques tropicales hasta zonas desérticas pasando por la cumbre nevada de Mauna Kea. Las especies endémicas son muy numerosas y algunas están en serio peligro de extinción. En Hawai abundan las playas de arena dorada, pero también las hay de arena roja por su alto contenido en areniscas rojizas o incluso verdes por la presencia de grandes cantidades de olivina. Y especialmente impresionantes son las de arena negra volcánica, sobre todo en aquellas zonas que aún existe actividad volcánica y se puede observar el asombroso fenómeno de las lenguas de lava alcanzando la orilla y entrando incandescentes en el mar.

La República de las Islas Fiji está formada por 2 grandes islas –Viti Levu y Vanua Levu-, 322 islas pequeñas y 522 islotes situados en el Océano Pacífico Sur. Su origen es también volcánico y la acción sedimentaria ha contribuido a su aspecto actual. El clima es tropical húmedo y el relieve montañoso cuenta con frondosas selvas de bambú. Las playas son de arena blanca y agua transparente. El turismo es ahora una importante fuente de ingresos para el país (25% del PIB) pese al crecimiento irregular en los últimos años.


Una de las playas de Viti Levu. (Foto: Sarmu)

Muy cerca se encuentra Nueva Zelanda; un país insular situado en el suroeste del Océano Pacífico con más de 15.000 km de litoral. Está formado por dos grandes islas (Isla Norte e Isla Sur) y otras muchas de pequeño tamaño. El clima es templado, principalmente oceánico, aunque las condiciones varían considerablemente entre las regiones. La flora y la fauna son endémicas en su mayoría debido al marcado aislamiento geográfico de estas islas. La imagen corresponde a New Chums Beach, considerada una de las 20 mejores playas del mundo por su arena dorada, sus aguas cristalinas color turquesa y el denso bosque circundante.


New Chums Beach en Nueva Zelanda. (Foto: Kiwi Flickr)

Australia, casi considerado como un continente en sí mismo, es uno de los países más planos del mundo. Tiene 50.000 km de zona costera, bañada por el Océano Pacífico y el Océano Índico. El clima es fundamentalmente de tipo desértico o semiárido, con grandes extensiones de dunas, salvo el sudeste y el sudoeste con clima templado y el norte con clima tropical. La diversidad de hábitats es sorprendente y el número de especies vegetales y animales endémicas enorme.

La belleza de sus playas no tiene comparación y es considerado el paraíso de surf. En particular, en Nueva Gales del Sur y a tan sólo 2 horas de Sydney se encuentra Hyams Beach, considerada la playa con la arena más blanca del mundo, según el Libro Guinness de los Récords. Su magnífico color se debe al alto contenido en granito de magnesio que llega hasta la orilla transportado por los corales.


Los "12 Apóstoles" sobresalen del mar en la costa del Parque Nacional Port Campbell, Australia. (Foto: B. Bucher).

Al otro extremo del Océano Índico se sitúa la República de Seychelles, que cuenta con 115 islas situadas al noreste de Madagascar. A diferencia de otras islas, su origen es granítico y coralino. Son las únicas islas oceánicas graníticas del mundo porque en realidad son restos de la fragmentación y la separación de la India de África. Por tanto, la vegetación y la fauna han estado aisladas de territorio continental durante 75 millones de años. Su clima es tropical, templado y bastante húmedo por influencias marinas. Se pueden distinguir dos ecorregiones: la selva húmeda de las Seychelles graníticas y el matorral xerófilo de las islas Aldaba. Las playas son de una belleza extraordinaria, arena blanca y aguas limpias salpicadas por piedras espectacularmente talladas por las mareas.

Cerca, en África no podemos dejar de mencionar Kenia, que cuenta con 500 km de costa que miran a las aguas turquesas del Océano Índico. Pese a ser un país eminentemente turístico, todavía conserva playas desérticas de arena blanca y fondos marinos de gran belleza. Las aguas del litoral son cálidas y están rodeadas de barreras de coral. El clima es tropical cálido y húmedo, y la flora y la fauna es de una diversidad extrema. La combinación de playa y visita a parques Nacionales del interior es una gran alternativa para el viajero.


Arena muy blanca en las playas de Kenia. (Foto: reppuli)

Y sin salir del continente africano, debemos mencionar la costa de Namibia que tiene la peculiaridad de que el desierto llega hasta el propio Océano Atlántico. El paisaje está dominado por altas dunas y el oleaje es intenso y constante. Se forman densas nieblas oceánicas, la mayor parte del año, como consecuencia de la Corriente fría de Benguela. El clima del litoral es inhóspito y la flora y la fauna están adaptadas a la aridez extrema. Al menos, 16.000 km2 de este maravilloso paraje forman parte del Parque Nacional Skeleton Coast Park, que además en 2013 fue declarado Patrimonio de la Humanidad. El macabro nombre se debe a los numerosos restos de barcos que han naufragado en estas costas como consecuencia de la niebla, los vientos y el fuerte oleaje.

Finalmente, es imposible olvidarse del Mar Caribe hablando de lugares paradisiacos. Se trata de un enorme mar interior situado sobre la placa del Caribe y conectado con el golfo de México y el Océano Atlántico. Este mar baña diversos territorios continentales e infinidad de islas en una zona de intensa actividad sísmica. Las corrientes del Caribe transportan grandes cantidades de agua desde el Océano Atlántico, a través de los pasos orientales, hacia el Noroeste llegando al Golfo de México vía el Canal de Yucatán.


Una paradisiaca playa de Samaná, en República Dominicana. (Foto: edhi)

El clima del Caribe está influido por las Corrientes Oceánicas del Golfo y de Humboldt, aunque el agua se mantiene cálida por su ubicación tropical. Los huracanes son un verdadero problema para las islas del Caribe por sus consecuencias devastadoras, incluso los arrecifes de coral se ven seriamente dañados por la acumulación de sedimentos. La flora y la fauna son de gran diversidad, con multitud de especies endémicas. Afortunadamente, en la Declaración de Margarita (2001), los países miembros de la Asociación de Estados del Caribe se comprometieron a desarrollar un conjunto de actividades relativas a la conservación de la zona. Huir de las construcciones excesivas, la sobreexplotación de recursos y la masificación, son elementos clave para la conservación y la continuidad de estos lugares.

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