Las conexiones que se investigan entre Petrobras y Odebrecht se están convirtiendo en un mazazo para la proyección y credibilidad de Brasilia en América Latina (ver en Hechos de Hoy, Lula da Silva y Dilma, acorralados por Petrobras y el escándalo Odebrecht).
En este escenario erizado de dificultades, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, alcanzó un récord de impopularidad entre todos los mandatarios evaluados por la encuestadora Datafolha desde 1990. se abre a la vez el riesgo de un juicio político.
Sólo un 8% de los entrevistados estima que el gobierno de Dilma Rousseff es excelente o bueno, frente a un 10% en junio. A la vez un 71% cree que la administración es mala o pésima- un 65% lo afirmó en una encuesta del mes pasado-.
Un 66% de los entrevistados cree que el Congreso debería abrir un proceso de impugnación a Dilma Rousseff, pero sólo un 38% estima que debería abandonar la presidencia.
Las cifras registradas por Datafolha marcan que Dilma Rousseff es la peor dirigente para la opinión pública de Brasil desde que la consultora comenzó a realizar encuestas a nivel nacional en 1990. El expresidente Fernando Collor de Mello era hasta ahora el que ostentaba este récord. En septiembre de 1992 sólo un 9% apoyaba su gestión, mientras que el 68% la desaprobaba.
La publicación de esta encuesta se produce en el marco de las maniobras políticas en Brasilia de la oposición para llevar a juicio político a la presidenta por el caso de corrupción en Petrobras. Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados, y otros congresistas del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSB) , votarán a favor de esa moción.
La oposición respalda la marcha en la que se pedirá el impeachment contra la presidenta. La fecha en la que se llevará a cabo la protesta será el 16 de agosto. Es el mismo día en que se celebró en 1992 una masiva manifestación el entonces presidente Fernando Collor de Mello. Cuatro meses después renunció al cargo. Este escenario, y el peso de la historia, está ya muy presente entre los colaboradores directos de Dilma Rousseff en el Palacio de Planalto.




