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ACCIÓN LOCAL, IMPACTO GLOBAL

Cómo podemos actuar para mejorar la eficiencia energética

Las políticas y campañas institucionales intentan convencer a los usuarios y consumidores de la trascendencia de la sostenibilidad ambiental y energética.

Hechosdehoy / Pilar Vicente
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Las políticas y campañas institucionales intentan persuadirnos de la necesidad de su constante aportación por la causa de la eficiencia energética: pensar globalmente, actuar localmente. Es una máxima eterna del ecologismo. Pero, ¿alcanza realmente nuestra acción individual a transformar la realidad contaminada que nos rodea? ¿Impacta realmente nuestra conducta sobre lo global? Aquí traemos algunas propuestas que demuestran la importancia que puede llegar a tener nuestra contribución personal.
 
El planeta Tierra tiene problemas que tienen relación directa con el crecimiento exponencial del proceso industrializador. Desde el punto de vista tecnológico y científico, se ha progresado más en los últimos 150 años que en todo el resto de la Historia de la Humanidad. Pero también se ha devastado más que nunca con efectos tan tremendos como el deterioro de la capa de ozono o la contaminación masiva de entornos naturales.
 
La solución a nuestros actuales problemas de crecimiento y desarrollo exigen que se cavile globalmente acerca de las posibles soluciones: existen serias perversidades en nuestro modelo de crecimiento que requieren reflexión por parte, no solo de los gobernantes, sino de la Sociedad global en su conjunto. Durante el desarrollismo de la expansión de la Revolución Industrial hasta nuestros días hemos saltado de una Sociedad cuyo modelo energético de basaba en el carbón –todo se movía con carbón, trenes, barcos, fábricas, calefacción…-, a una cuyo modelos e basa en otro combustible fósil muy parecido, el petróleo.

El llamado “oro negro” no provee solamente combustibles, sino también plásticos, gases y otras sustancias necesarias en nuestro actual modelo de desarrollo y que son difícilmente sustituibles. El pensador William Stanley Jevons, en 1865 en su obra titulada The Coal Question introdujo la Paradoja de Jevons, según la cual al “aumentar la eficiencia disminuye el consumo instantáneo pero incrementa el uso del modelo lo que provoca un incremento del consumo global”. Esta paradoja encierra la enorme contradicción de nuestro actual modelo de desarrollo y crecimiento: la eficacia con la que se usa un recurso, incrementa directamente el consumo de dicho recurso. Por lo tanto, hay que mentalizarse acerca del ahorro y la búsqueda de la eficiencia y las alternativas posibles a todo lo que usamos y consumimos.

 
Si el modelo de crecimiento de nuestras Sociedades opulentas y desarrolladas se ha basado en la devastación de los recursos naturales y de territorios enteros, muy difícilmente puede convencerse a los países en desarrollo a que tomen un camino diferente: el único modelo de éxito y crecimiento económico y social válido en el que se pueden fijar los países subdesarrollados es el que precisamente estamos criticando, no parece que exista ninguno otro o, por lo menos, ninguno otro tan rápido para lograr prosperidad que la Historia haya podido demostrar.

Cuando un equipo se vuelve eficiente en el uso de un recurso, el número de consumidores del mismo se incrementa y, por tanto, su uso no disminuye sino que aumenta. Se hace apetecible al consumo. El mejor ejemplo lo tenemos en el coche: por mucho que insistamos en que es caro de mantener, ineficaz energéticamente y costoso desde el punto de vista ambiental, nadie quiere prescindir de un auto. Lo que hay que buscar es otro tipo de autos más eficaces, menos ruidosos, más confortables y menos caros de mantener. Los expertos indican que la compra de un coche es el artículo al que más cantidad de nuestra renta destinamos.

 
La eficiencia energética no es la simple búsqueda de energías limpias, sino lograr sistemas cerrados que consuman la menor cantidad posible de energía, o que la que consuman lo hagan de manera eficaz. Se trata, en definitiva, de que no haya pérdidas inútiles. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos creó en 1992 el programa "Energy Star", que homologa la eficiencia de diversos productos y equipos. Uno de los más conocidos es el de las pantallas eficientes para PCs, puesto que muchas de ellas se importan a Europa con una pegatina que les identifica como eficientes o “de bajo” consumo.

Más recientemente, la agencia también ha designado edificios con Energy Star, y en el mundo existen otras agencias sin ánimo de lucro que promueven diferentes aspectos de la eficiencia energética. Un ejemplo es la Alianza para el Ahorro de Energía (ASE, Alliance to Save Energy) , con sede en los Estados Unidos pero que apoya a programas para aumentar la eficiencia energética en países de Europa del Este y China. En España el IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía) es el organismo adscrito al Ministerio de Industria, Energía y Turismo, que contribuye a la mejora de la eficiencia energética, energías renovables y otras tecnologías bajas en carbono y todos los países de la UE tienen organismos semejantes.

 
El coste de la energía, a debate
 
Todas las administraciones –locales, autonómicas y central-, tienen entre sus estrategias las de persuadir a los ciudadanos de la necesidad de su aportación personal y voluntaria en el impulso de una eficiencia energética que potencie la preservación del entorno y la economía de los recursos energéticos, tan costosos de producir y canalizar para beneficio general. Sin embargo, a veces, la utilidad de la acción individual nos parece ciertamente alejada de los problemas reales que padece el medio ambiente a escala planetaria.

Nada más alejado de la realidad: la combustión de cada una de las calderas de Londres en 1890 provocaba su característico smog, y la explosión de los motores de nuestros actuales coches es lo que acentúa la gravedad de la contaminación ambiental de nuestras capitales o la destrucción de la capa de ozono. La suma de muchos miles o millones del mismo tipo de acciones por cada uno de nosotros es lo que conduce, por ejemplo, a que desaparecieran los mamuts –en este caso por la caza sistémica- o, en nuestros tiempos actuales, descienda la procreación de las abejas, con consecuencias catastróficas tanto para la Humanidad como para todo el Planeta viviente en los procesos de polinización.

 
Pensar globalmente y actuar localmente continúa siendo una de las mejores opciones para cuidar el entorno y favorecer sistemas de eficiencia energética y cada una de nuestras modestas aportaciones tiene su efecto directo sobre nuestro entorno.
 
Cuando enchufamos un secador o encendemos la calefacción, ponemos en marcha un costosísimo mecanismo energético que se secuencia desde que se selecciona la fuente energética, hasta que llega al enchufe de nuestro domicilio, pasando por un complejo proceso de producción y transformación que adecúa la energía eléctrica –o cualquiera otra- a la mejor conveniencia de nuestros aparatos domésticos o profesionales.
 
Idénticamente ocurre con la energía que usamos en nuestros modos de desplazamiento públicos o privados –motos, coches, trenes, metro…-, para ir a trabajar, para el ocio o para las vacaciones. El gasóleo no es igual que la gasolina, o los motores híbridos no son igual que los eléctricos. Los efectos que cada una de nuestras elecciones pueda producir, es diferente en cada caso.
 
El descenso durante los últimos años en la venta por efecto de la crisis de vehículos con motores tradicionales de explosión, y el consiguiente aumento de los vehículos energéticamente eficientes, llevó durante el primer semestre de 2013 a una disminución del 30% en la recaudación del impuesto de matriculación. El Gobierno de España ya ha puesto en marcha tres planes PIVE (Programa de Incentivo al Vehículo Eficiente), que supone incentivos fiscales y exoneración en el impuesto de matriculación para autos eficientes energéticamente. Con ello se ha logrado ya que el 62% de los vehículos matriculados durante la primera mitad de 2013 no paguen impuestos porque son eficientes desde el punto de vista energético. Esto es un gran paso. El último PIVE sustituyó 150.000 vehículos de motor de explosión ahorrando 82 millones de combustible litros al año, suponiendo 2.171 toneladas menos de NoX y la mitad de emisiones de CO2.
 
Según los expertos, esta tendencia se incrementará en los próximos años, y lo que es una incipiente predilección que busca la experimentación entre diversos tipos de motorizaciones (híbridas o eléctricas de diverso tipo), acabará en la convergencia de propulsores y sistemas de recarga cada vez más homogéneo y capaz de satisfacer todas las necesidades de los usuarios, desde el transporte urbano convencional, hasta el ocio o los grandes trayectos por autopista.
 
Pero las prácticas de la eficiencia energética no se limitan solo a los coches. Hay dos grandes bloques de de acciones que se desarrollan simultáneamente para lograr una sociedad eficiente desde el punto de vista energético:
 
Las primeras son las que tienden a limitar el consumo de energía de aparatos, motores e instrumentos convencionales. La energía que se consume suele ser de tres tipos: por una parte, la eléctrica transformada desde diversas fuentes (hidráulica, renovables, nuclear, térmica…); la segunda, los demás tipos de energía, normalmente utilizados en calderas para caldeado de aguas y calefacciones (gas de diversos tipos, gasóleos, biomasa…), a veces utilizados industrialmente; y finalmente, la energía de los combustibles fósiles (gasolinas o gasóleos), utilizados en los motores de los vehículos (automóviles, camiones, autobuses, motocicletas, aviones…). El que la energía que se consuma por la Humanidad sea renovable no implica que lo utilizado sea eficiente desde el punto de vista energético.
 
El otro bloque de acciones con las que están desarrollando en estos momentos instituciones y centros de I+D+i en la búsqueda de sistemas que procuren, sencillamente, una mayor eficiencia. Estas soluciones tendrían aplicación, por ejemplo, en los cerramientos y aislamientos de las viviendas y edificios, la economización en la movilidad de los vehículos, los individuos y los transportes públicos o la iluminación viaria o privada, buscando que ahorren más en los consumos y que no existan pérdidas en el consumo de energía.
 
Modelos más eficientes serán los que utilicen también mejor las nuevas tecnologías. Se trataría de buscar sistemas y productos que sustituyan a los actuales para darnos las mismas satisfacciones pero con menores consumos y mayor rendimiento óptimo.
 
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