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A lo largo de mi carrera profesional he tenido ocasión de conocer muchísimos lugares del mundo, cada uno con sus pros y sus contras. El mundo no es como queremos que sea, sino como es realmente. Lo más fascinante que me ha pasado es conocer a mucha gente de culturas, razas y religiones diferentes. Y la conclusión a la que he llegado después de patearme el mundo es que hay gente estupenda en cada rincón del mundo y que todas las personas merecen la pena.
No importa lo rico o pobre que se sea. No importa lo que se coma. Lo importante es que siempre me he topado con gente que te echa una mano cuando hace falta. Y también me ha llamado la atención que muchas de las personas eran creyentes, aunque fuera de su propia religión.
En estos viajes he podido contemplar pirámides, templos antiguos, ruinas, tumbas famosas, e incluso un lugar santo muy especial, el Bosque de Pomac, que para la cultura peruana conocida como Sicán o de Lambayeque, era una especie de templo inmemorial donde se han encontrados importantes restos arqueológicos y el único tumi o cuchillo ceremonial, hallado en su contexto. Cerca de allí hay aún decenas de pirámides construidas en abobe, hoy medio derruidas en mitad de la selva.
Pero lo que siento como un verdadero privilegio es haber tenido la suerte de poder visitar casi todos los Lugares Santos de la Cristiandad. Resulta que de los cinco lugares Santos con que cuenta el catolicismo, tres de ellas se encuentran en España: Santiago de Compostela, Santo Toribio de Liébana, y Caravaca de la Cruz, ésta última declarada lugar santo por el papa Juan Pablo II en 1998. Tengo que confesar aquí que si he visitado Santiago de Compostela, pero que tengo pendiente mi peregrinación tanto a Caravaca como a Santo Toribio de Liébana. Los otros dos lugares Santos que he visitado son Roma, varias veces, y Jerusalén, en un viaje que es un privilegio porque agrupa otros cuantos lugares santos, como el Santo Sepulcro o el huerto de Getsemaní, que también visité.
Jerusalén, que es el lugar en que ocurrieron los hechos que se rememoran en la Semana Santa, es un lugar en que confluyen varias religiones y Ciudad Santa donde las haya, porque lo es también para varias religiones. Allí estaba construido el Templo judío de Jerusalén, donde siglos más tarde los árabes construyeron la Cúpula de la Roca, un lugar desde el que se dice que Mahoma subió a los cielos acompañado del arcángel Gabriel.
Hoy en día
Jerusalén no ofrece ninguna ventaja al peregrino cristiano sobre cualquiera otro, ni siquiera sobre los turistas, y para poder facilitar el viaje de peregrinación a lugar de convivencia tan complicada se está construyendo
Saxum (
www.saxum.org), un centro de peregrinaje en el que confluirán convivencias, peregrinaciones, retiros espirituales o cursos y conferencias y que se enclavará a quince kilómetros de Jerusalén, en las proximidades de la autovía que une esta ciudad con
Tel Aviv. Desde su página web se recogen donativos para todos aquellos que quieran contribuir a este gran proyecto y poder verlo consolidado. El centro, muy próximo también a
Belén, posibilitará que muchas personas puedan acercarse a los lugares santos y está promovido por la
Association for Cultural Interchange (
www.culturalinterchange.org) y quiere manifestarse como un lugar que ofrezca calor al peregrino cristiano.
Un lugar donde acercarse a una ciudad, Jerusalén, que vio morir a Jesucristo, y a quien la Semana Santa nos recuerda cada año que estos días no deberían ser solo un momento para las vacaciones, sino para pensar en cuál debe ser nuestro camino.