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NUEVO TEJIDO PRODUCTIVO

España sin sectores económicos. Planificar el crecimiento hacia el futuro

Crear la ilusión de que España crece resulta difícilmente creíble para quien lleva más de cinco años soportando los rigores de una crisis que ha sumido el país en la escasez y la precariedad.

Hechosdehoy / Pilar Vicente
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Es necesario crear un nuevo tejido productivo que convierta los millones de parados en fuerza del trabajo. Mario Conde sostenía hace poco que para que haya crecimiento tiene que hacer trabajo, y sentenciaba que “lo demás son ilusiones”. Pero ¿cuenta España con tejido productivo?
 
Pocos políticos se atreven a afrontar la situación de una España en la que no solamente hay ausencia de capital, sino en la que además hay falta de ideas para innovar. La musculación del Estado y de la Sociedad no se consiguen sustituyendo las personas que están al frente del Gobierno, sino planificando el crecimiento a largo plazo.
 
España ha dilapidado los sectores económicos y productivos tradicionales con los que contaba desde hace más de medio siglo, incluyendo no solamente los asolados de la agricultura y la ganadería por las PAC (Política Agraria Común de la UE), sino también sectores industriales que fueron estratégicos en un tiempo determinado, como los altos hornos y el acero, o la construcción naval. No fuimos capaces ni de reconvertirlos a finales de los años 80.
 
España ha sido sepultada por el peso de la desplanificación. Nuestro país ha venido disfrutando de inversiones de Fondos Europeos y de la ola del sector inmobiliario prácticamente durante casi 30 años. El ladrillo permitió absorber en España alrededor de 2 millones de puestos de trabajo –algunos analistas elevan los puestos de trabajo inducidos hasta los 3 millones-, y hay que reconocer que España tiene un problema estructural serio que desemboca en un desempleo poblacional masivo.
 
Hoy España, tras las políticas de integración en la Unión Europea, no cuenta prácticamente con sectores económicamente solventes ni viables.
 
Se dice, tristemente y con resignación, que España es un país de “servicios”, como si eso fuera un activo. Ciertamente que lo es, pero lo es porque no queda otra cosa más a la que acogerse. La pesca se ha visto igualmente muy afectada por las restricciones de los tratados europeos, y por la limitación de una flota poco respaldada por los Gobiernos, que no se han preocupado de mantener a la Armada presente en todos aquellos lugares donde nuestros hombres faenan y deben ser respaldados.
 
A España tan solo le queda el turismo y la hostelería. Parece que bares y restaurantes son lo único que funciona en nuestro país, y a eso lo llaman, eufemísticamente, “servicios”. El Turismo, con mayúsculas, costó decenios convertirlo en el sector solvente que es hoy, reconocido a nivel mundial. La planificación de este sector, pilar de nuestra actual economía, comenzó a diseñarse en los años 50, hace más de medio siglo.
 
Ya la Alemania de Hitler había visto en nuestro soleado país un destino propio para los castigados huesos de sus gerifaltes y funcionarios. Un diseño de Europa que preveía una España como lugar de descanso al estilo de la Cuba de los años 30, o como el mar Negro lo fue para la URSS.
 
Franco se quedó con la idea y sus gobiernos la desarrollaron, hasta convertirse en lo que es hoy, un sector que incluso exporta y recoge dividendos de todo el mundo. Hay que reconocer que la planificación se hizo adecuadamente, y que lo que hoy nos debería importar es planificar sobre otros sectores de la economía que, quizás y con mucho esfuerzo, puedan convertirse en 20 o 30 años en sectores pujantes de nuestra economía por los que hoy hay que apostar.
 
¿Cuáles podrán ser esos sectores sobre los que hoy habría que apostar denodadamente? Pues quizás aquellos que hoy nos parecen superfluos o carentes de interés. Desde luego, no por los que han apostado los gobiernos, que deberían ya ver en ellos un horizonte de futuro prometedor, y en los que nuestro país ya ha repuntado.
 
Quizás pudieran ser las nuevas energías limpias, múltiplemente desplegadas y ensayadas con éxito en nuestro país, quizás nuevas tecnologías alimentarias y piscícolas, en las que algunos empresarios españoles han puesto tanta ilusión, con una costa protegida y cuidada que lo puede proyectar. Quizás la biotecnología, en la que España destacó hasta que se cortaron los fondos de ayuda a la Investigación.
 
Lo que es indudable es que los Gobiernos que se suceden en nuestra nación no pueden quedar al socaire de la indefinición en las ideas y en la planificación, y que hoy más que nunca hay que apostar por impulsar la economía desde arriba, con aliento y fortaleza para lograr una reconstrucción que construya unos sólidos cimientos para el mañana.
 
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