Clima de ansiedad en La Moncloa. La ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, Carmen Montón, en el alambre. Pedro Sánchez vive su segunda crisis de Gobierno al estallar el llamado caso Máster Montón.
La ministra no quiere saber nada de las irregularidades cometidas en su máster. La Universidad Rey Juan Carlos (URJC) confirmó que las notas de su expediente fueron manipuladas. La ministra no supo (o no quiso) explicar en la Cadena SER, en el programa Hoy por hoy, cómo pudo presentar su trabajo de fin de máster, el TFM, sin haber aprobado todas las asignaturas.
Este nuevo escándalo ha abierto tensiones en el Gobierno. Especialmente el ministro de Exteriores, Josep Borrell, y la ministra de Economía, Nadia Calviño, están molestos ante una situación que se debe de zanjar.
Podemos, en una situación de fuerza en la negociación de los Presupuestos, ha exigido su destitución. Para Pedro Sánchez y su mano derecha, Iván Redondo, es un torpedo no esperado que apunta a la línea de flotación del llamado Gobierno bonito.
Por primera vez en el PSOE, en los altos círculos, hay sorpresa y decepción. El Gobierno no está en la gestión de los asuntos sino en capear los golpes de mar gruesa, en las rectificaciones, en la improvidación, en desahacer aciertos, y en la obsesión por lo frívolo y lo anecdótico. Carmen Montón, nuevo trago amargo después de Màxim Huerta. Ilustra con fuerza pedagógica de que la única obsesión era echar a Mariano Rajoy y ocupar La Moncloa para convertirla en un fortín.





