Canadá afronta el Mundial de 2026 con una mezcla de ilusión, talento y presión ya que ejercerá de coanfitriona junto a Estados Unidos y México y disputará apenas la tercera Copa del Mundo de su historia, aunque llega en un contexto muy distinto al de sus anteriores apariciones y con la intención de dejar de ser una promesa.
Los norteamericanos ya no son una selección exótica ni una invitada ocasional: Canadá es uno de los proyectos con más crecimiento de la CONCACAF y cree que ha llegado el momento de dar un paso al frente en la élite y luchar por no ser el peor de los tres anfitriones.
Después de regresar a un Mundial en 2022 en Catar tras 36 años de ausencia, los canadienses, que no brillaron demasiado en la última Copa Oro al caer en cuartos ante Guatemala, vuelven a la gran cita con una generación mucho más madura. Buena parte del bloque que sorprendió durante la clasificación para Catar sigue presente, pero ahora acumula experiencia internacional y varios de sus futbolistas compiten regularmente en las principales ligas europeas. El gran reto será convertir ese potencial en resultados, algo que todavía no ha logrado en los Mundiales, donde acumula seis derrotas en seis partidos.
El Grupo B ofrece motivos para el optimismo. Bosnia y Herzegovina, Catar y Suiza serán sus rivales en una fase de grupos que puede marcar un antes y un después para el fútbol canadiense. Jugar dos encuentros en Vancouver y debutar en Toronto supone además una ventaja ambiental que la selección espera aprovechar para conseguir la primera victoria mundialista de su historia y pelear por una clasificación inédita para las eliminatorias.
La convocatoria mezcla experiencia y renovación. Siguen siendo fundamentales nombres como Jonathan David, Cyle Larin, Stephen Eustaquio, Tajon Buchanan o Alphonso Davies, referentes de una generación que ha elevado notablemente el nivel competitivo del país. A su alrededor han aparecido futbolistas más jóvenes o incorporados recientemente al proyecto, como Promise David, Luc de Fougerolles o Niko Sigur, que amplían las opciones de una plantilla cada vez más profunda y diversa.
Jonathan David, el goleador que quiere romper moldes
Aunque Alphonso Davies continúa siendo la gran imagen internacional del fútbol canadiense, el peso ofensivo de la selección recae cada vez más en Jonathan David. El delantero llega al Mundial en plena madurez futbolística y convertido en uno de los atacantes más fiables surgidos de la CONCACAF en los últimos años.
Rápido, inteligente en los movimientos y con una enorme facilidad para encontrar espacios, David ha sido el principal referente goleador del equipo durante el ciclo mundialista. Su capacidad para jugar tanto como referencia ofensiva como acompañando a otro delantero le convierte en una pieza indispensable para Jesse Marsch.
Si Canadá quiere romper su techo histórico y alcanzar las eliminatorias, gran parte de sus opciones pasarán por la inspiración de un delantero acostumbrado a asumir responsabilidades en los grandes escenarios. Este curso llegó a la Juventus tras jugar las últimas temporadas en el Lille francés, aunque en su debut en la Serie A tan solo ha anotado 6 goles en 35 partidos.
Jesse Marsch, intensidad para romper la historia
El encargado de dirigir este proyecto es Jesse Marsch, un técnico que ha llevado su filosofía agresiva y vertical a la selección canadiense. Tras una larga trayectoria en la MLS y experiencias europeas en clubes como el Salzburgo, el Leipzig o el Leeds United, asumió el cargo en 2024 con la misión de consolidar el crecimiento del combinado nacional.
Su idea de juego encaja con las características de la plantilla: presión alta, ritmo intenso, transiciones rápidas y un fútbol directo capaz de explotar la velocidad de sus atacantes. Marsch ha insistido desde su llegada en que Canadá debe comportarse como una selección ambiciosa y no conformarse con competir dignamente.
El Mundial en casa representa una oportunidad única para acelerar el desarrollo del fútbol canadiense. Nunca antes el país había afrontado una Copa del Mundo con tanta expectación ni con una plantilla tan competitiva. La presión será elevada, pero también la oportunidad. Para Canadá, superar por primera vez la fase de grupos supondría mucho más que una clasificación: sería la confirmación definitiva de que ha llegado para quedarse entre las mejores selecciones.
Suiza, la incómoda especialista en sobrevivir
Lejos del foco de las grandes favoritas, Suiza se ha acostumbrado a llegar a las fases finales y competir de tú a tú contra cualquiera. Desde 1994 solo ha faltado a dos Mundiales, los de 1998 y 2002, y en cinco de sus seis últimas participaciones logró alcanzar los octavos de final, aunque siempre acabó encontrando ahí su límite.
También ha firmado actuaciones destacadas en las últimas Eurocopas, consolidándose como una selección incómoda, sólida y difícil de superar. El equipo dirigido por Murat Yakin llega además tras una fase de clasificación prácticamente impecable. Terminó invicto, mostró una notable solidez defensiva y volvió a exhibir una de sus principales virtudes: la capacidad para competir con una enorme regularidad independientemente del rival o del escenario.
Si hay un futbolista que simboliza la estabilidad y la competitividad de la selección suiza es Granit Xhaka. El centrocampista disputará su cuarto Mundial convertido ya en el jugador con más internacionalidades de la historia del combinado helvético. Y a sus 33 años, el capitán continúa siendo la referencia futbolística y emocional del equipo.
Julen Lopetegui con Catar
El equipo catarí, actualmente en el puesto 55 del ranking FIFA, selló su billete el pasado 14 de octubre de 2025 al imponerse por 2-1 a Emiratos Árabes Unidos en Doha. Los tantos de Boualem Khoukhi y Pedro Miguel culminaron una fase final en la que Los Granates mostraron una imagen mucho más sólida y competitiva bajo la dirección del español Julen Lopetegui.
La gran referencia del equipo continúa siendo Akram Afif, futbolista creativo, desequilibrante y líder ofensivo de una selección que sigue contando también con el olfato goleador de Almoez Ali. Ambos representan la columna vertebral de un grupo que mezcla experiencia internacional y una nueva camada de jugadores jóvenes impulsada por la fuerte inversión del país en el desarrollo del fútbol.
Entre las novedades de la convocatoria ampliada de Lopetegui aparecen nombres como el lateral Rayyan Al Ali, de apenas 20 años, y el central Niall Mason, defensor nacido en Inglaterra y con experiencia en el fútbol británico. Además, la posible presencia del veterano Sebastián Soria podría añadir un componente histórico al torneo.
El delantero uruguayo nacionalizado catarí, que cumplió 42 años el pasado noviembre, podría convertirse en el jugador de campo más veterano en disputar una Copa del Mundo, superando el histórico registro del camerunés Roger Milla en Estados Unidos 1994.
La venganza de Lopetegui
En el banquillo, Catar ha apostado por la experiencia internacional del español Julen Lopetegui para intentar consolidar el crecimiento del proyecto. El técnico español asumió el cargo en mayo de 2025 y apenas unos meses después logró conducir al equipo hacia la clasificación hacia una cita que es una especie de revancha personal, después de que fuese destituido por Luis Rubiales a pocos días del debut en Rusia 2018 con la ‘Roja’ por haber fichado por el Real Madrid.
Con un estilo más pragmático, ordenado y menos expuesto, Lopetegui ha tratado de construir una selección capaz de competir mejor contra rivales físicamente superiores, sin perder del todo la identidad técnica que Catar ha desarrollado durante la última década.
Bosnia y Herzegovina, el último baile de Dzeko para volver a hacer historia
La selección balcánica logró el billete por la vía más dramática posible. Después de finalizar segunda en su grupo de clasificación europea, por detrás de Austria, tuvo que jugarse el pase en la repesca. Allí sobrevivió a dos eliminatorias agónicas, ambas resueltas desde el punto de penalti. Primero eliminó a domicilio a Gales tras un gol salvador de Edin Dzeko en los minutos finales y después llevó un nuevo disgusto mayúsculo a Italia dejando fuera en Zenica de nuevo de un Mundial a la tetracampeona del mundo que partía como favorita, culminando una de las grandes sorpresas de la clasificación europea.
El delantero de Sarajevo cumplió 40 años en marzo, pero sigue siendo el gran referente de una selección que continúa girando en torno a su liderazgo dentro y fuera del campo. Máximo goleador histórico de Bosnia con 73 tantos y también jugador con más internacionalidades, el veterano atacante fue decisivo durante la clasificación.
Marcó seis goles en la fase regular y firmó el tanto que mantuvo con vida a su selección ante Gales en la repesca, un cabezazo en los minutos finales que abrió la puerta de una clasificación que parecía escaparse. Su presencia conecta directamente a la Bosnia actual con la que disputó el Mundial de Brasil 2014. Junto a Sead Kolasinac, es el único superviviente de aquella plantilla.
Aunque los años han reducido parte de su explosividad, mantiene intacta su inteligencia para interpretar el juego, fijar centrales y aparecer en los momentos decisivos. A su alrededor han crecido atacantes como Ermedin Demirovic o Haris Tabakovic, pero Dzeko sigue siendo el rostro de una selección que busca regalarle una despedida mundialista a la altura de su leyenda.
Sergej Barbarez, de ídolo al banquillo
Al frente del proyecto se encuentra Sergej Barbarez, uno de los futbolistas más queridos de la historia reciente del país. Internacional bosnio entre finales de los 90 y mediados de los 2000, construyó una destacada carrera en la Bundesliga antes de asumir el reto de dirigir a la selección nacional en 2024. Su llegada coincidió con un momento delicado para Bosnia, que atravesaba una profunda renovación generacional.
Barbarez apostó por devolver protagonismo a varios jóvenes talentos sin renunciar a la experiencia de figuras históricas como Dzeko o Kolasinac, y poco a poco logró construir un equipo competitivo. Con un planteamiento generalmente basado en el equilibrio y el orden táctico, el técnico de Mostar ha sabido sacar rendimiento a una plantilla menos brillante que otras generaciones anteriores, pero muy comprometida.





