Aquí se sentaba Ramón María del Valle-Inclán, allí Antonio Buero Vallejo, un poco más allá Camilo José Cela y en este rincón Pérez Galdós. Cada silla del Café Gijón de Madrid lleva una etiqueta invisible, capaz de relatar las tertulias culturales de algunos de los máximos exponentes de la Literatura española, el ruido de las plumillas escribiendo versos o líneas de obras cumbre, o las aspiraciones de jóvenes literatos que allí encontraron a sus idolatrados referentes. El Café Gijón, cuatro muros que por fin fueron declarados Bien de Interés Cultural.
Ubicado en el Paseo de Recoletos y fundado en 1888 por el asturiano Gumersindo Gómez, el Café Gijón fue sometido a votación por la Comisión de Vicepresidencia, Cultura y Deportes de la Asamblea de Madrid. Por unanimidad, los integrantes de dicha comisión aprobaron declarar a este espacio un Bien de Interés Cultural en la categoría de Hecho Cultural.
Una luz de esperanza para los dueños del Café Gijón, quienes perdieron recientemente la terraza del bar al haber presentado otra empresa una oferta mucho mayor para hacerse con la adjudicación de ese espacio. Y es que a pesar de que esta nueva situación no les permita recuperar la terraza -según fuentes consultadas por Hechos de Hoy-, bien es cierto que el reconocimiento servirá para revisar la historia de un espacio que ha sido espíritu para los principales autores del último siglo.
Tan sólo resta un año para que el Café Gijón celebre su 125 aniversario. Un lugar que es mucho más que una cafetería, cargado de historia, lugar de reunión de la Generación del 36 e inspiración del prestigioso Premio Café Gijón, creado por Fernando Fernán Gómez, Gerardo Diego, Camilo José Cela y Enrique Jardiel Poncela, entre otros.
Vargas Llosa en el Café Gijón




