Todo es brutal. El tiroteo de Dallas, matando a quemarropa y por la espalda a policías, conmovió. Murieron cinco agentes en el ataque más grave en Estados Unidos desde 2001.
Las cifras son estremecedoras y polémicas. Sujetas a muchos análisis. Pero ahí están con toda su frialdad: Más de 120 negros muertos a manos de la policía en 2016 en Estados Unidos. La tensión racial camina hacia escenarios de fractura.
Los acontecimientos de Dallas adquirieron tal gravedad, que tanto por el Partido Republicano como por el Partido Demócrata hay contención. Donald Trump y Hillary Clinton suspendieron su campaña. En Varsovia, en el marco de la cumbre de la OTAN, Barack Obama expresó su profundo dolor y su consternacion (ver en Hechos de Hoy, Dallas, un ataque "atroz, calculado y despreciable" contra los policías).
El sospechoso de matar a cinco policías en Dallas dijo que quería “asesinar blancos”. Los trágicos asesinatos se produjeron durante una manifestación por la muerte de dos ciudadanos negros en 48 horas. Seis policías están heridos y hay tres detenidos. El tirador abatido al final fue identificado como Micah Xavier Johnson.
Actuó como francotirador matando a cinco policías e hiriendo a otros siete. Es un reservista afroamericano de 25 años residente en las afueras de la ciudad de Dallas. La investigación no está cerrada. Pero se sabe que Micah Xavier Johnson, antes de ser abatido, habló de su “enfado” con la muerte de negros a manos de policías. Estaba “enfadado con los blancos”. “Quería matar blancos, específicamente agentes blancos”, dijo el jefe de la policía de Dallas, David Brown, en la confirmación del final de la tragedia.
El diario The Dallas Morning News confirmó que no estaba fichado, ni era observado por las fuerzas policiales, FBI o servicios secretos. Sin antecedentes ni tampoco lazos con los grupos terrotrstas. Son los primeros datos de la investigación. Hay muchas incógnitas aún. Y graves sospechas en todas las direcciones.




