Miles de personas se habían manifestado en las principales ciudades de Estado Unidos para protestar contra la muerte de dos hombres afroamericanos, tiroteados por las fuerzas de seguridad. Las protestas han tenido lugar en todo el país, de Chicago a Nueva York y ciudades del sur, y todas han discurrido de forma pacífica.
Expresaban su repulsa y profunda indignación por dos ciudadanos que murieron tiroteados por la Policía en circunstancias que están bajo investigación. Se trata de Alton Sterling, de 37 años, abatido a tiros en Baton Rouge, Louisiana, cuando había sido reducido por los agentes; y Philando Castile, de 32, que recibió varios disparos en el pecho dentro de su vehículo en St. Paul, Minesota, cuando iba a identificarse ante los agentes.
Estados Unidos ya ha vivido varios momentos de tensión racial desde hace más de un año, especialmente -como informó Hechos de Hoy– tras la muerte en la ciudad de Ferguson, en el estado de Misuri, en agosto de 2104, del joven negro desarmado Michael Brown a manos de un agente blanco, que luego fue exonerado de todos los cargos.
Ahora giroó al peor escenario con el dramático final de la marcha de Dallas en protesta por las muertes, una manifestación que era vigilada por la Policía. De repente estalló el drama y la tragedia.
Cinco policías murieron y otros seis resultados heridos al estallar un tiroteo. Según explicó David Brown, el jefe de Policía de Dallas, quienes atacaron a la Policía eran francotiradores. Dispararon desde posiciones elevadas contra los agentes que controlaban el recorrido por donde debía discurrir la manifestación. Los tiradores calcularon la trayectoria para hacer el mayor daño posible, y algunos de los agentes recibieron los disparos por la espalda.
"Querían herir o matar al máximo número posible de agentes", señaló el jefe de Policía, que ha calificado lo ocurrido de "emboscada". "Nuestra peor pesadilla ha ocurrido", ha declarado el alcalde de Dallas, Mike Rawlings. "Es un momento muy duro para la ciudad".




