Mariano Rajoy sorprendió al elegir al portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Alfonso Alonso, como sucesor de Ana Mato. El nuevo ministro de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad toma posesión de su cargo este miércoles.
Cuatro claves interesantes: le vicepresidenta robustece su figura pese a la polémica que se generó con su actuación en la votación del 9-N; el presidente buscó un perfil alejado de Génova (los cuarteles generales del Partido Popular); fichó a una personalidad dialogante con peso político para el Consejo de Ministros; y no cedió a presiones de personalidades en la esfera de influencia de María Dolores de Cospedal.
Fue una sorpresa. En las quinielas habían figurado los nombres de la actual secretaria general de Sanidad, Pilar Farjas; el secretario de Sanidad y Asuntos Sociales del Partido Popular y consejero de Castilla-La Mancha, José Ignacio Echániz, y la secretaria de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Susana Camarero.
Alfonso Alonso, de 47 años, nació en Vitoria. Allí comenzó su actividad como concejal en 1996. Tres años después fue propuesto por su partido como candidato a la alcaldía, cargo que ocupó entre 1999 y 2007. Es licenciado en Filología Románica y Derecho, está casado y es padre de cuatro hijos.
Hay datos políticos en este nombramiento. El presidente quiso que trascendiera el peso e influencia de la vicepresidenta -el nuevo ministro es un "sorayo" confeso como él mismo se autocalificó-. Quiso aprovechar además la crisis de Ana Mato para avanzar con decisión en rectificar y cambiar. Alfonso Alonso es ante todo un perfil político sensato, muy pegado a lo que sucede a pie de calle, y atento a escuchar. Mostró estas cualidades en su etapa de alcalde de Vitoria.
Ha dejado además está manera de actuar -como se destacó a Hechos de Hoy– en el Congreso de los Diputados. En el balance de este cambio -que muestra por tanto la fortaleza de la vicepresidenta, Soraya Sáez de Santamaría– el Gobierno ganó un ministro de perfil muy político. El Grupo Popular en cambio perdió un buen portavoz. Alfonso Alonso tiene olfato político y atención a las inquietudes sociales. El presidente buscó lo mejor de la crisis imprevista antes del decisivo pleno sobre la corrupción política.
Fue mejor perfil que podía esperarse para una cartera que se convirtió en flanco de críticas, y tormenta que pudo acabar en pesadilla mayor en la crisis del ébola.







