La canciller de Alemania dejó muy claro en su visita a España que no desea una crisis entre Rabat y Madrid. Y que considera a Marruecos, como a Turquía, países claves para la Unión Europea.
Alemania no quiere bajo ningún concepto la infiltración de Marruecos por mafias, corrupción, negreros y el crimen organizado. Por decirlo claramente, a Alemania le preocupa de forma extraordinaria que el Marruecos de Mohamed VI puede precipitarse en un caos como el de Libia. Todos sus mensajes en España -de forma pública y privada- fueron en esa dirección ("no hablar de África sino pensar en África").
También subrayó en España, en sus conversaciones, y en su conferencia de prensa, la diferencia entre los conceptos de migrantes, inmigración ilegal, y solicitantes del estatus de refugiados. Son los negreros quienes han alimentado la extrema confusión, de manera intencionada.
Correcta la relación con Pedro Sánchez pero con la impresión de la canciller del clima que hay hoy en España -es una reflexión no oficial- de propaganda en las acciones políticas. Tomó buena nota de la reacción espontánea que hubo en Sanlúcar de Barrameda hacia el presidente del Gobierno de exigirle elecciones inmediatas y de calificarle como "okupa" de La Moncloa con el aluvión de cargos y nombramientos, incluido el de su esposa (un nombramiento del marqués de La Romana que la Moncloa aceptó).
Al grito de "¡Fuera, fuera!" recibieron a Pedro Sánchez en la playa de Bajo de Guía, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). La comitiva del presidente del Gobierno provocó un gran revuelo entre los veraneantes y vecinos que allí se encontraban. Muchos le exigieron "elecciones" y le consideraron un "okupa".




