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Vivimos días duros, aciagos, de confusión, que reclaman verdad

Vítores para el Rey y la presidenta en Alcalá a la salida del Premio Cervantes (Foto: @CasaReal)

MENSAJE DEL REY

Vivimos días duros, aciagos, de confusión, que reclaman verdad

Sánchez, un mes sin actos fuera de La Moncloa. El Rey y la Reina entregaron el premio Cervantes a Álvaro Pombo, que hizo un esfuerzo para asistir a pesar de su estado de salud. Sánchez no acudió, aunque no tenía nada en su agenda, para evitar los abucheos. Ausente, no lo logró.

Hechosdehoy / María Céspedes Pinzas

Un baño de masas en Alcalá. El Rey Felipe VI y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, recibieron  los aplausos y vítores de las personas agolpadas en la puerta principal de la Universidad de Alcalá de Henares donde Álvaro Pombo recogió el Premio Cervantes 2024.

Una ceremonia de luto

En los hechos de hoy, miércoles 23, el Rey, de manera muy precisa, destacó que “vivimos días inciertos que piden claridad; días duros, y para muchos, aciagos, que demandan bondad; días de confusión que reclaman verdad”.

En el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, emocionante entrega del Premio Cervantes a Álvaro Pombo (Santander, 1939). El escritor hizo un enorme esfuerzo para acudir a la ceremonia a pesar de su delicado estado de salud. Lo hizo en silla de ruedas, con chaqué, con corbata negra y con un gorro de lana.

Era muy consciente que recogía el galardón más importante de la cultura en español de manos de los Reyes quienes se mostron  muy cariñosos con él y actuaron con tran delicadeza. Lamentablemente, como destacó Hechos de Hoy, el presidente del Gobierno no acudió al acto aunque no tenía nada previsto en su agenda. Actuó preventivamente para evitar los abucheos a la llegada como a la salida. Pero, pese a su ausencia, los recibió con mayor fuerza aún.

La ceremonia se celebró en medio del luto oficial por la muerte del papa Francisco. Con las banderas a media asta, el Rey no recibió recibido honores militares, como es habitual a su llegada a esta ceremonia. Tanto el Rey como la Reina acudieron vestidos de negro. El Rey, con el tradicional chaqué y chaleco negro, y la Reina, con un vestido midi de color negro. También el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, acudió de chaqué. Y tanto la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, como la alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet, asistieron de luto riguroso.

La intervención de Mario Crespo

El Rey y la Reina entregaron el Premio Miguel de Cervantes 2024 a Álvaro Pombo García de los Ríos, concedido por el Ministerio de Cultura. El día anterior, los Reyes presidieron un almuerzo, en el Palacio Real de Madrid, a una representación del Mundo de las Letras, con ocasión de la entrega de este galardón.

A su llegada al Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, los Reyes recibieron el saludo del ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; y la alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet. Tras los saludos el Rey y la Reina se dirigieron al Paraninfo de la Universidad y ocuparon su lugar en la mesa presidencial.

El Rey abrió la sesión y concedió la palabra al ministro de Cultura, Ernest Urtasun; y a la directora general del libro, del cómic y de la lectura, María José Gálvez que procedió a la lectura del acta de concesión del premio. A continuación el Rey y la Reina  hicieron entrega del premio a Álvaro Pombo.

Una vez recogido el premio, el académico correspondiente por Cantabria y escritor Mario Crespo, en nombre del galardonado, dirigió unas palabras a los asistentes al acto. Tras estas palabras, el Rey pronunció su discurso en el que destacó que “con la claridad del maestro, del buen maestro, Álvaro Pombo nos habla, en su obra, de la bondad y la verdad”.

El jurado otorgó el premio a este autor por “su extraordinaria personalidad creadora, su lírica singular y su original narración”. “A su notabilísimo nivel como poeta y ensayista, se une el ser uno de los grandes novelistas de nuestra lengua que indaga en la condición humana desde las perspectivas afectivas de unos sentimientos profundos y contradictorios”.

Además, el jurado ha señalado que, en sus creaciones, “muestra el mundo a través de la construcción de un lenguaje en el que las deformaciones de la realidad aparecen reflejadas bajo el disfraz de la ironía y del humor”. ·En su prosa, la oralidad se refleja en la voluntad de un estilo que aspira al escribo como hablo valdesiano. Álvaro Pombo ha creado aquello que define a los grandes escritores, un mundo literario propio imperecedero e imprescindible que conmueve y conduele”.

El jurado

El jurado ha estado presidido por Luis Mateo Díez, autor galardonado con el Premio Cervantes 2023 y ha actuado como vicepresidenta María José Gálvez, directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura del Ministerio de Cultura. Además, el jurado ha estado formado por los siguientes vocales: Carme Riera, por la Real Academia Española; Rosa Betty Muñoz, en representación de la Real Academia Chilena de la Lengua; Jaime Garau, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Cuauhtémoc Pérez, por la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUALC); Luisa Castro, por el Instituto Cervantes; Ángeles García, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); Benjamín Torres, por la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP); Minni Swahney, por la Asociación Internacional de Hispanistas; Marta Sanz Pastor, por el Ministerio de Cultura; y Rafael Cadenas, escritor galardonado en la edición de 2022.

La trayectoria de Álvaro Pombo

Álvaro Pombo García de los Ríos nació en Santander en 1939. Es Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid y Bachelor of Arts en Philosophy por el Birkbeck College de Londres. Es miembro de la Real Academia Española de la Lengua desde 2004.

El autor cuenta con extensa trayectoria, con casi medio siglo de publicaciones, entre novelas, relatos, artículos en prensa, ensayos y libros poéticos.

Ha recibido diferentes premios y distinciones como el XIII Premio Fundación Francisco Umbral al mejor libro de 2023, el XXXV Premio Internacional Menéndez Pelayo en 2023 otorgado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, el Premio Honorífico de las Letras de Santander en 2018, el Premio Nadal, por ‘El temblor del héroe’ en 2018, el Premio Planeta, por ‘La fortuna de Matilda Turpin’ en 2006, el Premio Salambó, por ‘Contra natura’ en 2006, obra por la que también recibió el Premio Ciudad de Barcelona en 2005, el Premio de Periodismo ‘El Correo’, por su artículo ‘Viaje irreal a Bilbao’ en 2006, el Premio Periodístico sobre Lectura que otorga la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, por su artículo ‘Libros nuevos y renuevos de abril’ en 2004, el Premio Fastenrath, por ‘La cuadratura del círculo’ en 2001, mismo año en el que se le otorgó el Premio Fundación José Manuel Lara, por ‘El cielo raso’, el Premio Ciudad de Barcelona y el Premio Nacional de Narrativa, por ‘Donde las mujeres’ en 1997, el Premio de la Crítica, por ‘El metro de platino iridiado’ en 1991, el Premio Herralde, por ‘El héroe de las mansardas de Mansard’ en 1983 y el Premio de Poesía El Bardo, por ‘Variaciones’ en 1977.

El Premio de Miguel de Cervantes

Mediante la concesión de este premio, dotado con 125.000 euros, se rinde anualmente público testimonio de admiración a la figura de un escritor o escritora que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico.

Puede ser galardonado con el Premio Cervantes cualquier autor o autora cuya obra literaria esté escrita totalmente, o en parte esencial, en castellano. Los candidatos al Premio los pueden presentar las Academias de la Lengua Española, los autores premiados en anteriores convocatorias, las instituciones que, por su naturaleza, fines o contenidos, estén vinculadas a la literatura en lengua castellana y los miembros del Jurado

El discurso íntegro del Rey

Por su importancia e interé, recogemos ínyegro el discurso del Rey en el acto:

“Gracias a la ciudad de Alcalá de Henares, cuna Cervantina, y a su querida Universidad por acoger nuevamente esta ceremonia, como llevan haciendo casi 50 años, en la que hacemos entrega del máximo galardón de Literatura en lengua castellana. Dais igualmente cobijo y proyección a la variedad, riqueza y belleza de la creación literaria en la patria amplia y universal del español, ese “Territorio de La Mancha” que definió aquí mismo el mexicano Carlos Fuentes “como el más grande país del mundo”.

Presidir este acto es siempre, para la Reina y para mí, un motivo de alegría principalmente por tres razones: es la fiesta de la creación literaria, es el recuerdo de Miguel de Cervantes y es la entrega del premio que lleva su nombre. Son tres motivos de celebración que se resumen en uno solo: el lenguaje.

Nos dice Álvaro Pombo, nuestro premiado de 2024, lo siguiente: “El lenguaje, que es la gran creación humana, se sirve de los escritores para expandirse, para ampliar nuestra manera de acceder al mundo. Cada palabra es un camino que nos permite iluminar una parte de la realidad. Y si esa palabra se pierde, perdemos la realidad que descubría. Cada escritor es también un modo de iluminar la realidad. Tiene una misión de claridad”.

Los datos biográficos de nuestro premiado les son, a muchos de ustedes, familiares. Nació en Santander y sigue manteniendo una relación lingüística con Cantabria, por los modismos y los paisajes que incluye en sus obras. Recriado en la meseta castellana, ha explicado la conversión estética -ascética podríamos decir- que le supuso pasar del suave paisaje santanderino a la dura belleza del páramo.

Educado en una familia acostumbrada a contar historias, ha descrito agudamente la sociedad ilustrada provinciana y Un gran mundo, como se titula una de sus novelas. Consciente del dramatismo de la vida, ha defendido la importancia del humor, y está convencido de que la sabiduría consiste en venerar las cosas serias y en reírse de todo lo demás, incluido uno mismo.

La obra literaria de Pombo es amplia y ha sido ampliamente galardonada. Incluye poesía, novela y ensayos como La ficción suprema. Asalto a la idea de Dios. Según su biografía, fue primero poeta, puesto que su primer libro –Protocolos- es un libro de poemas.

De la poesía trajo a la novela su peculiar amor por la palabra exacta. Repite, aplicándosela a sí mismo, una frase de R.M. Rilke: “Era un poeta y odiaba lo impreciso”. De la poesía trae también el ritmo. Cuando le han preguntado por qué dicta las novelas en vez de escribirlas, ha contestado que lo hace para no perder la musicalidad de la palabra dicha.

Aunque su creación es variada y plural, quiero dedicar mis palabras a comentar dos aspectos esenciales de la obra de Álvaro Pombo, que le confieren un perfil singular en el panorama actual, y que, en mi opinión, resultan importantes para la sociedad española en su conjunto. Me refiero a su interés por la bondad y por la verdad.

Comenzaré por la bondad: el interés poético y literario por la bondad resulta sorprendente, porque diríase que la maldad -y conste que me refiero al ámbito literario- ofrece más posibilidades. Tal vez en esto Cervantes sea un gran precedente. Lo que caracteriza la moral del caballero andante es “desfazer entuertos”, la lucha por la justicia y la ayuda al débil. “He cumplido gran parte de mi deseo -dice don Quijote- socorriendo viudas, amparando doncellas, favoreciendo casadas, huérfanos y pupilos”. Su lema es grande y sencillo: “Perdonar a los humildes, castigar a los soberbios y socorrer a los miserables”.

De esa bondad, reconocible siempre en el obrar de nuestro caballero andante, nos habló también aquí Mario Vargas Llosa al recoger su Cervantes en 1994. Cito sus palabras textuales como recuerdo y homenaje a su inmensa figura. Decía Vargas Llosa: “incluso para sus contemporáneos, que leyeron el libro riéndose a carcajadas y vieron en él sólo una novela risueña, el esmirriado manchego que arremete contra molinos de viento creyéndolos gigantes, toma la bacía de un barbero por el yelmo de Mambrino y ve castillos y palacios en las ventas del camino, apareció como un ser moralmente superior, empeñado en una aventura noble e idealista, aunque, a causa de la desbocada fantasía que enturbia su razón, todo le salga al revés”.

Álvaro Pombo ha comentado que Dostoievski intentó durante toda su vida contar la historia de un hombre bueno, y no lo logró a pesar de sus esfuerzos. Pombo no es un ingenuo. No piensa que todo el mundo sea bueno, sino que sería deseable que lo fuera. De hecho, ha retratado con profundidad personajes malvados en alguna de sus obras, como Los delitos insignificantes, Contra natura o El Exclaustrado, pero siempre ha presentado la maldad como un fracaso, como una oportunidad perdida, insistiendo en la vulgaridad del mal. No hay en él nada grandioso. En cambio, la bondad le parece lo inaudito, lo brillante, la gran creación.

Ese interés por la bondad resulta un tanto desconcertante en nuestro autor. Parece contracorriente ese interés por los personajes buenos, por la santidad, que considera una misteriosa posibilidad del ser humano, y que ha plasmado en obras como Ludmila, un conmovedor cuento, El metro de platino iridiado, o en la Vida de san Francisco de Asís. 

Este contraste entre la bondad y la maldad también se da en su poesía, donde aparece la negrura, pero acaba triunfando la luz, como indica el título de uno de sus libros de poemas: Protocolos para la rehabilitación del firmamento, en el que se sorprende ante la algarabía de las palomas, el brillo de los membrillos, o el milagro de que la jarra contenga el agua.

El segundo tema central en la obra de Pombo es la verdad. También aquí Cervantes sirve de precedente. (Por cierto, hago notar, si nuestro autor nos lo permite, que la edad le ha conferido un noble aspecto quijotesco). El mismo Alonso Quijano afirma: “Las órdenes de caballería nos mandan que no digamos mentira alguna”. Añade: “Andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores, que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las vuelven según su gusto y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos”. Y termina con una afirmación tajante: “Yo sé quién soy”.

Es muy relevante que el tema del discurso de ingreso de Álvaro Pombo en la RAE, pronunciado en 2004, llevara por título “Verosimilitud y verdad”. Parece que el tema de la verdad es más filosófico que literario, pero no hay que olvidar que Álvaro Pombo cursó la carrera de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, y volvió a cursarla en el Birkbeck College de Londres, tal vez en un intento de fusionar la filosofía continental con la filosofía anglosajona.

Como prueba de la capacidad de integrar contradicciones de nuestro homenajeado, (que no en vano ha escrito un libro titulado La cuadratura del círculo), mientras escalaba las grandes alturas metafísicas se ganaba la vida de limpiando casas o de telefonista en un banco. La huella de experiencias tan distintas hace que sus novelas sean siempre imprevisibles, y es ese otro de sus muchos aciertos: no sabemos si en la página siguiente va a citar a Heidegger o a hablarnos de su gato, como en su novela El destino de un gato común. 

Sus obras nos animan a dirigirle una pregunta ¿por qué buscar en la literatura la verdad, en vez de buscar la emoción, la aventura, la intriga, la ficción o el éxito? Álvaro Pombo lo ha explicado: “yo tenía en mi juventud la convicción de que la verdad no era una cuestión lógica, una propiedad de los juicios, sino que era el descubrimiento de una realidad que casi siempre estaba escondida”.

La novela era también una manera de contar la verdad de las relaciones humanas, de sus amores, de sus odios. La literatura tiene una misión de claridad, no lo olvidemos. Consiste en articular lo inarticulado, en dar voz a sentimientos confusos, a situaciones confusas, a ideas confusas que pueden conducir a desenlaces terribles. Esa pasión por la verdad le ha hecho interesarse por la historia como tema literario. Se ocupó de las cruzadas en La cuadratura del círculo, de la aventura mexicana de los cristeros en Una ventana al norte y de la guerra civil española en Santander, 1936.

En este afán de encontrar la verdad narrativamente hallamos la lección más profunda de la obra de Álvaro Pombo, la que deberíamos aprender todos. Lo importante es comprender lo que pasa y lo que nos pasa. Y en el ámbito social, comprendernos. Después podremos juzgar, pero antes tenemos que comprender. Y para ello, dice Pombo, la Filosofía suele subir demasiado aprisa a la abstracción. La novela es más humilde, más pegada a lo concreto, atiende al detalle y se detiene en el matiz. Esa pasión por comprender conduce a Álvaro Pombo a explorar el mundo femenino en Donde las mujeres, el mundo infantil, en La aparición del eterno femenino y la religión en La ficción suprema o en Quédate con nosotros, Señor, porque atardece.

Señoras, señores,

En los tiempos que vivimos, los valores citados -claridad, bondad, verdad- son como faros que han de guiarnos en una búsqueda incesante. Vivimos días inciertos que piden claridad; días duros –y para muchos, aciagos─ que demandan bondad; días de confusión que reclaman verdad.

Con la claridad del maestro, del buen maestro, Álvaro Pombo nos habla, en su obra, de la bondad y la verdad. Por ese motivo, este premio Cervantes, el más alto galardón de las letras españolas, es, además de merecido, beneficioso para la sociedad en su conjunto. Y por eso a nuestra enhorabuena, la de tantos y tantos lectores, le añadimos un gigantesco GRACIAS.

Felicidades Álvaro Pombo, Premio de Literatura en lengua Castellana Miguel de Cervantes, 2024.

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