Frankfurt ha vivido este miércoles desde primera hora de la mañana los disturbios más violentos en décadas con motivo de la inauguración de la nueva sede del Banco Central Europeo (BCE). Caos en las calles centrales de la ciudad con barricadas y coches de policía incendiados, helicópteros sobrevolando las zonas más conflictivas, mientras que en lo alto de la torre se celebraba la inauguración del organismo que preside Mario Draghi.
Hasta el final de la mañana, la policía detuvo a cerca de 550 activistas convocados por el grupo anticapitalista Blockupy, contrarios a las políticas de austeridad y que llegaron en tren y decenas de autobuses desde diferentes puntos del país. Los manifestantes, algunos de ellos encapuchados, se enfrentaron a pedradas con la policía desplegada en el centro de la ciudad.
Pese a las fuertes medidas tomadas ya durante la noche con alambradas y gran vigilancia, al menos tres vehículos policiales fueron incendiados. El Ayuntamiento de Frankfurt también sufrió ataques, al igual que numerosos comercios y oficinas bancarias que acabaron con sus escaparates destrozados. También ardieron algunos coches particulares.
Al menos 88 agentes resultaron heridos, según datos de la policía, 8 de ellos fueron alcanzados por piedras, los otros 80 fueron atacados con una sustancia corrosiva. Por su parte, Blockupy -organizador de las protestas contra la política de crisis de la Unión Europea- también han informado de un gran número de heridos y han condenado el "uso de la fuerza por parte de la policía", según su portavoz Ulrich Wilken. "No es así como habíamos planificado nuestra protesta", declaró.
La nueva sede del BCE, diseñada por el grupo austriaco de arquitectos Coop Himmelb(l)au junto a la Grossmarkthalle, un edificio industrial protegido que data de 1928, está formada por dos torres gemelas de 182 metros en cemento, vidrio y acero, ha costado más de 1.200 millones de euros. Las obras han durado cinco años.
La construcción de la nueva sede




