Los detalles fueron importantes por parte de Francisco. Recibió a Mauricio Macri en la Biblioteca del Palacio Apostólico para dar solemnidad a este encuentro entre el Papa y el presidente de Argentina (ver en Hechos de Hoy, Rogelio Pfirter allanó la primera reunión de Mauricio Macri y Francisco).
Fue un momento muy especial, gobernado con prudencia en Ciudad del Vaticano. La misma que existió inicialmente entre el jesuita Jorge Mario Bergoglio y Cristina Kirchner. Ese clima inicial se vivió con Mauricio Macri estando muy presentes en el ambiente los desencuentros (pasados y muy recientes).
Francisco es una persona independiente, habiendo marcado con firmeza los pilares de su papado. En su viaje a México, el mayor látigo fue sin duda para los obispos por falta de ejemplaridad y humildad. Y llamada severísima al poder político de rebelión cívica contra la peor lacra que es la del narcotráfico con lo que conlleva de corrupción política, crimen organizado y trata de seres humanos.
Fue un escuentro de 22 minutos sobrio. Sin sonrisas ni concesiones. Mauricio Macri, distendido a su llegada, y Francisco, sobrio y atento.
En los regalos de esta visita, detalles importantes, el Papa ofreció al presidente de Argentina el nuevo medallón del Vaticano decorado con un olivo. Simboliza la unidad, los mensajes de Evangelii Gaudium y Laudato si. Mauricio Macri llevó a esta audiencia como detalles para el Papa una cruz de Matará, un poncho de vicuña y 12 discos de tango y chamamé.
En la relación de Francisco con Cristina Kirchner existió una química especial. El Papa intuía que estaba a punto de acabarse un ciclo en su país que sería difícil de comprender y aceptar por todos. Ahora con Mauricio Macri, con la realidad cierta de este nuevo tiempo político, el Papa busca la relación institucional. Más que en ningún otro país, y siempre pensando en las señas de identidad de su querida metrópoli, Buenos Aires, Francisco quiere ser el Papa de todos.







