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La expresión shopaholic tiene al menos una década de haberse popularizado, gracias a una película de confesiones de una compradora compulsiva del 2009. (Foto: Pixabay)

SALUD

Reconoce si eres un shopaholic o adicto a las compras

Un shopaholic es una persona que se ve en la necesidad de comprar cualquier cosa, sin importar si es necesaria o no, y termina acumulando objetos, desde ropa hasta utensilios de cocina, juguetes, herramientas, etc.

Hechosdehoy / UN / Fat
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Al hablar de adicciones siempre nos viene a la mente la dependencia que generan las drogas o el alcohol. Pero en nuestra dinámica diaria hay muchas actividades a las cuales no volvemos adictos y no nos resulta fácil identificarlas. Hay quienes se vuelven adictos al móvil, al ordenador, a los videos juegos o las redes sociales. Otros por su parte, terminan siendo adictos a comer compulsivamente o al sexo.

El tiempo y el dinero que invertimos en una actividad específica, pueden darnos una primera señal para identificar un posible problema. Cuando buscamos un préstamo online, podemos buscar la mejor opción en Moneido, con el fin de destinar ese dinero a algo que no representa una necesidad básica, ni una inversión a mediano o largo plazo, quizás debamos parar y reevaluar nuestros comportamientos.

Si ese dinero conseguido a través de un préstamo o de otro producto financiero va destinado a comprar el último exprimidor de frutas para hacer jugos porque es tendencia, bonito o estaba en oferta, ignorando voluntariamente que tenemos dos o tres más en casa; es probable que ya estemos en presencia de un shopaholic (adicto a las compras). Para tener una mejor idea de lo que hablamos, un shopaholic es una persona que se ve en la necesidad de comprar cualquier cosa, solo porque puede, sin importar si es necesaria o no, y termina acumulando objetos en su casa. Desde ropa hasta utensilios de cocina, juguetes, herramientas, etc., todo resulta atractivo al momento de comprar.

El termino se popularizo gracias al cine

La expresión shopaholic tiene al menos una década de haberse popularizado, gracias a la película confesiones de una compradora compulsiva del 2009 (en inglés se llamó Confessions of a shopaholic). La misma estuvo basada en una serie de novelas de la escritora inglesa Sophie Kinsella, cuya temática gira justamente en torno a la adicción a las compras.

La película fue dirigida por P.J. Hogan, más conocido por “La boda de mi mejor amigo” y cuenta la historia de Rebecca Bloomwood, interpretada por Isla Fisher, una joven que sueña con trabajar para una famosa revista de moda, pero cuya vida está llena de deudas debido a su impulso de comprar cosas innecesarias. En torno a esta dinámica se desarrolla la trama de esta producción que si bien es ficción, no deja de ser un problema real para muchas personas.

Problema del adicto en la sociedad

Y es que, como toda adicción, las personas no son conscientes de ellas y de sus consecuencias, y aunque hay veces que llegan a reconocer el problema, no son capaces de librarse de esa dinámica que resulta dañina. En ambos casos necesitan del apoyo de familiares, amigos y especialistas, pero es común que si alguien le señala al adicto los problemas de su comportamiento, este suele sentirse atacado y tomarlo de forma negativa. Como mecanismo de defensa puede llegar a aislarse o separarse de los más cercanos, y dichos aislamientos más la necesidad de seguir comprando objetos de su deseo pero innecesarios, pueden desencadenar en cuadros de ansiedad o depresiones. Actualmente se reconocen la existencia de muchos problemas de salud mental, y si hay una situación de adicción estos conflictos se incrementan.

La adicción a las compras trae otro tipo problemas, además de los mentales o sociales ya mencionados. Al no ser capaz de definir las prioridades y necesidades, un shopaholic puede usar sus instrumentos financieros de manera incorrecta. Pierde la capacidad de reconocer si sus tarjetas cuentan con los recursos necesarios, o pide préstamos para invertir el dinero de manera errónea, llegando en muchos casos a endeudarse y todo por objetos que insistimos en ello, no son necesarios. En algunos casos incluso, se acumulan sin siquiera ser usados.

Poco apoyo en las redes y el mercado

Las redes sociales no suelen ser de ayuda para los adictos a las compras. Y no hablamos de las interacciones que se dan en ellas, que muchas veces condicionan el accionar de los usuarios. Dejando eso a un lado, sabemos que los algoritmos de las redes sociales están diseñados para mostrarnos páginas o perfiles afines a nuestros intereses. En ese sentido, un adicto a las compras puede estar constantemente expuesto a posibles productos, con las consecuencias que eso le genera debito a su patología.

De igual forma los comercios ofrecen rebajas y descuentos constantes invitándonos a consumir en todo momento. Es cierto que cada negocio tiene como prioridad generar ventas, pero para el shopaholic, estos descuentos son una tentación muy difícil de resistir. En ocasiones no le es posible aislarse de estas ofertas o productos que se le ofrecen y termina comprándolos, manteniéndose así en un ciclo muy difícil de romper si no termina por reconocer su problema y aceptando la ayuda de su entorno.

 

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