Nunca en Brasil se vivió una crisis política de tanto dramatismo por la corrupción política con masivas marchas ciudanas en 21 estados y un estallido de auténtica rebelión ciudadana. Se exige la dimisión de la presidenta, Dilma Rousseff, o su procesamiento. Incluso se plantea hasta la movilización del Ejército al ser tumbada la democracia por los escándalos de Odebrecht y Petrobras.
Para Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva -asunto destacado por Hechos de Hoy– se están desbordando todos los límites con una gran incógnita en dónde puede estar la llave de la salida de una crisis que está atenazando al país. Una crisis política que esta dañando a la economía y se extiende además sobre América Latina.
Las protestas fueron convocadas en 257 ciudades a través de las redes sociales por los movimientos populares opositores Vem Pra Rua (Ven a la Calle) y Movimiento Brasil Livre (Movimiento Brasil Libre). Hay muchas incógnitas políticas pero con la percepción clara de que Dilma Rousseff no debió de ganar las elecciones.
El rechazo contra ella es general. Pero hay dudas sobre la capacidad de respuesta del vicepresidente, Michel Temer, y de la oposición, liderada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del senador Aécio Neves. Nunca Brasil vivió un estado de súbito pesimismo. En seis meses es la tercera gran protesta social que sacude a todo este inmenso país.







