La escena política rusa detrás del campo de batalla en Ucrania. (Foto: LCI)

La escena política rusa detrás del campo de batalla en Ucrania. (Foto: LCI)

TENSIONES MILITARES

Putin, débil y enfermo, podría anexionar Bielorrusia para evitar un golpe

La plena integración de Bielorrusia en Rusia, la posible respuesta de un Putin débil y enfermo para aumentar la presión sobre Letonia, Lituania y Polonia. Crece la tensión entre el Ejército y los servicios secretos.

Hechosdehoy / José Vidal

La entrada de Finlandia y Suecia, y el cierre del mar Bático para Rusia ha sido contemplado por el Estado Mayor de Rusia como la mayor equivocación de Vladimir Putin, un líder débil y enfermo, que actúa ignorando la realidad y tomando decisiones que han sido catastróficas para las Fuerzas Armadas de Rusia en su invasión de Ucrania. Es el ejemplo calcado de los errores fatales de Hitler que le llevaron al suicidio y la destrucción de la Alemania nazi.

Según notas de bancos de inversión, y especialistas en cuestiones eslavas, Putin se equivocoó al no negociar con Joe Biden un amplio tratado de seguridad en la gigantesca frontera entre el Océano Glacial Ártico y el mar Negro.

Perdió la oportunidad de establecer una nueva relación entre Rusia y Estados Unidos y negociar un futuro de seguridad para Bielorrusia, Ucrania y Moldavia fuera de la Unión Europea y la OTAN. 

Putin fue mal aconsejado por el conjunto de servicios secretos al asegurar que la OTAN había quedado herida de muerte en el desastre de la operación de huída de Afganistán. Nunca los servicios secretos hubieran imaginado el fracaso de la toma de Ucrania en una operación relámpago. Se daba como segura la huida del presidente Volodímir Zelenski a Polonia.

La invasión de Ucrania ya es una pesadilla para el Kremlin al fracasar su flota del mar Negro, el avance sobre Kiev y el asentamiento en todos los frentes. Putin ha perdido a generales del más alto rango y ha afrontado deserciones y rebeliones en su propo Ejército. Ahora la respuesta de la Cumbre de la OTAN en Madrid es un mazazo para la reputación personal de Putin cuya influencia ha quedado en entredicho en China e India.

Especialmente los analistas de JPMorgan insisten en que se avanza en Ucrania hacia una tregua en este verano. Podría producirse una mediación directa del Grupo de los 20 (G-20) que Rusia y Ucrania aceptarían para un alto el fuuego. El Estado Mayor de Rusia considera que la llegada de nuevo armamento a Ucrania, con todo el apoyo del G-7 y la OTAN podría dar un vuelco en todos los frentes de batalla obligando a Rusia a retroceder.

En Moscú y San Petersburgo, el balance es desolador. Rusia no ha podido capturar una sola ciudad importante en Ucrania. Los jefes militares rusos han visto como los ucranianos civiles han matado a miles de sus soldados.

Rusia entró en bancarrota por primera vez desde la Revolución de 1917. En el frente de batalla, Putin ha perdido a casi una docena de sus generales más importantes. Y Finlandia, con la frontera más extensa de tierra con Rusia, ha dado el paso definitivo, junto con Suecia, para la plena integración en la OTAN.  

En la alta clase política y militar se comenzaría a vivir en Moscú una situación de conspiración no conocida hasta ahora desde los días del final de la Unión Soviética.

En Rusia, donde las Fuerzas Armadas no son la principal fuerza de poder, habría estallado un pulso entre líderes putinistas de los servicios secretos (ultranacionalistas y ultraconservadores)  y coroneles (un movimiento democrático) que buscan un golpe de Estado que ponga fin a la guerra y permita construir una nueva relación política y económica con la Unión Europea, la OTAN y Estados Unidos.

Habría estallado también un sordo forcejeo en la cúpula de la poderosa Guardia Nacional Rusa, Rosgvardiya, una entidad separada del ejército bajo el mando de Viktor Zolotov. La Guardia Nacional controla tareas de seguridad interna, desde la seguridad fronteriza hasta el contraterrorismo, en colaboración  con los servicios de inteligencia de Rusia. En estos momentos la Guardia Nacional estaría divida entre sus mandos.

A la vez hay fuerte tensión en los cuatro servicios federales de seguridad: Servicio Federal de Seguridad (FSB), Departamento Central de Inteligencia (GRU), Servicio de Inteligencia Exterior (SRV) y Servicio Federal de Protección (este último el equivalente al Servicio Secreto de Estados Unidos).

El fracaso de la operación especial en Ucrania habría alterado la relación entre las cuatro áreas de servicios secretos y el Ejército. De esta crisis profunda que se vive y desarrolla en Rusia, hay analistas que apuntan al triunfo final del Ejército y su Estado Mayor. Si esta situación se produce, se habría llegado al golpe de Estado contra Putin y todo lo que ha sido y representado desde la toma del poder en el Kremlin.

Este golpe de Estado cerraría un proceso muy complejo de coordinación entre miembros de diferentes agencias de seguridad.

La comunidad de inteligencia de Estados Unidos y los servicios secretos de Reino Unido y Francia apuntan que se estaría asistiendo a un momento parecido al del final de Boris Yeltsin y la irrupción de Vladimir Putin.

En aquel momento Putin tenía 47 años. Hoy a sus 69 años sabe que está en el umbral de su ocaso político y quizás de su incapacidad física o incluso su propia muerte, o su asesinato. Nadie descarta un magnicidio en el Kremlin.

Putin aparece hoy con su verdadera personalidad. Un revisionista, un hombre que aborrece profundamente a Occidente. Es un nacionalista radical que añora el poder ruso de Pedro el Grande (1672-1725). Esto explicaría su plan de anexión total de Bielorrusia a Rusia que aceptaría Alexander Lukashenko.

Putin no es leninista ni comunista. Ni tampoco un líder que añore el poder de la Unión Soviética aunque instauró el himno nacional que nació en la era de Stalin. Putin desprecia la economía planificada centralizada. Vivió su desastre en lo que fue la RDA, la Alemania Oriental.

Estaría jugando, apuntan analistas, su última carta. Ya sabe que no ganará la guerra de Ucrania. Desconoce quien le sucederá o traicionará. Pero quiere dejar la huella de un pensamiento autoritario y  del control de la vida de todos los rusos. Anexionar Bielorrusia aparecería por tanto como su última carta en una lucha contra el tiempo y la muerte que ya avanzan sobre él.

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