Más incertudumbre para Cataluña. Pere Aragonès, investido presidente de la Generalitat con el apoyo de su partido, ERC, y de los 32 diputados de Junts y los 9 de la CUP, 74 en total, frente al rechazo del resto de fuerzas con 61 votos en contra.
Después de tres meses desde que se celebraran las elecciones, Cataluña tiene un nuevo presidente de la Generalitat, el republicano Pere Aragonès. Investido con la suma de los votos de ERC, Junts per Cat y los radicales antisistema de la CUP. Y sobre todo, con el visto bueno de un prófugo de la justicia, el expresidete de la Geeralitat Carles Puigdemont.
El plan de Aragonès es tajante. Aspira a "hacer inevitable la autodeterminación y la amnistía" y "presidir una Generalitat republicana para culminar la independencia". Definió así todas las expectativas para Cataluña en esta legislatura.
Enorme mazazo y jarro de agua fría -una ducha escocesa en toda regla- en un momento en que los empresarios catalanes habían demandado una gestión urgente y responsable centrada en las medidas para salir de la crisis de la COVID-19.
En primer plano el temor a un escenario de empobrecimiento y fuga de la sede de muchas empresas a medida que avance el nuevo proyecto secesionista.
El acuerdo entre ERC, Junts y la CUP -urdido con sus protagonistas en la cárcel- aboga por una revuelta permanente. Un chante en toda regla al débil Gobierno de Pedro Sánchez. Atención al momento político que va a exigir, con enorme seriedad, la unión de todas las fuerzas constitucionalistas.





