Avalancha humana sobre la ciudad autónoma de Ceuta, bordeando los espigones marítimos del Tarajal y Benzú, en una crisis que pone al rojo la relación entre España y Marruecos.
En la Cadena COPE, con acierto, Luis del Val señaló que Marruecos "sólo organiza una marcha verde o una marcha azul por la playa, cuando su fino olfato le indica que el gobierno de España cojea".
De forma bien clara, el Rey Felipe VI ha cuidado y cuida la relación con Marruecos, potencia de África, y país clave para España. Mantener una buena relación, y cuidar el eje Rabat-Madrid, es de vital importancia para España y para la Unión Europea.
Los ninguneos del presidente del Gobierno Pedro Sánchez al rey de Marruecos, Mohamed VI, han acabado por abrir una brecha muy delicada en las relaciones bilaterales. Han sido cuatro crisis sucesivas:
Primero, Pedro Sánchez no consideró prioritario realizar su primer viaje a Rabat como nuevo presidente del Gobierno de España. Una equivocación y grave error. Una falta de delicadeza política de la que tomó nota el rey de Marruecos.
Segundo, Pedro Sánchez no desautorizó a su vicepresidente, Pablo Iglesias, al rechazar la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental. El líder de Podemos reivindicó desde La Moncloa el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.
Tercero, irritación de Marruecos al insistir Pablo Iglesias en asistir a la cumbre del RAN. Finalmente, el rey de Marruecos anunció que no recibiría a Pedro Sánchez en el marco de la cumbre de la Reunión de Alto Nivel (RAN).
Cuarto, y asunto más delicado y grave, la hospitalización del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, en la ciudad de Logroño. Llegó con identidad falsa y pasaporte inexacto. Se
trató de envolver su presencia en un clima de ocultismo. España pudo haber negado su entrada.
Lo sucedido en Ceuta no es una crisis migratoria. Pedro Sánchez ha abierto una crisis muy profunda con Marruecos y con el rey Mohamed VI. Es una situación muy delicada y de difícil salida.
El presidente del Gobierno debería rectificar, pedir la mediación de Felipe VI y abrir una nueva relación con Rabat admitiendo sus errores y actuando con lealtad. En juego está la frontera sur de España, la Unión Europea y la OTAN. Son las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla en el norte de África y la posición avanzada de Canarias en el Atlántico cerca de las costas saharianas.





