Si por algo se caracteriza la epilepsia es por ser una enfermedad en la que se aúnan un conjunto de trastornos neurológicos que, fundamentalmente caracterizados por la presentación de crisis convulsivas, padecen cerca de 50 millones de personas en todo el mundo.
Una enfermedad que, en hasta un 25-30% de los casos, no puede ser controlada con los fármacos actualmente disponibles, lo que impide a los pacientes llevar una vida completamente normal.Es el caso de los 273.000 españoles que, del total de cerca de 700.000 personas afectadas en nuestro país, presentan epilepsia activa, es decir, que incuso tomando medicación antiepiléptica siguen teniendo crisis.
Ahora un estudio realizado por el Centro de Excelencia en Neurociencias de la Universidad Estatal de Luisiana en Nueva Orleans (EE.UU.), en el que se muestra como una serie de fármacos experimentales son capaces de detener la progresión de la epilepsia y, así, prevenir la aparición de las crisis.
"En nuestro trabajo se observa una conservación de las espinas dendríticas y la consecuente protección frente a las crisis durante más de 100 días tras la administración del tratamiento, lo que sugiere que el proceso de desarrollo de la epilepsia ha sido detenido", comentó Nicolás Bazán, director de esta investigación.
Las personas con epilepsia, muy especialmente los niños, desarrollan problemas emocionales y del comportamiento como consecuencia del estigma y discriminación que, aún a día de hoy, padecen por parte de una población incapaz de comprender la naturaleza de la enfermedad.Una situación que interfiere de manera muy acusada con su derecho a llevar una vida normal.
Concretamente, el nuevo estudio muestra como unos fármacos experimentales bautizados como ‘compuestos LAU son eficaces a la hora prevenir las crisis y, por tanto, de evitar el daño que tiene lugar sobre las espinas dendríticas.
Un aspecto este último muy importante dado que, como consecuencia de las lesiones sufridas con cada crisis, las conexiones entre las espinas dendríticas se encuentran cada vez más deterioradas, lo que cual círculo vicioso aumenta el riesgo de presentación de nuevas crisis epilépticas.
"La mayoría de fármacos antiepilépticos actualmente disponibles tratan los síntomas de la epilepsia, esto es, las crisis, y no la enfermedad en sí. Pero como muestra nuestro estudio, los compuestos capaces de interrumpir el desarrollo del proceso pueden abrir la puerta al diseño de nuevos tratamientos dirigidos a modificar el curso de la enfermedad", explicó.
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