Contra pronóstico, como más suculentas saben las victorias. Contra todos, incluido contra su propio cuerpo. Nadal “el emocional” ganó en Australia su 21º Grand Slam. Para los no ilustrados en tenis, diremos que esta es la máxima categoría dentro de los torneos que se juegan cada año.
Sólo son 4: Roland Garros, Wimbledon y los Open de Estados Unidos y Australia. Por debajo de ellos están los torneos Master 1000 (porque esos son los puntos que suma el ganador del torneo en la lista de tenistas de la ATP). El Grand Slam puntúa 2000 en la lista de tenistas de la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) y en la cabeza está el actual nº 1: Novak Djokovic.
Nuestro Rafa Nadal, en la actualidad, está en el 5ª puesto a punto de adelantar a Tsitsipas y es el primer tenista masculino en alcanzar los 21 títulos en esta categoría y a punto de alcanzar a Steffi Graf con 22, Selena Williams con 23 y la australiana Margaret Court con 24.
A nuestro Rafa, que es de todos los españoles, le llamo el emocional porque ese mismísimo es su súper poder. Deportivamente hablando, tiene tal fortaleza mental que desgasta a sus rivales devolviendo pelotas que parecen imposibles de alcanzar. Por más esfuerzos que hacen, él siempre llega a puntos que parecen perdidos.
Se crece en la adversidad y remonta con su descomunal entereza. Su potencia mental hace que sus oponentes no encuentren su punto débil y los acaba abatiendo, primero moralmente y luego físicamente. Y también porque es emotiva la forma en que tiene de poner en pie a un país como el nuestro y a todo el mundo del tenis. Se le quiere porque es un referente para nuestros deportistas y nuestros hijos. Por eso y mucho más… te queremos Rafa, nuestro Rafa, el que nos emociona y nos pone en pie.
Chanel representará a España en Eurovisión
Siempre defenderé la teoría de que, en esta vida, no sólo hay que ser honesto sino que, además, hay que parecerlo. Empiezo diciendo que mi favorita eran la “mamas” de Rigoberta Bandini. Me pareció una apuesta original, creativa, arriesgada, disruptiva (quizás no adecuada para Eurovisión, y entiendo a los que piensen así. Pero creo que hay que premiar el talento que abra nuevos caminos porque si no, acabaríamos siempre oyendo las mismas canciones).
Pero, claro, eso es mi humilde opinión, y en este tipo de eventos, hay que aceptar lo que diga la mayoría y para eso están los jurados “independientes”. La decisión final del este, en concreto, fue que Chanel nos representará en Eurovisión y eso hay que aceptarlo. El problema es la controversia que ha suscitado esta elección en las redes sociales. La cuestión, la típica, que si tongo, que si la letra no representa a la España que queremos, que si hace publicidad de marcas, que si es una simple imitadora de mil cantantes que ya hemos visto y no hay originalidad, que la letra degrada a las mujeres y no cumple las bases de Eurovisión, etc.
Cualquier excusa es válida cuando nos cogemos el berrinche si no gana nuestro candidato. Me encantaron también Rayden y Tanxugeiras. Por cierto, si en vez de en gallego hubiera sido un grupo que canta en catalán ¿acusarían al gobierno de estar detrás de los votos de los jurados? Ahí lo dejo.
La organización corrió a cargo del Benidorm Fest. El que lo ganara, representaría a España. Y creo que, lo que si ha habido es un error de precaución que dio alas a los “protestadores” oficiales de los candidatos que no ganaron.
Recuerdo, hace años, dirigir unas galas de elección de Reina en el que teníamos sospechas de que algún diseñador intentara poner a amigos suyos en el jurado. Nuestra opción fue claramente buscar miembros que no tuvieran afinidad con ninguno de los participantes. Eso es de justicia y lo hicimos.
Que en este jurado hubiera una antigua colaboradora de una de las artistas me parece una temeridad supina. No parece honesto, aunque quizás lo sea, haber elegido a esa persona para votar, sabiendo los vínculos con una de las candidatas. Aquí no sé si fueron honestos, lo que sí sé, es que no lo parecieron.
Mayoría absoluta del presidente Antonio Costa
Me asombra que, en estos convulsos tiempos políticos, un presidente salga elegido por mayoría absoluta en un país industrializado. Ya, todas las grandes democracias europeas, tienen que gobernar con pactos entre una amalgama de partidos para poder sacar adelante las leyes y los presupuestos.
Ningún líder es lo suficientemente carismático como para arrasar en unas elecciones. Eso, o que la gente vota a los partidos sin tener en cuenta lo que ofrecen los otros a los que ven como “el enemigo”. Cada vez estamos más radicalizados en nuestras propias ideas, las únicas, las buenas, por supuesto, faltaría más. Hoy, pocos, somos los que contrastamos las informaciones y los programas electorales. Es más fácil seguir a un líder y no malgastar esfuerzos en pensar mucho. No dudar de uno mismo tiene mucho peligro.
No soy experto en política portuguesa, pero he seguido de cerca las votaciones que han revalidado el mandato de Antonio Costa con mayoría absoluta. Hoy solo se puede llegar a ello de dos maneras: o que el partido gobernante lo haya hecho tan mal que los votantes piensen que merece un castigo, o que el partido gobernante tenga a su pueblo tan contento, que quieren renovarle el contrato. Y, me da, que este ha sido el caso.
Antes gobernaba en coalición y ahora lo harán solitos en el gobierno. Yo, a eso, le llamo dictadura democrática. Podrá “imponer” las leyes que quiera sin pedirle permiso a nadie. Y eso, es una golosina demasiado rica que, esperemos, no se le atragante.








