Primera baja en el gobierno del nuevo presidente de Estados Unidos. Sólo tres semanas después de su toma de posesión en Washington, el asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, Michael Flynn, dimitió tras el escándalo producido por sus conversaciones con el Kremlin, sobre las que mintió al vicepresidente Mike Pence y a altos cargos de la Casa Blanca.
"Desafortunadamente, por el ritmo de los acontecimientos, informé inadvertidamente con información incompleta al vicepresidente Mike Pence y a otros sobre mis llamadas con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak", ha reconocido el propio Flynn en su carta de dimisión.
En esas conversaciones, que tuvieron lugar antes de la jura de Trump y que interceptó el FBI, Flynn habló de las sanciones contra el Kremlin por la presunta injerencia de Rusia en las elecciones de noviembre pasado a la Casa Blanca. Sanciones impuestas por el expresidente Barack Obama.
Flynn mintió a Pence y a otros altos cargos sobre el contenido de las llamadas al asegurarles que no había hablado con Kislyak sobre las sanciones, una mentira que llevó al vicepresidente a negar en los medios hace un mes tales contactos.
Tras aceptar su dimisión, Trump nombró al teniente general retirado Joseph Keith Kellogg como asesor de seguridad nacional interino en el lugar de Flynn.
En su carta de renuncia, Flynn defendió que las conversaciones "son una práctica habitual en cualquier transición de tal magnitud", y que tenían el fin de "facilitar una transición fluida y empezar a construir una relación necesaria entre el presidente, sus asesores y líderes extranjeros".
La polémica llevaba tiempo rodeando a Flynn, ya que incluso antes de su nombramiento, durante la campaña electoral, utilizó las redes sociales para difundir noticias falsas publicadas en portales de extrema derecha sobre presuntos delitos cometidos por la demócrata Hillary Clinton.




