El círculo se cerró. No existió una trama terrorista para estrellar el vuelo del Airbus A320 de la compañía Germanwingsen. Fue el primer objetivo de la investigación secreta en Barcelona. Los expertos de Francia y España estuvieron con el corazó en un puño ante la hipótesis de que existera el primer "lobo solitario" de la aviación comercial.
Todo cambio con la presión de que se conocieran rápidamente los secretos que guardaba una de las cajas negras. Fue el fiscal de Marsella, Brice Robin, al frente de la investigación, quien retrató lo sucedido en el macizo de Trois Évêches no como un accidente, sino un crimen. En su admirable transparencia para buscar la verdad, respondió a todas las preguntas de los familiares. Pero no pudo aportar entonces el motivo de un crimen espantoso.
Las revelaciones de la Policía de Alemania fueron aún más asombrosas pero abrieron el camino de conocer todos los entresijos de una historia desoladora de principio a fin. Andreas Lubitz había ocultado el Código SIC. Era una persona inestable, con ciclos depresivos. Lo escondió hasta el último momento para proteger su carrera. Pero anidaba a la vez una venganza. Si no podía cumplir su sueño de ser capitán, y volar de forma regular de Frankfurt a San Francisco, lo converiría en una maldición.
Las revelaciones de María W.
Una exnovia de Andreas Lubitz lo reveló al diario Bild. "Me dijo que todo el mundo recordaría su nombre"
"Andreas Lubitz me dijo que algún día iba a hacer algo que cambiaría todo el sistema y que todo el mundo conocería su nombre y lo recordaría". María W., auxiliar de vuelo de 26 años, fue una de las exnovias del copiloto que precipitó el Airbus A320 de la compañía Germanwingsen a la muerte en los Alpes franceses. Se suicidó y asesinó a toda la tripulación y todos los pasajeros. Permanecará como una de las tragedias más horrorosas en la historia de la aviación comercial.
María W. reveló que el año pasado voló durante cinco meses con Andreas Lubitz. "Si lo hizo fue porque entendía que, a causa de sus problemas de salud, su gran sueño de trabajar en Lufthansa como capitán en un avión de larga distancia era prácticamente imposible", confesó.
También explicó que se separó de Andreas Lubitz "porque se veía mas claro que tenía un problema. Durante los discusones me gritaba. Por la noche tenía pesadillas y se despertaba gritando". "Nos caemos", era su obsesión.
Compañeros de trabajo, además de pareja, sus conversaciones giraban normalmente en torno a su profersión. "Él estaba enfadado por las condiciones de trabajo, por no cobrar suficiente dinero, por el miedo a perder el contrato, el exceso de presión", reveló.
"No hablaba mucho de su enfermedad, sólo que estaba en tratamiento psiquiátrico. Fue capaz de ocultar a los demás lo que realmente le estaba sucediendo", asegura su exnovia. "Era un joven amable y abierto, alguien que necesitaba amor". dijo a Bild.
El caso sigue abierto. Marcará un hito de dolor, Pero muestra sobre todo, en durísima advertencia a la seguridad aérea y todas las compañía. de la única importancia, como primer objetivo de seguridad, del factor humano. Avanzando en protocolos cada vez más sofisticados, círcuitos que se vigilan unos a otros, y una navegación automática con una progresiva perfección tecnológica, nadie pensó que el Airbus A320 lo que necesitaba era protegerse de que un copiloto un día buscara su destrucción.
El sueño convertido en maldición. Un dolor que acompañará siempre a las familias y permanecerá en una de las míticas zonas de los Alpes franceses.
– Ver en Hechos de Hoy, Andreas Lubitz coloca a Germanwings y Lufthansa en situación comprometida.






