El ser humano es un ser social por naturaleza, por ello, no concibe la vida aislada sin la compañía de ningún compañero. Por el contrario, la soledad no elegida puede convertirse en un gran peligro para la salud. Así lo determina un nuevo estudio en el que se asegura que la soledad extrema puede aumentar en un 14% la posibilidad de sufrir una muerte prematura.
La investigación de la Universidad de Chicago de Estados Unidos muestra que el impacto de la soledad en la muerte prematura es casi tan fuerte como el impacto de la situación socioeconómica desfavorecida, aumentando las posibilidades de fallecer prematuramente hasta en un 19%.
Asimismo, otro análisis realizado en 2010 también mostró que la soledad llega a duplicar el impacto sobre la muerte temprana que la obesidad. En este caso, los investigadores observaron grandes diferencias en la tasa de deterioro de la salud física y mental a medida que iba avanzando la edad.
Uno de los expertos se encargó de examinar el papel que tenía la satisfacción con las relaciones de las personas mayores para desarrollar su capacidad de resistencia, es decir, la “capacidad de recuperarse después de la adversidad y crecer a partir de las tensiones de la vida”.
Y es que las consecuencias para la salud pueden ser realmente devastadoras ya que vivir solo y sentirse aislado puede afectar a las horas de sueño así como elevar la presión arterial, incrementar la tasa de la hormona del estrés cortisol por la mañana, alterar la expresión génica en las células inmunes y aumentar la depresión y disminuir el bienestar subjetivo general.
Asimismo, varios expertos apuntan a que las personas mayores pueden evitar dichas consecuencias solamente manteniendo el contacto con antiguos compañeros de trabajo o participando en eventos familiares. Estos buenos momentos con allegados y amigos, a la vez que llegar a sentirse conectado con otras personas podría tener la respuesta al “tratamiento”.




