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No es bueno comprobar las respuestas entre examen y examen. (Imagen de Sum2000 en Pixabay)

INTERESANTES CONSEJOS

Llega la EBAU: lo que debes y no debes hacer para controlar los nervios

Superar esta prueba de acceso a la universidad no garantiza conseguir la nota de corte para cursar el grado deseado. Y los nervios o la ansiedad pueden ser malos aliados. Algunos consejos: responder primero las preguntas que se saben, no comprobar las respuestas entre examen y examen, hacer deporte o meditar.

Hechosdehoy / UOC / A. K.
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Alrededor de 250.000 alumnos se presentan cada año a la EBAU*, donde afrontan al menos cuatro exámenes de 90 minutos cada uno. Más del 96% aprueban, según los últimos datos del Ministerio. Pero superar esta prueba de acceso a la universidad no garantiza conseguir la nota de corte para cursar el grado deseado. Y los nervios o la ansiedad pueden ser malos aliados.

“La emocionalidad que nos despierta la EBAU es muy específica. Sabemos el impacto que tiene fallar, hay autoexigencia, expectativas propias y ajenas, presión social, ilusiones que dependerán del resultado que saquemos”, señala Mireia Cabero, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Añade que a todo lo anterior se suma que hay una creencia errónea de que la vida académica y profesional quedará determinada por lo que pase en estas pruebas. “Cuando una experiencia reúne tanta carga vital en una edad donde la madurez emocional aún no ha podido desarrollarse, el cerebro vive con mucha intensidad las emociones. Como no es fácil gestionarlas, y menos a determinadas edades, cuesta que esta intensidad se reduzca fácilmente”, indica.

Según Cabero, una emoción con alta intensidad sin estar bien gestionada es una bomba de relojería, “en cualquier momento explota y nos juega malas pasadas”. Y, en opinión de Montserrat Lacalle, también profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, lo más probable es que no sean solo nervios. Cuando un alumno se siente nervioso y no rinde en el examen, se queda en blanco o no es capaz de responder de la mejor manera, “seguramente lo que le está pasando es que ya está en el rango de la ansiedad. Tenemos que ser capaces de diferenciar lo que serían los nervios y la inquietud o una preocupación sana por el rendimiento en ese examen de lo que es la ansiedad, donde el rendimiento se puede ver dificultado”.

* En Asturias, Canarias, Cantabria, Castilla y León, Extremadura, La Rioja y Murcia se llama EBAU, en Aragón, Castilla La Mancha, Madrid o Navarra se denomina EVAU (Evaluación para el Acceso a la Universidad).

Qué hacer

¿Cómo combatir ese estado emocional y afrontar la prueba de la mejor manera posible? Comentar con los amigos y compañeros cómo se encuentra uno es una opción. “La mirada y el soporte ajeno nos hacen sentir acompañados, apoyados, nos ayudan a relativizar, a ver nuestro potencial, y podemos conseguir pensar de una forma más positiva, confiada y esperanzada respecto a los exámenes”, afirma Mireia Cabero.

Sin embargo, todo depende del interlocutor. Como explica Montserrat Lacalle, también puede ser contraproducente “si la persona que tenemos delante es una persona que funciona irracionalmente, que está ubicada en la ansiedad, en la exigencia, en darle una extrema importancia al resultado de la prueba”. En esos casos, es probable que se dé una retroalimentación. Por eso no siempre es beneficioso.

 Técnicas para relajarse

La clave para combatir ese estado emocional, tanto en los días previos como en el día del examen, es “focalizarse en cambiar nuestro pensamiento”, afirma Lacalle. “Muchas veces lo que ocurre es que los alumnos se están exigiendo aprobar, les aparecen pensamientos como ‘no puedo suspender’ o exigencias absolutistas e irracionales ante el examen, y muchos de ellos se condenan en su pensamiento si no consiguen buena nota y empiezan a pensar que, si no son capaces, su valor individual se verá comprometido con pensamientos como ‘no sirvo'”, continúa.

Su recomendación es intentar afrontar el examen con la importancia que tiene, “que evidentemente la tiene, pero de alguna manera hay que poder relativizar un poco esa importancia y las consecuencias”. Por el contrario, si se afronta como algo extraordinariamente importante, que va a marcar el futuro y cuyas repercusiones posteriores van a ser muy graves, es muy probable que el sistema nervioso responda con ansiedad, dificultando el rendimiento.

Además, Mireia Cabero aconseja buenos hábitos emocionales como la relajación física, la respiración profunda, confiar y tener seguridad en uno mismo, fomentar pensamientos ajustados a la realidad, relativizar los exámenes eliminando la creencia de que este examen determinará la vida, perderle el miedo a fallar, visualizarse haciendo el examen tranquilos y seguros, hacer deporte para destensar el cuerpo y meditar para ayudar a vivir con mayor conciencia y distancia emocional los exámenes.

 Qué no se debe hacer durante los exámenes

Además de estas técnicas para que los nervios no jueguen malas pasadas, Sylvie Pérez, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, recomienda evitar estas conductas durante los exámenes de la EBAU:

  • Contestar las preguntas en el orden en que aparecen en el examen. Durante el examen, se recomienda hacer una primera lectura de las preguntas y, después, volver a hacer una segunda lectura “y empezar por las preguntas que tengo la seguridad de saber. Después ya iremos a los conocimientos que tenemos más flojos. Es la mejor manera de ir administrando el tiempo”, recomienda.
  • Ponerse nervioso si hay un bloqueo. En caso de que haya un bloqueo y al alumno no le venga nada a la cabeza, el consejo es parar. “Ponernos nerviosos lo único que hace es incrementar aún más el bloqueo. Hay que esperar un tiempo, pensar que cuanto más vayamos dándole vueltas, más nos iremos bloqueando, e intentar pensar en otra cosa que nos ayude a desconectar. Después, volver a intentar empezar el examen y dejar que vengan pequeñas ideas, aunque no sean exactamente las que nos están preguntando, para ir recuperando poco a poco el recuerdo”, sostiene Sylvie Pérez.
  • Comprobar las respuestas entre examen y examen. Después de cada examen, los expertos aconsejan apartar la materia para prepararse mentalmente para el siguiente. “Es difícil de cumplir, pero no es conveniente ir a mirar enseguida si he acertado o no ni ir comparando con los demás, porque el examen ya está hecho. Si acaso, ya revisaremos cuando haya acabado todo, porque es una carrera de fondo, aunque parezca que sea un sprint“, recuerda la profesora de la UOC. “Son tres días, y hay muchas pequeñas pruebas que superar. Un corredor de obstáculos, cuando pasa un obstáculo, solo se centra en el siguiente, porque no puede mirar atrás a ver si el obstáculo ha caído o sigue de pie”.
  • Seguir estudiando durante la selectividad. Aprovechar los días de los exámenes para seguir estudiando y ampliando conocimientos tampoco es buena idea, en opinión de los expertos. “Sí podemos repasar un poco si queremos, pero sobre todo debemos permitirnos momentos de tranquilidad para descansar el cerebro y el cuerpo para que fluyan mejor los recuerdos”, explica Sylvie Pérez.

¿Cómo pueden ayudar los padres?

En cuanto al papel que pueden ejercer los padres para ayudar, es beneficioso que expliquen a sus hijos que el éxito en parte está en el proceso y no tanto en el resultado, “porque, además, en ese resultado puede haber variables que no dependan del alumno, sino de si el examen es más o menos difícil o de circunstancias que están fuera de su control”, recuerda Montserrat Lacalle. También aconseja que muestren apoyo incondicional y les ayuden a relativizar el valor de la prueba. “Es algo importante, pero si no va bien, sigue habiendo opciones”, afirma.

Por su parte, Mireia Cabero recomienda que el papel de los padres se centre en reforzar la preparación de los exámenes con buenos hábitos y horarios, ayudar a que cuiden su descanso y una buena alimentación, transmitirles confianza y seguridad interior, además de evitar amenazas como ‘como suspendas…’, aceptar las dificultades con las que nuestro hijo se encuentra, no sumar presión ni tensión a la que ya siente esas semanas, explicarles experiencias propias de aciertos y errores en los exámenes para descargar exigencia, practicar en casa juntos herramientas de relajación como yoga, meditación o respiración profunda y facilitar momentos de distensión familiar, de risas, de desconexión de los exámenes”.

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