Las críticas y las presiones arrecian contra el presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien finalmente habló casi cuatro días después del derribo del avión de Malaysia Airlines cerca de la frontera entre Ucrania y Rusia. Putin prometió que Moscú hará todo lo que esté en su mano para que el conflicto armado en el este de Ucrania se resuelva por la vía pacífica pero negó cualquier responsabilidad en el derribo del avión mediante un misil tierra aire.
El domingo, desde el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam, los familiares de las víctimas holandesas le pedían al presidente ruso llorando, mostrando las fotos de sus seres queridos, que les devuelvan los cadáveres de sus hijos, nietos, maridos o padres. Ahora Putin promete su "colaboración" en la repatriación de las víctimas, la investigación de los hechos y también en el traspaso de las cajas negras, ahora en manos de los rebeldes, a los investigadores internacionales.
"Rusia hará todo lo que de ella dependa para que el conflicto en Ucrania pase de su actual fase militar a una fase de debate en una mesa de negociaciones con medios pacíficos y diplomáticos", afirmó Putin este lunes. Poco después de conocerse estas declaraciones se registraron varias explosiones potentes en el centro de Donetsk, el principal centro de los separatistas prorrusos, y que se encuentra a unos 60 kilómetros del lugar en el que cayó el vuelo MH17.
En un vídeo publicado en la web del Kremlin con motivo del derribo del Boeing 777, Putin dijo que "en más de una ocasión hemos llamado a las partes beligerantes a poner fin de inmediato al derramamiento de sangre y a sentarse a la mesa de negociaciones". Putin añadió que "si el 28 de junio no se hubiesen reanudado las acciones militares en el este de Ucrania, esta tragedia no se hubiera producido". Y alertó que "nadie debe ni tiene derecho a aprovechar esta tragedia para lograr objetivos políticos egoístas".
El presidente ruso calificó lo ocurrido de "horrible y trágico", y dijo que este tipo de acontecimientos "no deben dividir a la gente, sino unirla". Putin destacó la necesidad de crear condiciones de seguridad para los expertos internacionales que investigarán sobre el terreno el siniestro de la aeronave.
Los enviados de la OSCE se encuentran este lunes inspeccionando el tren supuestamente refrigerado estacionado a pleno sol en la localidad de Torez, en el que se encuentran los restos mortales de las víctimas. Al abrir el tren, el horror ha vuelto a golpear a todos. El tren no ha estado durante estos días suficientemente refrigerado y el olor es nauseabundo.
Para el primer ministro de Australia, Tony Abbott, Putin "dijo lo correcto y ahora necesitamos que sea tan bueno como sus palabras". En el avión derribado viajaban 27 australianos. "Queda mucho camino hasta que alguien pueda estar satisfecho por la manera en la que se está tratando el lugar. Es más parecido a una limpieza de jardín que a una investigación forense. Esto es inaceptable", afirmó Abbott.
Para el secretario de Estado John Kerry, este es "el momento de la verdad para Putin" y añadió que Rusia debe de convertirse en "parte de la solución y dejar de ser parte del problema". El primer ministro holandés Mark Rutte exigió en un tono muy agrio que Putin debe de demostrar a los Países Bajos y al mundo que hace lo que se espera de el: ejercer su influencia". El ministro de Exteriores británico, Philip Hammond, aseguró en la BBC, dirigiéndose a Putin, que "si sigue permitiendo que se trasladen armas al otro lado de la frontera (de Rusia a Ucrania), si sigue apoyando a los rebeldes, definitivamente se tomarán medidas drásticas y de largo alcance para la economía rusa".




