Dolor, y una gran emoción, del presidente de Telefónica, César Alierta, en el funeral de su esposa, Ana Cristina Placer, fallecida el domingo en la Clínica Quirón de Madrid.
Ana Cristina fue una mujer ejemplar. Muy unida a la trayectoria profesional de su marido, volcada en las nuevas tecnologías, y en la experiencia de compartir experiencias, opiniones y enfoques en las redes sociales. Como explicó Hechos de Hoy, la grave enfermedad de Ana Cristina -cáncer de pulmón- cambió los últimos años de un matrimonio muy unido y sin hijos.
Con una intensa agenda de trabajo, volcado en la primera multinacional española, y presidente del Consejo Empresarial para la Competitividad, César Alierta vivió con discreción, pero intensidad, la lucha valiente de su mujer ante la adversidad. Sabiendo que se agarró con decisión a la vida y mantuvo su espíritu optimista hasta el último momento.
Ante personalidades del mundo de la empresa y la política, y estrechos amigos, César Alierta trazó en el funeral en Zaragoza el espíritu y la amplia personalidad de su esposa. Lo hizo con coraje pese al desgarramiento de esta muerte, que sin duda le golpea de forma profunda.
En sus palabras, cuidadas, y elegidas con elegancia y delicadeza, recogió la sentencia de Antoine-Laurent de Lavoisier -el notable químico, biólogo y economista francés del siglo XVIII, considerado el creador de la química moderna-. "La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma", dijo César Alierta con belleza de Ana Cristina Placer, desnudando sus sentimientos y mostrando el profundo amor que sentía hacia su esposa.
Mariano Rajoy, que valora muy sinceramente a César Alierta -en el plano político y económico y también en su dimensión personal- envió en representación suya a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. En la iglesia de Santiago de Zaragoza, presencia de las presidentas de Aragón y de Navarra, Luisa Fernanda Rudi y Yolanda Barcina; y del alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch.




