La ciberestafa emocional utiliza la técnica psicológica del bombardeo de amor (love bombing) para manipular emocionalmente a la víctima y crear un vínculo muy intenso en el menor tiempo posible, con el objetivo de conseguir dinero o algún otro tipo de beneficio. A este potente mecanismo de seducción psicológica se le suma la irrupción de la inteligencia artificial generativa (IAG).
Es preciso analizar este tipo de estafas desde el derecho (para evaluar la respuesta que el sistema de justicia penal da a este delito), la psicología (para entender los mecanismos psicológicos que hacen que el engaño pueda producirse) y la criminología (para evaluar el modus operandi y los factores de riesgo, y trabajar en la prevención).
Una estrategia perversa que anula a las víctimas
La profesora de criminología de la UOC y directora del máster universitario de Ciberdelincuencia, Patricia Hernández, explica que el bombardeo de amor anula la capacidad de autoprotección de las víctimas. Esto supone un reto para abordar dicha ciberestafa.
“Las personas confunden la intensidad con un interés amoroso real; entran en una telaraña de dependencia emocional, de la cual después es muy difícil salir”. La profesora de la UOC destaca que se despliega “una estrategia perversa para que la manipulación llegue al cerebro y anule a la víctima cognitivamente. Se juega con la bioquímica cerebral y, una vez se entra en esta adicción a la adrenalina y las hormonas del placer, cuesta mucho desengancharse”.
Un chatbot genera perfiles e historias convincentes en cuestión de segundos
Sobre la irrupción de la IAG en este tipo de ciberestafa, la experta advierte de que un chatbot puede generar perfiles e historias convincentes en cuestión de segundos. Los criminales dedican este tiempo a llegar a muchas más víctimas, por lo que hay una escalada de expansión del fenómeno.
“La IA va mucho más rápido de lo que el ser humano puede integrar, y esto hace que el efecto y el alcance de este tipo de estafas puedan llegar a ser exponenciales”.
El peligro de revictimizar a las víctimas
A escala judicial, se trata de una ciberestafa que no es nada fácil de abordar. De hecho, en la mayoría de los casos, incluso se archiva o entra en vía muerta. “La víctima se siente avergonzada y muy herida en su autoestima. A menudo, la opción es esconder la herida y no denunciar para no sentirse juzgada por la sociedad y por el propio sistema de justicia”, apunta Hernández, quien avisa de que “el sistema judicial las revictimiza”.
“Como el dinero se entrega ‘voluntariamente’, es difícil demostrar el engaño judicialmente, por lo que hay que interpretarlo desde un punto de vista más amplio”, explica. Por este motivo, la experta considera que es necesario que la sociedad sea más “compasiva” con las víctimas de un tipo de estafa al que todos podemos estar expuestos en algún momento de la vida.





