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OPERACIÓN CANDY

La detención del pederasta de Ciudad Lineal y las golosinas como instrumento para adormecer

La Policía atribuye a Antonio Ángel Ortiz Martínez el secuestro y violación de cinco niñas y de otras tres en grado de tentativa; todas sus víctimas son menores entre 5 a 11 años.

Hechosdehoy / UN / A. Vázquez
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A última hora del miércoles, Antonio Ángel Ortiz Martínez, de 42 años, se encontraba en un calabozo de la Jefatura de Policía de Madrid a la espera de prestar declaración. "El enemigo público número uno”, según lo definió la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, fue arrestado a las 7.37 horas del miércoles en una casa de Santander, como ya informó Hechos de Hoy.

El pederasta planificada sus abusos metiendo Orfidal en las golosinas con las que terminaba drogando a las víctimas. Así lograba engañarlas para que se tomasen el lorazepam que permitía que perdieran la consciencia y que luego no recordasen lo que había ocurrido.

Según el informe policial, "aprovechaba el uso de narcóticos sedantes con principios activos como el Lorazepam para anular la voluntad de las menores y perjudicar su recuerdo. Las consecuencias de tomar este psicofármaco, que se utiliza para tratar estados de ansiedad y siempre bajo prescripción médica, son sobre todo la sedación".

Asimismo, hay que tener en cuenta que una sobredosis de este fármaco fue la que provocó la muerte de Asunta Basterra. Las autoridades aseguraron que el pederasta narcotizó a las víctimas para cometer los abusos en un domicilio de la calle de Santa Virgilia, del barrio de Hortaleza.

A una de ellas, estuvo a punto de costarle la vida ya que le dio a tomar más de seis comprimidos, una dosis que prácticamente es letal para una niña de seis años. Por ello, además de los delitos sexuales se le acusan dos delitos contra la salud pública y de otros dos de tentativa de homicidio.

Culturista y meticuloso

Tras seis meses de investigaciones donde se incluyeron miles de coches, miles de llamadas telefónicas, miles de horas de grabaciones, miles de recetas médicas e, incluso, miles de ascensores. La Policía tuvo incluso que pedir ayuda al FBI para conseguir dar con el sospechoso.

La apodada Operación Candy, permitió la detención del pederasta de Ciudad Lineal. "Podemos asegurar que las dificultades de la investigación no tienen precedentes en España", comentó el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz.

El 10 de abril actuó e intentó secuestrar a una niña sin éxito. Lo logró por la tarde ya que raptó a una menor española de ocho años. Cuando la soltó horas después, ya de madrugada, la pequeña pudo contar a la Policía que su agresor la tumbó en la parte posterior del coche y se fijó en un número de cuatro cifras en la ventanilla posterior.

Los investigadores descubrieron que se trataba de un código de homologación que revela el grosor del cristal, una marca que solo lleva Toyota. La menor también se pudo fijar en una mancha en la cara del agresor, una especie de verruga, y el ascensor de piso donde abusó de ella, con un panel y unos colores determinados.

Sin embargo, fue el 17 de junio cuando secuestró a una menor de seis años, de nacionalidad china. Aunque la pequeña prácticamente no aportó pruebas, lo cierto es que cuando la soltó horas después todavía tenía un pelo mojado del pederasta en la ropa. La había bañado en un domicilio cercano, de eso no había dudas.

Errores que llevaron a la detención

Su último secuestro, cometido el 22 de agosto, fue clave para dar con él ya que los nervios le volvieron descuidado e impulsivo. Ya que días antes, concretamente el 8 de agosto intentó secuestrar a una menor dominicana sin éxito que le oyó hablar por teléfono mientras aseguraba que habías alido del gimnasio para actuar.

Abusó de ella en el coche y la abandonó en un descampado. Ese detalle sirvió para cruzar las llamadas que se produjeron en la franja horaria del secuestro, así como en la zona y el vehículo. No fue el único que error que cometió ya que tras subir a la niña al coche, paró en una tienda a comprar una pomada, donde dejó la huella posteriormente.

La cámara de un banco cercano pudo retratar parte del vehículo, aunque no vieron la matrícula. Además, la menor dominicana, igual que hizo la menor española secuestrada en abril, habló de la verruga en la cara. La Policía, tras muchas investigaciones, dio con él hace unas semanas.

Para comprobar lo de la verruga, las autoridades montaron un falso control de alcoholemia. Sin embargo, el sospechó que podían cogerle y a los pocos días abandonó Madrid para irse a Santander a casa de su tío Nacho y Gladys. Apenas salía, como mucho para fumar en la acera o ir a un bar cercano, sin embargo, la Policía ya le observaba.

Se le atribuyen cinco secuestros de menores y tres tentativas. La Policía no ha ofrecido más detalles sobre estas actuaciones ya que, en al menos uno de los casos, la menor no contó lo sucedido a sus padres. Hasta ahora solo habían trascendido cuatro raptos y un intento: un secuestro ocurrido en noviembre de 2013; otro el 10 de abril de este año, cuando secuestró a una niña española de nueve años.

Los demás son: otro el 17 de junio, con el rapto de una menor china de cinco años. El 22 de agosto perpetró su último secuestro, el de una niña española de origen dominicano y 11 años de edad. El mismo 10 de abril intentó secuestrar una niña japonesa. Los otros dos intentos datan del 17 de junio en Moratalaz y el 22 de agosto en Coslada.

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