Rápido movimiento del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy. Convocó a los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea en Bruselas para analizar los resultado de las elecciones europeas y determinar el proceso de formación de la nueva Comisión Europea (CE). Parlamento Europeo y Unión Europea en el debate total en una Bruselas en estado de schock.
Jean-Claude Juncker y Martin Shultz en la parrilla de salida de unos comicios en los que resultó vencedor el Partido Popular Europeo (PPE) pero con corta victoria como apuntaron las encuestas. Los sondeos sin embargo no auguraron una caída con fuerza del bipartidismo y el crecimiento de los grupos antieuropeístas y euroescépticos, tanto de derechas como de izquierdas.
La sucesión por tanto del actual presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, va ser compleja porque se impone el análisis del nuevo panorama político europeo. Van Rompuy precisó que "será muy pronto para decidir sobre nombres". "Hablaremos del proceso que lleve al Consejo Europeo a proponer un candidato a la futura presidencia de la Comisión para que lo vote el Parlamento Europeo", adelantó.
El nuevo escenario
Unos 200 millones de ciudadanos europeos votaron el pasado domingo el nuevo Parlamento Europeo y dieron un varapalo durísimo al bipartidismo. No sólo sucedió en España, como informó Hechos de Hoy, sino sacudió a Bruselas en estado de desconcierto y preocupación. De las urnas ha salido un fortalecimiento de los partidos radicales. Hasta 140 de los 751 escaños podrían quedar en manos de partidos que exigen la salida del Euro y se declaran contrarios a la Unión Europea.
Las elecciones en los 28 Estados de la Unión han otorgado mucho poder a los partidos antieuropeístas y radicales tanto de la derecha como de la izquierda. Desde Podemos en España al líder del UKIP británico Nigel Farage, a la extrema derecha del Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, el holandés Geert Wilders o el líder radical izquierdista Alexis Tsipras en Grecia, todos juntos podrían llegar a paralizar o al menos a ralentizar las decisiones del Parlamento Europeo.
Un escenario que preocupa a Angela Merkel sería la formación de una fracción en la que se unan desde el Frente Nacional francés de Le Pen (24,9%), el UKIP británico 27,5%, el FPÖ austriaco (20,5%) y el PVV holandés (12,2%).
Un mínimo de 25 delegados de al menos siete Estados de la Unión podrían unirse. Esto les proporcionaría más subvenciones de la Unión e influencia en el Parlamento, pero es poco probable ya que los partidos de extrema derecha de los diferentes países europeos se llevan muy mal entre sí. Marien Le Pen podría, por ejemplo, cooperar con el holandés Wilders, pero el británico Farage no quiere ni oír hablar de unirse a la francesa.
Marie Le Pen proclama que el Euro es la causa de la crisis económica y exige la abolición de la moneda única. En Gran Bretaña, Nigel Farage, líder del United Kingdom Independence Party (UKIP) rozó el 30% de los votos asegurando en el final de campaña que luchará por la salida de Gran Bretaña de la UE. En Holanda, el partido antieuropeista de Wilders retrocedió, pero sigue siendo el tercer partido de Holanda e insiste en poner freno a la inmigración y en prohibir el Corán.
El partido populista de derechas austriaco FPÖ logró un 20,5%, en Dinamarca ganó la derecha xenófoba del Partido Popular Danés con un 23,2%; Polonia enviará al Parlamento a cuatro miembros de la Nueva Derecha y en Hungría, el partido de extrema derecha Jobbik logró un 14,7%.
Europa ha votado y los resultados han sido revolucionarios. Probablemente el nuevo poder de los partidos radicales al final no armen tanto ruido como podría parecer como consecuencia de una primera lectura. Pero lo que sí es cierto es que estos resultados sí que serán muy importantes en cada uno de los países de la UE y pondrán bajo gran presión a los gobiernos desde España y Francia a Gran Bretaña o Grecia.




