Impresionante regreso del papa Francisco a América Latina. Con su gastada cartera negra y sus gruesos zapatos, mostró nada más aterrizar en Ecuador que se encuentra en el momento de mayor madurez de su pontificado (ver en Hechos de Hoy, Francisco, entre Copa América y Alexis Tsipras al viajar a Ecuador).
Su fuerza es ahora arrolladora. Desde que llegó a Ecuador quedó desbordado por las emociones que suscita. Francisco comenzó esta gira americana, después de su primer viaje a Brasil, con la perspectiva de una mirada global.
En Europa, miró al este con sus visitas a Albania y Bosnia-Herzegovina. Ha estado siguiendo con extrema atención la situación en Grecia. Fue su último mensaje, por la dignidad, antes de este viaje.
En Oriente Medio, tiene una percepción muy exacta de los problemas y acuciantes desafíos tras sus visitas a Jordania, Palestina, Israel y Turquía. El sufrimiento de los cristianos y la persecución brutal de la guerrilla suní radical, ISIS, Estado Islámico de Irak y el Levante, le ha llenado de dolor.
En Asia, con su alma de misionero, quedó impresionado en sus viajes a Corea del Sur, Sri Lanka y Filipinas. Visitar la República Popular China es su sueño, que se mantiene con toda su fuerza. Filipinas le tocó al corazón. Intuye que su sucesor vendrá de Asia. Admira, y no lo oculta, al cadenal y arzobispo de Manila, Luis Antonio Tagle, que es además en la actualidad el presidente de Cáritas Internationalis.
El Papa llegó por último a América con el mensaje profundo de su encíclica ecológica, Laudato si (Alabado seas). Ahora es cuando la personalidad de Francisco se proyecta en toda su intensidad, antes además de su visitas a Cuba y Estados Unidos que estarán cargadas de trascendencia.




