Jornada histórica del 17 de julo cerrando el ciclo del 28M con la toma de posesión del voto municipal.
Al costado, en los hechos de hoy, queda la constitución de los gobiernos en las elecciones autonómicas, con la única excepción de Comunidad Valenciana donde se cerró un acuerdo entre el Partido Popular y Vox.
Sin duda Comunidad Valenciana representaba y representa un escenario de extrema importancia política. Carlos Mazón actuó con extrema celeridad. En un golpe de mano cerró un auerdo con Vox entregando la presidencia de las Cortes pero reservando en principio el control total de su gobierno (presidente y vicepresidente) y sólo algunas carteras no decisivas para Vox.
Carlos Mazón actuó de buena fe pero Vox no.
Y de una vez por todas, debe quedar claro para los medios que no se puede hablar de “derechas” porque es una realidad política que no existe.
El Partido Popular es un partide democristiano, derecha moderada, conservador y liberal. Pertenece a la gran familia democristiana de Europa, el Partido Popular Europeo, en el que militó Angela Merkel hasta su jubilación y retirada política, y milita hoy la presidenta de la Comisión Europea, Ursua von der Leyen.
Vox es un partido de ultraderecha o derecha dura y radical que añade en sus señas de identidad un discuso de odio.
De una vez por todas ante las nuevas provocaciones de Vox con su programa, Alberto Núñez Feijóo, zanjó las discusiones:
“La violencia de género existe y cada asesinato de una mujer nos conmociona como sociedad. Desde el Partido Popular no daremos ni un paso atrás en la lucha contra esta lacra. No vamos a renunciar a nuestros principios, cueste lo que nos cueste”, la declaración de Feijóo.
En manos de Carlos Mazón queda ahora enderar una situación delicada -que tiene ya el agravante del gobierno de Castilla y León– y que sólo han manejado con total solvencia Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida respondiendo con mayorías absolutas y la reunificación del voto a las provocaciones de Santiago Abascal. Porque no hay que olvidar que Vox nació como escisión del Partido Popular derivando en un partido radical, negacionista, machista y antieuropeo.
Ante el acierto y error en Comunidad Valenciana, Feijóo ha recuperado la gestión de pactos bien precisos y de calado político.
En la jornada del sábado 17 concedió al PSOE gobernar Barcelona y Vitoria y compensó sus pactos con Vox.
Colocó de nuevo al Partido Popular en la vía del centro político. Entregó a Collboni el Ayuntamiento de Barcelona y repartió poder a izquierda y derecha. Se ha colocado ante el 23J en una posición de fuerza: con el control del 61% de las grandes ciudades, más del doble que los socialistas
Especialmente Feijóo recuperó el relato de la centralidad tras protagonizar un giro sin precedentes en Barcelona. A menos de una hora para que arrancase el pleno de investidura, los Comunes dieron la sorpresa y anunciaron que votarían a favor del candidato del PSC, Jaume Collboni. Aparentemente toda la presión estaba sobre los hombros del Partido Popular.
Habían anticipado que estaban dispuestos a facilitar un gobierno de Xavier Trias si los socialistas no le daban garantías de que mantendrían a Ada Colau fuera de su equipo.
Finalmente el giro de los Comunes llevó al Partido Popular a poner sus votos en la cesta del PSC. Ha sido una decisión de alta trascendencia. Permite a Feijóo romper el marco del aislamiento con Vox y rescatar la imagen de político templado. El hombre de Estado que quiere llegar a La Moncloa mirando a derecha e izquierda.
Por eso eligió la pequeña población de Celadas porque busca la cohesión total de España. Atender en profundidad todas las necesidades del mundo rural -el equivocado concepto de la España vaciada porque es ahí donde hay emprendedores valiosos y grandes iniciativas que se deben apoyar-.
De nuevo Feijóo insiste. Busca la fidelidad del voto del PP, entrar en todo el espacio de Ciudadanos, reunificar el voto en las pequeñas provincias, entrar en profundidad en los caladeros del voto del PSOE. Y llamar con insistencia a los votantes moderados de Vox a que abandonen el radicalismo y den su confianza al PP.
Para ello Feijóo ha demostrado que ha actuado con sagacidad en Andalucía, Cataluña y País Vasco en un recorrido cuyo destino final es llegar a La Moncloa el 23J.





