Días trepidantes en Buenos Aires con el terremoto político en Brasilia que hizo caer a Dilma Rousseff y el paso final en la causa del llamado venta de dólar futuro que ha supuesto los procesamientos de la expresidenta, Cristina Fernández de Kirchner; el exministro de Economía, Axel Kicillof; y el expresidente del Banco Central, Alejandro Vanoli (ver en Hechos de Hoy, Michel Temer, un equipo liberal tras ser apartada Dilma Rousseff).
Finalmente el juez federal Claudio Bonadío ha tomado decisiones de primer orden.
Decidió procesar a la expresidenta por estafar a su propio país. No se trata de los casos de corrupción que rodean a los Kirchner. Bonadio abrió esta vez en canal la operación de venta de dólares antes del final del mandato de Cristina.
Para Mauricio Macri todo lo que rodea a la expresidenta es asunto cuidadoso. El criterio, acertado, de la Casa Rosada, es el de evitar que Cristina se convierta en mártir en la cárcel. Fue derrotada en las presidenciales, está en minoría en el magma del peronismo, pero tiene una enorme capacidad de reacción. Y la simpatía, y eso no se puede ocultar, de Francisco que, sin ser personista tampoco es macrista ni ultraliberal, observando con cierta ansiedad lo que pasa en su querida Argentina y su amado Buenos Aires, metrópoli y provincia.
El caso de la venta de dólares es complejo y a la vez sencillo de explicar. Claudio Bonadio ha sido infllexible sobre todo en el duro embargo de un millón de dólares (15 millones de pesos).
Ha acusado a la expresidenta de haber perjudicado de forma deliberada al Estado, de estafar a su propio país, al vender dólares a un precio inferior al de mercado con la intención de mantener artificialmente bajo el dólar. Se trataba de beneficiar la campaña de su candidato, el peronista Daniel Scioli. Para Cristina, su retirada política se convirtió en rosario de causas que se abren con jueces indagando. Su peor pesadilla comenzó.




